Sin ser un hincha fanático, nunca imaginó que el fútbol le generaría semejante incomodidad. “Si algo no quería era que se enfrentaran Suiza, el país donde nací, contra Argentina, el país donde pude radicarme y formar mi familia. Realmente es un problema que no quería tener, no lo imaginaba, me agarró de manera inesperada”. reconoce el helvético Gian Paolo Minelli (57).
Gian es fotógrafo, nació en Ginebra, pero vive en Buenos Aires desde 1999 y coordina la residencia para artistas Casa Suiza, en la Boca, que funciona desde 2014 y recibe a ciudadanos de ese país, vinculados a las artes, que rotan cada seis meses. “Sólo hay cuatro en todo el mundo. Uno en Génova, otro en El Cairo, uno más en Belgrado y aquí en Buenos Aires”, dice orgulloso.
De una larga trayectoria como fotógrafo, los tiempos de Minelli se reparten entre reuniones, exhibiciones de otros artistas, organización de muestras y la Casa Suiza, que coordina y justo está en época de recambio. “Se fueron los que estaban y están llegando los nuevos residentes”, comenta amable y con un castellano que fluye.
En charla con Clarín, Minelli tiene aspecto serio, pero logra descontracturar su rostro cuando aparece el fútbol, que este sábado a la noche tendrá como protagonistas de los cuartos de final del Mundial a Suiza y Argentina: “Yo me convierto en futbolero cuando llega el campeonato del mundo, un poco por el contagio familiar y otro poco por cómo se vive en este país, en esta ciudad. Es increíble el poder unificador del fútbol, acá se respira clima de cancha en cada rincón, y cuando lo comento con amigos suizos, no lo pueden creer, no lo entienden”.
Hincha del Lugano suizo, pero también del Nápoli por su madre Rosalba (75) y de Boca por trabajar tan cerquita de la cancha y tener tres hijos fanas xeneizes, Minelli siempre fue abierto con el fútbol, nunca sintió que debía tener exclusividad. “Pero esta vez con el partido del Mundial me pasa algo distinto y tiene que ver con que realmente estoy en el medio, no quiero ser tibio. Soy suizo a mucha honra, pero Argentina es el país que adopté, que elijo y reelijo. ¿Entonces? En casa gritaremos todos los goles”, sonríe pero no tanto.
La vida de Minelli en Buenos Aires está rodeada de suizos que andan de paso por Argentina, o aquellos que están arraigados al país. “Pocos saben que Suiza le debe mucho, pero mucho a la Argentina, país que le abrió sus puertas a muchos migrantes suizos que llegaron a fines del siglo XIX. ¿Sabés cuántos suizos con pasaporte viven aquí? Alrededor de 15 mil. Y como me ocurrió a mí, unos cuántos han venido de paso y se quedaron enamorados del país. Argentina gusta por ese caos permanente, Suiza es muy estructurada”, dice.
Los que frecuentan a Minelli en Buenos Aires saben de su amor por el país, su encanto por Buenos Aires, su agradecimiento a la ciudad que le permitió expandirse laboral y culturalmente, y también saben de su admiración hacia Lionel Messi y la Scaloneta: “Hay magia en el equipo, por eso me cuesta pensar sólo como ciudadano suizo. El seleccionado argentino tiene mística, tradición y algo que pocos equipos logran: contagia pasión hasta a los extranjeros“.
Ahonda en lo que siente por el capitán argentino y el técnico Lionel Scaloni. “Creo que ambos encarnan capacidad, superación, talento y buenos modales. Hay algo que vemos los extranjeros que va más allá de lo deportivo, y que tiene que ver con los valores que ellos reflejan. Scaloni representa a un líder positivo, con mucha humanidad, sensibilidad y emoción hasta cuando habla y cuando llora . Siento que es un DT que transmite coherencia y sensatez”, describe.
“Mientras que Messi -continúa- es un deportista ejemplar, que desde los inicios insistió para torcer su historia y llegar a lo más alto; es de otro mundo, hoy debe ser una de las personas más amadas del planeta. Con ellos dos como referentes, vemos a un equipo que tiene una hermandad poderosa adentro de la cancha que se expande y se hace querer. A mí como padre me gusta que mis hijos observen todo eso que transmite el fútbol argentino, porque hace escuela”.
En esta suerte de simpática “deslealtad”, el artista no quiere ser injusto con la selección de Suiza. “Se hizo un trabajo de un esfuerzo enorme logrando que el equipo deje de ser uno más del montón para transformarse en protagonista. Históricamente la Roja fue defensiva, siempre cuidó más su arco que mirar el del frente, pero desde hace un buen tiempo, gracias a una tarea colectiva de integración, a partir de su distintas migraciones, se logró un estilo de equipo, con una forma, una estructura y una personalidad definidas”.
A pesar de no ser un hombre futbolero, Minelli entiende bastante. Cuenta que lo sigue al equipo y que entre sus preferidos están “el arquero Kobel, una muy grata sorpresa que reemplazó al histórico Sommer, pero también me parece muy interesante Manzambi, una joven promesa; Xhaka, que es el capitán y líder futbolístico, y el delantero de origen dominicano Rubén Vargas”.
Pese a su actividad artística, Gian Paolo tiene herramientas futboleras. “Debe ser de familia. Mi hermano Alessandro Minelli fue futbolista profesional, jugó en primero división y entre los equipos a los que perteneció están los suizos Lucerna y Locarno, donde jugó con varios jugadores argentinos”, señala.
Entre serio y sonriente, el fotógrafo comenta que la Embajada Suiza organizó el último martes, un evento para ver el partido contra Colombia, donde los europeos clasificaron a los cuartos de final: “Fui a la embajada a ver el partido con la camiseta de Argentina, no sé, me salió naturalmente, no me parecía algo raro. Me saqué una foto y se la mandé a mis padres. Mi mamá contenta, no se fijó en ese detalle, pero mi viejo se puso loco. ‘¿Qué hacés con esa remera, sacátela? ¡Estás viendo a Suiza en la Embajada!’, me dijo enojadísimo. Entiendo que no me entienda, pero Argentina tiene la culpa”. También sostiene que tiene hermanos y sobrinas que lo miran con cara de pocos amigos.
El suizo es fanático de Lionel Messi y de la Scaloneta. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.Vuelve al partido de esta noche, que decidió ver en su casa y en familia. “Lo veré con mi mujer, que es paraguaya, y con mis tres hijos Hugo, Dante y Pietro, que le pidió a su mamá que le haga una camiseta mitad suiza, mitad argentina. No sé qué es más difícil, si el partido en sí entre ambos seleccionados o el resultado que me gustaría. Mis hijos nacieron en Argentina y adoran a Messi, y a mi me pasa algo parecido. Si pudiera elegir, jugaría hasta con Francia, antes de enfrentar a la Argentina. ¿Pronóstico? 1 a 1 y penales”, explica.
Siente que no será una dura derrota si triunfa Argentina, “y será difícil no absorber el mal trago si la que clasifica a semifinales es Suiza. Yo vivo en Buenos Aires y respiro lo que pasa en cada esquina. Como fotógrafo, como persona curiosa, me emociona ver esa pasión desenfrenada, esos abrazos espontáneos llenos de calor y lágrimas. Se me erizó la piel con los festejos del triunfo ante Egipto, fue una cosa de locos, algo que sólo había visto en Nápoles. Y estas vivencias no ocurren en Suiza, aunque las cosas han cambiado y el fútbol se masificó en ciudades como Zurich, Ginebra y Lugano”.
Hijo y nieto de napolitanas que vivieron en carne propia cómo Maradona transformó la ciudad del sur de Italia, Minelli recuerda que pudo ver en cancha a Diego una vez (“y fue inolvidable por lo emotivo”), pero en un partido jugado en Como. “Como fotógrafo, a la hora de lograr la mejor imagen, siento que Maradona es más atractivo como personaje que Messi. Hablo en términos fotográficos. ¿Por qué? Porque Diego es más humano, más terrenal, quizás más cercano a la gente. Messi es el mejor de todos los tiempos, pero un extraterrestre”, cierra.









