La rivalidad entre México y Argentina, un clásico del fútbol que se juega fuera de la cancha

La rivalidad entre México y Argentina, un clásico del fútbol que se juega fuera de la cancha


En las pausas de hidratación de los partidos de México en el Azteca durante el Mundial 2026, de la megafonía del estadio atronó De música ligera, la canción más popular de Soda Stereo, un grupo argentino de rock que mantiene su vigencia en América Latina a pesar de haberse disuelto hace 30 años, en 1997. Aun en medio de la tensión del cruce por los octavos de final ante Inglaterra, un juego tan en serio que los simpatizantes no cantaron Cielito lindo por primera vez en la Copa del Mundo, decenas de miles acompañaron la voz de Gustavo Cerati y gritaron “de aquel amor, de música ligera, nada nos libra, nada más queda”.

Si la relación entre México y Argentina parece doblarse por sus seleccionados de fútbol, en especial cada cuatro años en los Mundiales, esa tensión hizo cumbre cuando un periodista argentino, Eduardo Feinmann, dijo detestar a los mexicanos, un vómito de odio que provocó la reacción de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. Sin embargo, ejemplos como los de Soda Stereo en el Azteca relativizan el ruido digital y hablan de un vínculo que no se quiebra: el campo de batalla futbolístico en las redes sociales avanza, pero los lazos entre México y Argentina son más fuertes.

De la estela que empieza a dejar el Mundial 2026 se desprenden las partículas contaminantes de una distorsión: en X, TikTok y otras redes se libra una rivalidad asimétrica. Internautas de Argentina y México se tratan con un antagonismo visceral, como si protagonizaran un clásico histórico del fútbol, aunque la rivalidad no sea correspondida en el campo de juego, donde la Albiceleste —que este domingo ante España intentará repetir el título ganado en Qatar 2022— ejerce un predominio claro.

Si es que existe la argentofobia que los compatriotas de Lionel Messi dicen sentir en referencia a las quejas y denuncias de simpatizantes y periodistas de diferentes países por una supuesta ayuda de la FIFA a la Albiceleste, es fácil reconocerla en México. La habitual hospitalidad con la que los mexicanos tratan al colectivo argentino en diferentes rubros, desde lo político —dándole asilo a miles de exiliados en los setenta y ochenta—, lo cultural —en junio, el rapero Milo J fue bendecido por los jóvenes locales— y en el fútbol —con cientos de futbolistas y entrenadores que pueblan la liga local, en algunos casos incluso representando a la selección, y con la presencia de comentaristas en el Mundial como Jorge Valdano, Juan Pablo Sorín y Javier Zanetti—, encuentra un freno cuando se trata de la Albiceleste.

Muy atrás en el tiempo ocurrió el primer fair play de la historia, protagonizado por Argentina y México en la edición inaugural, en Uruguay 1930, cuando la Albiceleste ganaba 3-0 y uno de sus jugadores, Fernando Paternoster, desvió un penal a propósito para no aprovecharse de lo que consideraba una infracción erróneamente sancionada por el árbitro en perjuicio del rival. Sin intención de convertir el gol, el argentino disparó directo a las manos del arquero mexicano, Oscar Bonfiglio, que contuvo el remate. Casi un siglo después, ese tipo de jugada es inimaginable en cualquier partido profesional pero en especial en un Argentina-México reconvertido a un clásico nacido más en los teclados, las redes sociales, las conversaciones callejeras y los micrófonos que en los campos de juego. México y Argentina dieron a luz un clásico moderno, de estos tiempos, más virtual que real.

Aunque la humildad de los argentinos siempre estuvo bajo sospecha, y no solo por sus éxitos en el fútbol, desde ambos lados justifican la enemistad digital. Los sudamericanos con más memoria recuerdan sin gratitud que los mexicanos alentaron a los rivales del equipo de Diego Maradona en todos los partidos del Mundial 1986 salvo en uno, ante Inglaterra. Los mexicanos, a su vez, admiten que la tirria deportiva contra los argentinos comenzó luego de varias derrotas seguidas contra la Albiceleste, la primera de ellas en la final de la Copa América 1993, en Ecuador, luego continuada con tres duelos directos en Copas del Mundo: los argentinos eliminaron a los mexicanos en los octavos de final de Alemania 2006 y de Sudáfrica 2010 y volvieron a vencerlos en la primera ronda de Qatar 2022. Los periodistas mexicanos que agitaban la posibilidad del Tri como el verdugo de la Albiceleste, que ya había perdido en el debut, quedaron en posición adelantada.

Fue entonces que el boxeador Saúl “Canelo” Álvarez interpretó libremente que Lionel Messi había ensuciado contra el piso del vestuario de Doha una camiseta de México que había intercambiado tras el partido y prometió noquear al 10 cuando se lo encontrara. Le siguió un desbande en redes y una aplicación llegó a calcular, día a día, los kilómetros de distancia que los separaban. Ya en 2025 le preguntaron a Messi por la rivalidad y el 10 argentino gambeteó al clásico verbal.

“Ellos se pusieron en una posición de tener una rivalidad con nosotros que no existe realmente. No existe una comparación entre Argentina y México, y no sé de dónde nació eso. No sé qué pasó, cuándo arrancó esa rivalidad, esa bronca. Yo siempre me sentí muy querido por la gente de México, nunca le falté el respeto a nadie”, dio por terminado el asunto Messi, aunque en el Mundial 2026 la mayoría de los mexicanos volverían a alentar a todos los rivales de Argentina —y a gritar los goles de Cabo Verde, Egipto y otros países que el campeón del mundo recibía en su camino a la final con España—.

Síntesis de la irrompible unión México-Argentina por fuera del fútbol, a Diego Maradona le preguntaron cómo pasaba sus días en la clínica de rehabilitación en la que se alojó en Cuba, en 2000. “A veces me agarran bajones, pero pongo El Chavo del 8 y se me pasa todo”, respondió el 10.