“Arlt es la piedrita en el zapato; es aquel que no podemos clasificar y que tiene una literatura que nos interpela de una manera que nunca pierde actualidad”. Con esa definición, la investigadora y curadora Sylvia Saítta abrió el recorrido de la muestra El juguete rabioso: 100 años, que ocupa las salas 2 y 3 del Centro Cultural Recoleta.
La inauguración estuvo lejos de limitarse a una conmemoración académica. En palabras de Saítta, se trató de celebrar un nacimiento antes que una muerte, “una extraña tradición argentina”.
El evento estuvo marcado por la visión de Maximiliano Tomas, director del Recoleta, quien subrayó el compromiso del centro con la palabra escrita. Tomás, editor y periodista, explicó que desde el comienzo de su gestión buscó fortalecer el perfil literario de un espacio históricamente asociado a las artes visuales. Para el director, convertir estas salas en un espacio de trabajo y deambulación dedicado a libros capitales es un hito que se corona con la presencia de Saítta, a quien calificó como un lujo para la institución.
Ese “destino literario” se manifestó de forma conmovedora minutos antes de la presentación, cuando una mujer se acercó a Saítta entre lágrimas para presentarle a su hijo, llamado Cipriano en homenaje a la obra de Arlt (personaje presente en La isla desierta y Las fieras). La escena resume algo que Silvia viene observando desde hace años: Arlt dejó de ser un autor reservado a la academia para convertirse en una figura que sigue despertando identificaciones y afectos.
Recorrida por la muestra “El juguete Rabioso” curada Sylvia Saitta y Juan Maisonnave en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Santi Garcia Díaz.El secreto de Arlt
Para entender la pasión de Saítta por este “hombre de su vida”, como ella misma lo define, hay que retroceder a los años 80. Sylvia era entonces una joven de 22 años “Fui la primera universitaria de mi familia”, cuenta más tarde, ya terminada la recorrida, durante la conversación con Clarín. Educada por una madre que la formó en el ámbito de lo español, llegó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA sin saber nada de literatura argentina.
Fue en ese contexto donde escuchó a Beatriz Sarlo dar clases tras el regreso de la democracia. “Acá me quedo”, se dijo. Cuando llegó el momento de elegir un tema de investigación, quiso trabajar sobre Arlt, pero temía que fuera un autor “muy transitado”. La respuesta de Sarlo fue un mandato que cambió su vida: “Vos hacés Arlt desde el mundo”.
Sarlo no se refería a una mirada cosmopolita, sino a algo mucho más concreto: investigar la labor de Arlt en el diario El Mundo. En la era pre-computadora, Saítta se sumergió en la hemeroteca nacional, cargando con un grabador para registrar sus propias lecturas porque no se podían sacar fotocopias.
Allí, en un tomo de 1937 que alguien había dejado olvidado sobre una mesa, descubrió el gran secreto: Arlt no había dejado de escribir en 1933, como aseguraba la biografía oficial de la época, sino que había publicado notas hasta el día posterior a su muerte en 1942. Aquel hallazgo, realizado por una estudiante de veintitantos años, dejó atónita a Sarlo y fue la semilla de su ya canónica biografía, El escritor en el bosque de ladrillos.
Al recordar aquél momento, la curadora dice al pasar que este año finalmente se reeditará aquella biografía, hoy agotadísima. Sin embargo, Saítta fue clara al explicar su postura frente a este regreso editorial: “Yo no lo voy a reescribir. Porque si lo reescribo, voy a reescribir todo. Y yo ya no soy esa”.
Recorrida por la muestra “El juguete Rabioso” curada Sylvia Saitta y Juan Maisonnave en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Santi Garcia Díaz.Aquel libro fue el fruto de una época en la que la viuda de Arlt y su hija Mirta aún estaban vivas, y la investigación se hacía “a mano”. Saítta planea actualizar datos y reflejar nuevos hallazgos, pero se niega a tocar la estructura original. “Antes yo copiaba a mano o me grababa a mí misma en los museos. Ahora, con tanta información, es más difícil terminar algo”, reflexionó sobre la paradoja de la era digital frente al trabajo artesanal de su juventud.
Las paredes que gritan
La muestra en el Recoleta, co-curada junto a Juan Maisonnave, no busca solo exhibir objetos, sino hacer que las paredes hablen. Cada núcleo temático está puntuado por frases de la novela que funcionan como disparadores de una angustia que “parece escrita esta mañana”, reflejando la violencia, la soledad y la locura que Arlt captó en la subjetividad moderna.
Para ilustrar la soledad abrumadora de Silvio Astier, ese adolescente de los sectores populares que busca un lugar en una sociedad que no le ofrece respuestas, una de las paredes cita: “A mis oídos llegan voces distantes, resplandores pirotécnicos…”.
Recorrida por la muestra “El juguete Rabioso” curada Sylvia Saitta y Juan Maisonnave en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Santi Garcia Díaz.Es el eco de la marginación de quien se siente un extranjero en su propio barrio de Flores, soñando con ser un inventor como Edison o un poeta como Baudelaire mientras la realidad lo empuja a la “vida puerca”, tal el título que había imaginado Arlt y que cambió por sugerencia de Guiraldes.
La violencia latente, esa que en la novela nunca estalla en un tiroteo cinematográfico pero que lacera la dignidad, se refleja en la frase: “Examiné el tambor. Cargaba cinco proyectiles. Después apoyé el caño del revólver en el saco. Un ligero desvanecimiento me hizo vacilar sobre las rodillas y me apoyé en el muro del galpón…”.
Maisonnave observa que muchas de las tapas históricas apelaron a la figura del arma como estrategia de venta, captando la rabia que atraviesa el libro, aunque en la trama el arma sea un objeto que nunca llega a dispararse porque el protagonista se desvanece antes de actuar.
En otra sección están plasmadas la locura y la deformidad de la vida en los márgenes: “Era un pedazo de frente abultada, una ceja hirsuta, y después un trozo de mandíbula. Bajo el párpado arrugado estaba el ojo, un ojo de loco. La córnea inmensa, la pupila redonda y de aguas convulsas. El párpado hizo un guiño triste…”.
Recorrida por la muestra “El juguete Rabioso” curada Sylvia Saitta y Juan Maisonnave en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Santi Garcia Díaz.Estas palabras conviven con el trabajo de artistas que pusieron imagen a la angustia de Astier. Carlos Alonso aporta una fuerza especial con una interpretación libre de la obra, mientras que Eduardo Iglesias Brickles destaca con sus colores potentes. También se suman las siempre inquietantes visiones de Luis Scafati, Diego Rey y Oscar Grillo, quien trabajó específicamente con la escena del encuentro de Silvio con un hombre en 1926, revelando una tensión erótica tabú para la época.
Sobre el eje del trabajo y la humillación cotidiana, Saítta rescató una frase que es, tristemente, una definición de época: “Trabajamos para comer y comemos para trabajar”. Es el “momento cansado de la vida”, la representación del ciclo de exclusión para un joven que quiere ser alguien y se estrella contra un mercado inexistente.
Recorrida por la muestra “El juguete Rabioso” curada Sylvia Saitta y Juan Maisonnave en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Santi Garcia Díaz.La “joya de la corona”
En el centro de la sala, protegida como un tesoro, descansa la primera edición de octubre de 1926, publicada por la Editorial Latina tras tres rechazos previos.
“Recobra el aura de lo único”, dice Saítta sobre este ejemplar, del cual solo se sobreviven tres volúmenes en todo el país y que hoy se exhibe “gracias a la extrema generosidad de Tomás Grondona”, tal como destacada a la intelectual. Ver esa tipografía barata de una edición de quiosco es entender el origen de un autor que escribía para las masas y que debió su publicación a la intervención de Ricardo Güiraldes.
Este centenario coincide con un proyecto monumental: la publicación de la obra completa de Arlt en 14 tomos a través de la editorial universitaria Eduvim.
Este centenario coincide con un proyecto monumental: la publicación de la obra completa de Arlt en 14 tomos a través de la editorial universitaria Eduvim. En este marco, Saítta tomó una decisión que ella misma califica como un “experimento extremadamente jugado”: decidió publicar la versión original de 1926 en lugar de la última corregida por el autor.
Según la experta, el Arlt que hemos leído durante décadas fue “limpiado” de sus supuestos errores gramaticales por una crítica y editores que buscaban domesticar su “mal escribir”. Piglia decía que cualquier maestra de escuela podría corregirlo, y efectivamente así se hizo en ediciones posteriores de Claridad o Futuro. Recuperar el texto primigenio es encontrarse con un “juguete rabioso que todavía no conocíamos del todo”, devolviéndole su potencia volcánica, incorrecta e irreverente.
Octubre misterioso
La celebración no termina con esta inauguración. Juan Maisonnave adelantó que, en octubre, mes exacto del centenario de la publicación, se realizará en el Recoleta una mesa especial para hablar de la novela. Si bien se mantiene el misterio sobre los nombres, Maisonnave prometió que contará con escritores e invitados que van a “hacer ruido” y sorprenderán al público por su profunda vinculación con el legado arltiano.
Recorrida por la muestra “El juguete Rabioso” curada Sylvia Saitta y Juan Maisonnave en el Centro Cultural Recoleta. Foto: Santi Garcia Díaz.La vigencia de Arlt también se refleja en la sección “Arlt en el mundo”, donde se exhiben ediciones publicadas en países tan diversos como Armenia, Etiopía y Nigeria, además de una edición en bengalí. La circulación de su obra confirma que la rabia, la humillación y el deseo de ascenso social que atraviesan El juguete rabioso exceden por mucho las fronteras del barrio de Flores.
Como bien dice una frase destacada de la breve “autobiografía” que fue escrita a pedido de Crítica Magazine donde fue publicada en el número 16, el 28 de febrero de 1927 en la pared de la muestra: “Me he hecho solo. Mis valores intelectuales son relativos, porque no tuve tiempo de formarme. Tuve siempre que trabajar y, en consecuencia, soy un improvisado o advenedizo de la literatura. Esta improvisación es la que hace tan interesante la figura de todos los ambiciosos que de una forma u otra tienen la necesidad instintiva de afirmar su yo”
La muestra, que exhibe también la Underwood con la que Arlt escribió buena parte de su obra, podrá visitarse hasta marzo de 2027. Es una invitación a volver sobre un autor que, cien años después de El juguete rabioso, sigue siendo esa “piedra en el zapato” capaz de incomodar, interpelar y dialogar con el presente.
El juguete rabioso: 100 años, homenaje a la primera gran novela de Roberto Arlt en las salas 2 y 3 del Centro Cultural Recoleta (Junin 1930) de martes a viernes de 12 a 21 y sábados, domingos y feriados de 11 a 21.








