Hace unos cuántos años un joven salía de un recital de rock en Obras después de cubrirlo, todavía con el zumbido eléctrico en el cuerpo, y al día siguiente cruzaba las puertas del Colón para escuchar música contemporánea. En el medio, pasó por la carrera de Artes, orientada en música, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Allí hojeó revistas, tomó apuntes y fue a congresos de musicología. Ese péndulo –entre el periodismo y la musicología, entre la crónica urgente y el trabajo metódico– no era una pose: era un problema sin resolver. “Siempre tuve ese abanico amplio”, dice Leandro Donozo, fundador y director de la editorial Gourmet Musical.
Y en esa amplitud, en ese desajuste entre mundos que no se tocaban, empezó a gestarse algo que hoy, más de dos décadas después, sigue siendo difícil de clasificar: una editorial que dedicada su catálogo completo –ostenta 119 títulos– a libros de música, lo que la hace única en el mundo.
Antes, en las librerías, la música no tenía lugar. Hoy no solo hay estantes sino una sección entera, incluso una suerte de territorio visible.
Donozo lo llama, con humor, “la mancha del Gourmet”: un catálogo que creció hasta volverse imposible de ignorar. Más de cien títulos que obligan a hacer espacio físico, pero también conceptual.
El catálogo de Gourmet Musical despliega una cartografía amplia y poco previsible: conviven ensayos musicológicos como Analizar, interpretar, hacer música, estudios históricos como Discografía básica del tango 1905–2010 o Música y modernidad en Buenos Aires, biografías y escenas del rock (Cemento, Días distintos, Ramones en Argentina), lecturas culturales (Historia del baile, Dar la nota), y exploraciones más conceptuales como Proust músico o Componer las palabras; títulos que cruzan géneros –tango, rock, jazz, música contemporánea– y enfoques –académicos, periodísticos, sociales– bajo una misma premisa: pensar la música desde múltiples lenguajes sin perder legibilidad.
El libro de música dejó de ser una rareza incómoda para convertirse en una presencia reconocible, aunque todavía inquietante. “Desde el principio, dije que intento hacer libros de música que sean libros. Parece una perogrullada pero no lo es. Porque para mucha gente, los libros de música no son libros. Son cosas: o bien una introducción a la música clásica, o la biografía de no sé qué, o lo que se llama merchandising con lomo; una cosa hecha para un adolescente que es fanático de no sé quién y se compra un libro para saber más de su ídolo. Yo no hago libros para eso. No hago libros para fans. Si los fans los quieren leer, genial. Ojalá los lean más”, dice Donozo en la larga mesa de su editorial en un pequeño departamento donde su impresionante biblioteca musical personal (siempre generosamente abierta a quién necesite consultarla para alguna investigación) conviven con los libros que edita.
Bajo la premisa “la música también se piensa”, el editor argumenta que la música no tiene incorporado la idea del pensamiento, de la reflexión, de las palabras. “El libro para la industria de la música es un merchandising. A veces me miran como si vendiera rulemanes: ‘¿Libros? ¿Leer sobre música? ¿Qué sentido tiene?’, me dicen”.
Hoy Gourmet Musical Ediciones cumple 15 años. ¿que mejor forma de festejar con nosotros que correr a la librería y comprar unos de nuestros libros? ¡Feliz cumpleaños! pic.twitter.com/0E8osY1Uxx
— Leandro Donozo (@ldonozo) February 24, 2020
–¿Te lo siguen preguntando?
–Todos los días. En el afiche que imprimí con el catálogo completo de la editorial podés leer: “escuchar, bailar, sentir, tocar también es pensar”. ¿Por qué pongo esto? Porque la gente piensa que la música es solo para sentir. “Bravo”, digo que sí. Pero no es solo así. Para sentir también tienes que pensar. Parecería a veces que la única forma de mostrar competencia musical es el llanto. “Fui a ver no sé qué y lloré. Porque, ¡ay!… cómo lo sentí; qué sensible que soy a la música”. Está bien, te puede provocar el llanto, te puede provocar una sonrisa también, muchas cosas. Puede darte ganas de bailar, lo que fuera. Ahora, para mí, por ejemplo, bailar es una forma de pensar, es una forma de análisis musical. Entonces, la música también es pensar y se puede pensar. La música siempre se encara, en general, como si fuera mero entretenimiento, de una manera puramente ingenua. Personas vinculadas –o no– al mundo de la cultura, que en otras artes se mueven en el filo de lo contemporáneo, asisten al BAFICI, recorren el MALBA, siguen de cerca las novedades, pero cuando se trata de música retroceden varios casilleros: llegan a Schubert, por poner un ejemplo, y se detienen ahí. En ese terreno, la música en el sector cultural atrasa o suele ir a destiempo, con contadas excepciones.
–Beatriz Sarlo era la única intelectual que estaba en todos los conciertos de música contemporánea, experimental, etc.
–Con todo, Gourmet Musical es un proyecto exitoso, cumple 21 años de existencia, llegó a mayoría de edad.
–Claro que es exitoso. Es más, ¡es milagroso!
–No existe en el mundo un proyecto que tenga todo un catálogo únicamente de libros de música. ¿Cómo se financia un proyecto así?
–Sí, es cierto, no existe. Es un hecho. ¿Financia? Esto existe por una sola razón: alguien pasa por una librería, o se mete en las redes sociales, elige un libro, lo compra y lo lee. Se financia así. Alguna vez tuvimos algún subsidio para un libro especifico, pero hace años que no tengo. Pero no se financia de ninguna otra manera, yo no tengo presupuesto de otra manera. No dependo de nadie.
– El catálogo es deliberadamente heterogéneo. Conviven tesis doctorales con crónicas, ensayos con investigaciones históricas, miradas desde la sociología, la antropología, la psicología. Hay periodistas, músicos, humoristas, coleccionistas. Entre todos, ¿Cuál es el hit de la editorial?
–Charlie en el país de las alegrías. Claro, puedo entender que un libro sobre Charlie García va a vender más que un sobre Gerardo Gandini. Pero no es la biografía de Charlie García, ni las mejores anécdotas, ni siquiera solo las letras: es el uso de la alegoría en las letras de Charlie García. Es un tema que parece para una cátedra de letras. Y, sin embargo, es un libro que lleva diez mil ejemplares, acaba de sacar su décima edición.
Leandro Donozo editor y creador del sello Gourmet Musical (Foto: Télam)–El libro Xul Solar. Un músico visual no dejó de publicarse, ¿no?
–Sí, después de 20 años sigue saliendo. Es el segundo que sacamos, es un libro que fue una tesis de doctorado, como otros, y va por la cuarta edición.
–¿Qué criterios guían la curaduría del fondo editorial?
–Me tienen que interesar. Tengo que leer el libro y entusiasmarme, ver que aporte algo. Estoy muy al tanto de lo que se hace desde el periodismo hasta la musicología. Pero hago todos los libros pensando en que puedan ser leídos y les interese, en la mayor proporción posible, tanto a un musicólogo que está en el doctorado como a un tipo que está de vacaciones en la playa. Veo temas de libros en todos lados y también me llega muchas propuestas. Me tiento con todo pero hay límites de lo que se puede publicar por año.
–El año pasado celebraste los 20 años de la editorial y ahora decís que celebrás la mayoría de edad del Gourmet. ¿Se viene algún tipo de emancipación?
–¡Celebro estar, existir!. ¡Seguir haciendo libros! Una de las mayores campañas más financiadas del mundo en este momento es en contra la lectura.
–¿Usas Word? ¿PDF? ¿Leés diarios en digital? Lo primero que aparece en el programa antes de acceder al texto es un mensaje que dice, “¿Quiere que la inteligencia artificial resuma este texto?” Sin haberlo pedido, tenés que negarte a que reduzcan un texto que vos querés leer. En ese contexto hacer libros, que tienen cien o doscientas páginas, notas al pie, etc. es contracultural.
–Al mismo tiempo, la carrera que más alumnos tiene en este momento la Facultad de Filosofía y Letras es Edición. Y la convocatoria de la feria de editoriales independientes desborda de público cada año.
–¿Dónde está la crisis del libro?
–No hay crisis del libro. Es lo contrario. Lo que hay es un ambiente antiintelectual, antipensamiento. Si hubo un momento en la historia para que se acabara el libro en papel y todos nos volcáramos al digital, fue la pandemia, donde no se podían ni imprimir libros. Y eso no pasó. De hecho, lo que pasó en todo el mundo es que se venden más libros en papel. Si ves las estadísticas de todo el mundo, las editoriales crecen en todos lados. Menos en Argentina, claro, que tiene una economía imposible. Las crisis son otras: son de distribución, de circulación, de cómo llegar con los libros a muchos lugares. Mandar un libro de Argentina a cualquier otro país es inviable. Es carísimo. Entonces, alguien se quiere comprar un libro argentino en España y le cobran cien dólares por un libro que acá cuesta quince. Esas son las crisis, lo que vale el papel, lo que valen las cosas, los costos que tienen las librerías para subsistir. La gente quiere seguir leyendo en papel.
Leandro Donozo básico
- Nació en Buenos Aires en 1973. Cursó la carrera de Artes en la Universidad de Buenos Aires y participó en investigaciones y proyectos relacionados con bibliografía y documentación musical.
- Fue colaborador del New Grove Dictionary of Music and Musicians, co-director del Centro de Documentación e Investigación Musical de Buenos Aires (D.I.M.), miembro de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Musicología y docente de la Licenciatura de Crítica de Artes de la Universidad Nacional de las Artes.
- En paralelo fue periodista en diversas revistas especializadas en música popular como Pelo, Generación X y La García, entre otras.
- Es autor de los libros Guía de revistas de música de la Argentina (1829-2007) y Diccionario bibliográfico de la música argentina. Desde 2005 es director de Gourmet Musical Ediciones.








