Se llamaba Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, pero nadie la llamaba así. Sin quererlo, había conseguido eso que pocos consiguen, que se los conozca sin necesidad de pronunciar su nombre: ella era simplemente Taty y era una de las referentes de las Madres de Plaza de Mayo, un símbolo de la lucha por los derechos humanos en Argentina. A ese rol la había llevado la desesperada búsqueda de su hijo, desaparecido durante el terrorismo de Estado que prologó a la última dictadura militar en el país (1976-1983). Este domingo, Taty Almeida murió a los 95 años. Nunca pudo saber qué fue de su hijo, nunca pudo siquiera despedir sus restos.







