Por qué “La Odisea” nos sigue fascinando 3.000 años después

Por qué “La Odisea” nos sigue fascinando 3.000 años después

El arte de contar es un arte en sí mismo. La narración es un medio de expresión que se nutre de la ficción sin otro apoyo que la palabra, los gestos, los movimientos, la voz. ¿Y de qué nos hablan esas historias? De amistad, amor, miedo… de todo.

A diferencia del teatro, se rompe la cuarta pared creando un vínculo, con la mirada, con la emoción y los matices expresivos. Ambos, narrador y público, están atrapados en una atmósfera única en la que debe primar la historia. El narrador solo es el mediador para que quien escucha pueda apropiarse de la misma: de alguna manera, estamos acunando aquella voz materna y que nos remite a los primeros tiempos de la narración oral, donde antes alrededor del fuego se reunían para contarse.

Las historias transforman la realidad y la manera de mirarnos. Donde aún nos habita el niño que fuimos, solo hace falta un cuento, una historia, una poesía para volver a iluminarnos.

Los relatos épicos o mágicos nos gustan porque nos llevan a los que se fueron transmitiendo a través de los tiempos, de boca en boca, y que nos conectan con nuestro niño interior, cuando de chicos nos contaban historias de ogros, de brujas, de aventuras…

Es nuestra lucha interna, el bien y el mal. En La Odisea, el bien está encarnado por Atenea, la protectora, y por la personalidad de Odiseo. El mal, en la maldición de los dioses y en todos los obstáculos con los que se encuentran. Y, como en los cuentos, esperamos que los finales sean felices.

En el relato épico, el destino es inexorable, pero aparece la acción humana, en equilibrio con el libre albedrío. Hoy día esas creencias que se transmiten a través de los tiempos también se hacen presentes en el inconsciente colectivo. ¿Cuántas veces nos preguntamos, será nuestro destino, nada podemos hacer? O en contraposición, ¿esto es lo que me toca?

Muchos poemas épicos antiguos comienzan contando hechos anteriores, transmitidos oralmente. Esa transmisión luego quedó plasmada en los rollos de papiro, escritos y divididos en 24 cantos. Hay una secuencia, hay imágenes, lo que no puede faltar en ningún relato: se necesita la estructura de un cuento para poder atrapar. De la misma manera que en una película, en el cine, hay secuencias que se hilan para llegar al final de esa historia.

Luego hablamos de los personajes de la narración. Tienen que ser atractivos, despertar curiosidad; Odiseo era una persona inteligente, resolutiva, hábil, muy capaz, imaginativa, y estas cualidades se expresan a lo largo del poema con matices diversos, esos mismos que usamos los narradores al contar una historia.

¿En definitiva, por qué, tantos años después, gusta tanto La Odisea? Porque es un género que nos conecta con lo divino y con lo humano. Sus temas principales nos conectan con valores a veces olvidados en la actualidad, con la esencia de la vida humana, el hogar, la inteligencia, la lealtad, el autoconocimiento.

Lo auténtico funciona, sobre todo en estos tiempos de individualismos. Las historias nos llevan a un mundo más profundo, más ancestral. Monstruos, cíclopes, polifemos, hechiceros, seres extraños, la furia de los dioses, habitaron en nuestra infancia y en su imaginación. ¿Será que nosotros buscamos acunar estos lugares tan íntimos y que seguimos necesitándolos? Reyes y héroes en pugnas, el bien y el mal, lo real y lo mágico.