Juan Carlos Distéfano, uno de los escultores argentinos más importantes, murió este sábado a los 92 años. Estuvo casado más de siete décadas con la escritora Griselda Gambaro, con quien se exilió durante la dictadura militar. Algunos de los temas representativos de su carrera, que también incluyó la pintura y el dibujo, fueron la memoria y la condición humana. “Juan Carlos Distéfano fue un artista excepcional que ha aportado una voz original y singular en la historia del arte argentino. Para los que tuvimos la dicha de conocerlo y tratarlo, fue una persona cálida, sabia y generosa. En el Bellas Artes recibió en 2018 el Premio Nacional a la Trayectoria y en 2022 organizamos su última gran exposición con curaduría de María Teresa Constantin”, recordó el director del Museo, Andrés Duprat, en las redes del Museo Nacional de Bellas Artes.
En junio de 2022 se montó su inolvidable muestra La memoria residual, en el Museo Nacional de Bellas Artes.La propuesta de María Teresa Constantin (curadora de varias exposiciones del artista, entre ellas la del Pabellón Argentino en la Bienal de Venecia de 2015) logra el despliegue de 19 piezas –mayormente en resina epoxi y poliéster– hechas entre 1973 y la actualidad, prescindiendo de su cronología, lo cual impacta porque todos los trabajos podrían ser actuales o, tal vez más precisamente, podría considerárselos condensadores de un período histórico del mundo con sus pesares y posibilidades.
Distéfano nació el 29 de agosto de 1933 en Buenos Aires. Se formó en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y en los años sesenta estuvo detrás del Departamento de Diseño Gráfico del Instituto Di Tella.
Ya experimentaba con diversos materiales. Entre sus preferidos estaban la fibra de vidrio y la resina poliéster, que elegía por motivos económicos. Al respecto, decía que era “un material bastante desagradable para trabajar”, pero que le permitía “trabajar en casa” sin ir a un fundidor. “El poliéster es muy fuerte y permite situaciones que con otros materiales sería absolutamente imposible”, explicaba.
En 1964, realizó su primera muestra individual en la Galería Riobóo Nueva. Y su última gran exhibición tuvo lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes. Recorrió uno de los grandes temas de su trayectoria. Se llamó “La memoria residual”. Allí expuso una escultura que realizó durante la pandemia, junto a otras que se remontaban a la década del 70.
En esa década se conocieron Distéfano y Gambaro. En 1977 se exiliaron en Barcelona. “Un buen día nos enteramos por el diario de que había aparecido un decreto presidencial que prohibía el libro Ganarse la muerte (de Gambaro)por nihilista… ¡Eramos como revolucionarios rusos! Personajes de Dostoievsky y que, para peor, atentábamos contra la familia… Eso nos causaba gracia porque nuestra familia es absolutamente tradicional”, recordaba en una entrevista con Clarín.
“El miedo era grande y no teníamos ningún tipo de protección. Además, habían secuestrado a algunos amigos y los muertos aparecían si no en el terreno de al lado, en el otro. En Don Bosco, donde vivimos, todas las noches se escuchaban tiroteos”, añadía sobre los motivos de su viaje a España.
Sin embargo, negaba presiones directas: “A mí nunca nadie me prohibió, por caso. Incluso mi obra El mudo fue comprada durante la dictadura para el Museo de Bellas Artes a pesar de que creo que es bastante frontal en la exposición de su significado: representa la figura de un hombre desnudo, sentado con las manos en la espalda, maniatado”.
En Barcelona, rememoraba, se pasaba los días en el Montjuich (Museo Nacional de Arte de Cataluña). Eso que hicieron de sacar los frescos de las iglesitas del Ampurdan y llevarlas allí es un milagro”, comentaba sobre esos años.
En 1980 regresó al país. “Desenterramos los libros que habíamos escondido y tratamos de comenzar de nuevo. Intentamos hacer nuestros trabajos dentro de esa normalidad tan poco normal en la que se vivía bajo el peso tremendo del autoritarismo”, explicó años más tarde.
La obra de Distéfano fue seleccionada para representar a la Argentina en la Bienal de Venecia, en 2015. “La rebeldía de la forma” se llamó la exposición que reflexionaba sobre la condición humana. En 2018 recibió el Premio Nacional a la Trayectoria Artística que otorga el Ministerio de Cultura de la Nación.
En aquella entrevista a raìz de su exposición de 2022, le decía a Laura Casanovas: “Esta muestra me dio un sacudón porque recordé lo que pasaba durante la realización de cada pieza. Y hubo momentos que no fueron alegres de nuestra querida patria”, evocó. Ese mismo sacudón se siente al recorrer el conjunto, al pensar y percibir los volúmenes, temas, materiales y cromatismo imbricados en cada pieza de la manera en que sólo Distéfano puede hacerlo, concluía la periodista y crítica.








