“Para un gran escritor no debe haber zona prohibida”

“Para un gran escritor no debe haber zona prohibida”


“Soy feminista”. La frase sorprende. Mo Yan la dice tranquilo, casi en voz baja, durante una conferencia de prensa con un grupo reducido de periodistas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. No hay intención de provocar ni gesto de corrección política. Responde una pregunta sobre sus personajes femeninos y, enseguida, completa la idea: “Siempre creo que las mujeres son más grandes que los hombres. Las mujeres son constructoras y los hombres son destructivos”.

A los 71 años, el escritor chino conserva una manera pausada de hablar y a veces sonríe apenas, sobre todo cuando la conversación se aleja de la literatura y aparece algo de la vida cotidiana: el fútbol argentino, la comida, los recuerdos de infancia. Lejos de cualquier solemnidad, el Premio Nobel de Literatura 2012 se muestra más cómodo hablando de experiencias concretas que de teorías literarias.

La reivindicación de las mujeres atraviesa buena parte de su obra y también de esta visita a Buenos Aires. Mo Yan menciona a la abuela de Sorgo rojo, a la madre de Pechos grandes, amplias caderas y a la tía de Rana como figuras centrales de sus novelas. “Son muy admiradas por mí. Son grandes heroínas, no sólo literarias, sino históricas. Por eso las integré en mis obras –confiesa– esos personajes reflejan las grandes transformaciones de China, son las mujeres las que lucharon, las que no dejaron de luchar, las que sobrevivieron a la historia”.

En los libros de Mo Yan las mujeres sostienen familias enteras mientras alrededor avanzan guerras, hambrunas y revoluciones políticas. Son personajes inspirados en parte en las mujeres que conoció durante su infancia en Gaomi, una zona rural de la provincia china de Shandong donde nació en 1955 y que se convirtió en el territorio simbólico de toda su literatura.

Cronista de su tiempo

En muchas ocasiones se lo consideró cronista de su época y ante esa definición comentó: “Soy un escritor que cuenta la historia de la gente común. Y las historias contadas por nuestros escritores son en muchos casos parecidas, pero las maneras de contar varían mucho”.

La Academia Sueca definió su escritura como una mezcla de “realismo alucinatorio”, una etiqueta que desde entonces acompaña casi cualquier perfil sobre el autor chino. Él mismo vincula esa tradición con el realismo mágico latinoamericano y con algunos escritores que fueron decisivos para su formación.

“Recuerdo cuando leí a Julio Cortázar, La autopista del sur; los cuentos de Jorge Luis Borges…”. Habla de esas lecturas como si todavía conservaran la fascinación inicial. “Tras leerlos, me dije: necesito reformar mi forma de narrar”.

No es la primera vez que reconoce la influencia latinoamericana sobre su obra. Durante la charla vuelve sobre la idea de que la literatura se alimenta de préstamos, descubrimientos y contagios entre autores. Cuando le preguntan por las acusaciones de “plagio” que alguna vez recibió por un cuento inspirado en Cortázar, responde sin tensión.

El escritor chino Mo Yan, premio Nobel de Literatura, en una conferencia de prensa en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Foto: gentileza.

Entre los escritores del mundo uno aprende y recibe del otro, es muy común en el círculo literario”. Y rápidamente dice: “Parecido al caso de Gabriel García Márquez, cuando leyó por primera vez a Franz Kafka dijo: ‘Se puede escribir así’”.

En más de una respuesta aparece América Latina como una referencia importante para entender su literatura. Mo Yan habla de García Márquez, de Mario Vargas Llosa y de las novelas latinoamericanas que abordaron conflictos sociales y políticos sin perder complejidad literaria. “Han tratado muy bien los temas sociales y políticos que les tocó vivir, y las transformaciones”.

De paso por el Colón

Su paso por Buenos Aires comenzó en el Salón Dorado del Teatro Colón, donde fue distinguido como Huésped de Honor de la Ciudad. Allí mencionó a Diego Maradona y Lionel Messi como algunas de sus primeras imágenes de la Argentina. En La Rural, retomó el tema: “Antes de venir, leí literatura argentina pero también vi muchos partidos de los equipos argentinos; la literatura y el fútbol son dos grandes tradiciones de este país”, comenta.

Después hizo referencia a la gastronomía local con esa sonrisa que por momentos aparece. “La carne y los mariscos son riquísimos, me gustaron muchísimo. Ahora pienso que podría haber llegado antes, ¡tengo que repetir mi viaje a Argentina!”. El traductor se esforzó en poner énfasis en lo dicho por el autor.

El pasado, en su infancia en la que padeció hambre durante la Revolución Cultural china, atraviesa gran parte de sus novelas. En libros como Sorgo rojo o La vida y la muerte me están desgastando, Mo Yan construye relatos donde conviven violencia política, hambre, superstición, deseo y humor grotesco. Sus personajes son campesinos, soldados, funcionarios, curanderos o fantasmas que se mueven en un paisaje rural marcado por las transformaciones brutales de la China del siglo XX.

Sorgo rojo, probablemente su novela más conocida fuera de China, fue adaptada al cine por Zhang Yimou. La película ganó el Oso de Oro en Berlín en 1988 y convirtió a Mo Yan en un autor reconocido internacionalmente mucho antes del Nobel. En español también se publicaron El manglar, El suplicio del aroma de sándalo, Cambios, Rana y Pechos grandes, amplias caderas, entre otros títulos.

El expresidente de la Fundación El Libro Alejandro Vaccaro presentó al escritor chino Mo Yan, premio Nobel de Literatura. Foto: gentileza.

La conversación inevitablemente deriva hacia la relación entre literatura y política. Durante años, Mo Yan recibió críticas de sectores intelectuales occidentales que cuestionaban su vínculo con las instituciones culturales chinas o consideraban insuficiente su posición pública frente al gobierno de Beijing.

Él evita la confrontación directa y responde desde otro lugar. “Mi escritura es libre. Para un gran escritor no debe haber zona prohibida”, afirma. Después aclara que acepta observaciones de editores sobre cuestiones formales o estéticas, pero nunca recibió una indicación concreta sobre qué podía o no podía escribir”.

Cuando le preguntan si la literatura puede modificar la realidad política, evita cualquier grandilocuencia. “Difícilmente un libro pueda tener el rol de impedir una guerra o impulsar una revolución”, reflexiona. Y enseguida agrega que una obra sí puede influir lentamente sobre la sensibilidad de las personas: “Puede influir en las emociones, los sentimientos, de manera paulatina e inconsciente en los seres humanos”.

La Inteligencia Artificial ocupa otro momento importante de la charla. Mo Yan no parece particularmente alarmado por el tema, aunque marca límites claros sobre las posibilidades actuales de la tecnología aplicada a la escritura. “En la actualidad, la IA todavía no puede sustituir el trabajo creativo de un escritor –analiza–. La base del aprendizaje de la IA está en la creación literaria que existe hoy en día. Si todos los escritores en el mundo dejaran de escribir y crear, la IA no podría tener nuevos avances”.

IA en la traducción

Sí reconoce, en cambio, cierta utilidad en el trabajo de traducción. Cuenta que conoce traductores literarios que ya usan herramientas de Inteligencia Artificial para resolver cuestiones técnicas. Pero insiste en que hay una dimensión cultural imposible de automatizar completamente. “A nivel técnico puede sustituir parte de la traducción, pero a nivel lingüístico en las obras literarias el traductor debe buscar las connotaciones culturales”.

Sobre la China contemporánea, Mo Yan explica que muchos escritores jóvenes trabajan sobre los cambios económicos y sociales recientes, aunque él prefiere otra perspectiva. “Me considero de aquellos que recurren a la historia para buscar inspiración. No soy tan bueno para relatar lo que acaba de ocurrir alrededor mío. Prefiero incluso entrar en historias remotas, relatarlo y darle un significado moderno”.

El escritor chino Mo Yan, premio Nobel de Literatura, en una conferencia de prensa en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Foto: gentileza.

Entonces aparece una definición que ayuda a entender buena parte de su literatura. Para Mo Yan, lo verdaderamente importante no son solo las transformaciones materiales sino aquello que ocurre debajo de esos cambios visibles. “Lo interior, el alma, los sentimientos, las emociones”.

Hacia el final de la conferencia, alguien le pregunta qué cree que descubren los lectores extranjeros sobre China a través de sus novelas. La respuesta vuelve a los detalles cotidianos. “En la literatura abunda el color, la voz, los olores; leerla es adentrarse en la casa de una persona para ver el color de su living, su dormitorio, su cocina”.

Antes de despedirse de Argentina, Mo Yan tendrá su última actividad pública el lunes en el auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) junto a Alejandro Vaccaro.