una celebración de la amistad entre hombres

una celebración de la amistad entre hombres


Dos autores se funden en una sola voz narrativa para, en once breves capítulos, surfear historias donde aparece la amistad entre hombres, en primer plano o como telón de fondo. Sin alusiones forzadas a grandes nombres de la literatura ni con incrustaciones igual de ripiosas de conceptos teóricos de herméticos autores franceses o alemanes. En esa sencillez, Introducción a la amistad, de Andrés Gallina y Matías Moscardi (Vinilo Editora), permite un posible buceo en los vínculos amistosos masculinos, relaciones que, por lo general, no se estudian lo suficiente, sumergidas por prejuicios machistas.

“Un relámpago de lectura”, promete Vinilo sobre sus libros, de formato pequeño, de diseño elegante, y que “funcionan como cortes”, tal como dice la casa editorial desde su web. Todas esas condiciones se cumplen en Introducción a la amistad.

Ligero sin ser superficial, funciona también como un diario de niñez y adolescencia de los autores, que confluyen para crear un tono en el que intencionalmente no se distingue uno de otro.

Salvo por alguna alusión geográfica (cartas que se envían desde Miramar a una novia, la búsqueda de un kiosco de diarios en la marplatense calle Jara, la mención de Piantoni Hermanos, famosa firma de esta ciudad), quien narra parece uno solo, en todo caso desdoblado en diferentes historias y zonas, aunque cercanas entre sí.

El amigo volátil

Aparece el amigo volátil con el que se comparten recorridas en bici durante tres veranos, diálogos vía walkie-talkie, ver en VHS “Los bicivoladores” y buscar imitar cada pirueta en la calle; una amistad que desaparece de una vez y para siempre por el simple hecho de que la familia del otro chico veranea en otro lugar.

En “Game over” flota otra relación de confianza y pragmatismo, como suelen ser muchas entre varones; en este caso, el narrador comparte su historia con un compañero de videojuegos, bautizado “El Niño sin Nombre”, con el que buena parte de la comunicación se sostiene con “movimientos de cabeza o arqueos de ceja”, en un local de “fichines”, tal como se denominaban en los 80 a esos locales.

También, como en el caso del amigo de la bici, la amistad se volatiliza de un día para el otro, pero los recuerdos brillan hasta el día de hoy.

Hay además una historia compartida con un amigo, basada en la pasión por los extraterrestres, que se desinfla de golpe cuando “Chiche” Gelblung ofrece su cátedra por televisión.

Las imágenes que proyecta la tele, aunque sea a través de una videocassetera, ocupan el centro de otro relato, en donde los protagonistas quedan sacudidos por las tragedias que puede arrojar la vida, aunque se cuenten en clave de ficción. El escenario: una casa en el Bosque Peralta Ramos, el cierre, el llanto de un chico, la voz de una madre preocupada.

Los fracasos tienen su andarivel en el texto; hay un futuro prometedor en el fútbol, cimentado desde Atlético Miramar, un merodeo por los clubes importantes de Buenos Aires y un proyecto que se desinfla, ante la mirada silenciosa y comprensiva de un amigo.

Y los celos cuando otro varón, rival, se queda con la chica que le gusta al narrador y este fabula una novia imaginaria y cuenta con detalles a sus amigos cómo es ella, cómo va la relación, a qué se dedica y, también, por qué “las cosas no están como antes”. Sueños fallidos que también son parte del rodaje de la vida.

Caleidoscopio ochentoso

Por otro lado, el libro también funciona como un caleidoscopio ochentoso. En las historias aparecen las figuritas “Basuritas”, la colonia Paco, el Pac-Man o las Tortugas Ninja, entretejidas con naturalidad en los relatos.

En cuanto a su estructura, algunos de estos adoptan la forma de cuento clásico con remate sorpresivo y otros tienen un tono más ambiental, casi chejovianos.

Introducción a la amistad, de Andrés Gallina y Matías Moscardi (Vinilo Editora). Foto: gentileza.

Libro amigable, en el sentido exacto del término, Introducción a la amistad ofrece un remanso que combina una suave melancolía con pinceladas de reflexiones, lo que lo convierte en una pausa ideal para el vértigo cotidiano. En el cierre, la voz narradora, indefinida, como en toda la obra, cuenta cómo uno (¿cuál?) conoció al otro.

Esa ambigüedad también atrae, especialmente en estas épocas de sobredosis de “literatura del yo”. En un movimiento contrario a la tendencia contemporánea, más que buscar ser reconocidos en la particularidad de sus historias, los autores, en su cuarto libro juntos, parecen haber plasmado un enunciador que condensa en sí mismo lo que vivieron ambos.

Introducción a la amistad, de Andrés Gallina y Matías Moscardi (Vinilo Editora).