Pasaron 72 años de la última vez que Suiza llegó a los cuartos de final de un Mundial, instancia que protagonizará cuando enfrente a la Selección Argentina en Kansas City. También se había metido entre los ocho mejores en 1934 y 1938. Es la mejor actuación de su historia en el gran torneo del fútbol. Sin embargo, el país de los chocolates y los relojes de alta gama no es el país del fútbol y no hay gran expectativa con respecto a lo que acontezca el sábado en el Arrowhead Stadium.
En Argentina, el tramo final de la Copa del Mundo es tema de conversación en cualquier contexto e, incluso, entre quienes no son fanáticos del fútbol. Para algunos, de hecho, lo que suceda con el equipo de Lionel Scaloni será su única preocupación durante los próximos días. Se habla de esto en todos lados. En Suiza, en cambio, ni siquiera se observa en la calle referencias al torneo. Lo más cercano es una publicidad de un desodorante masculino con la figura de Erling Haaland.
¿Genera interés el Mundial en Suiza? Sí, especialmente tras los buenos resultados obtenidos por los dirigidos por Murat Yakin. ¿Es comparable con lo que por estos días se vive en Argentina? Ni por asomo. Mijael, suizo que está casado con una argentina, lo resume de la siguiente manera: “Podremos sobrevivir si perdemos el domingo”. No se equivoca con el día, ya que el encuentro comenzará a las 3 de la madrugada en el país europeo. Da a entender que en Argentina no. Y esa exageración no es tan exagerada, valga la redundancia.
Sabe la rama suiza de esa familia que no deben gritar un hipotético gol de Granit Xhaka, su máxima figura, mientras que los argentinos sí estarán habilitados a festejar como se debe un gol de Lionel Messi que le permita volver a superar a Kylian Mbappé en la tabla de goleadores o un tanto de Julián Alvarez que le haga romper la sequía y volver a ser el que fue en Qatar 2022. Es el reflejo de una sociedad y la otra, que viven el fútbol y la vida de formas muy diferentes.
El impacto del equipo de Scaloni, nunca mejor dicho de esa manera por la influencia que el DT tuvo y tiene en el ciclo más exitoso en la historia de la Selección Argentina, es de alcance global y lo confirman quienes por estos días entran a un local de indumentaria deportiva en Zúrich, Ginebra o Basilea. Se venden las camisetas del campeón del mundo, la titular y la suplente, más que la del propio seleccionado suizo. Con el 10 de Messi, obvio. Y también la remera pre-match, esa que tiene rayas celestes y azules sobre fondo blanco.
Por esos lados, hay quienes se tienen fe después de ver cómo le costó al equipo argentino vencer a Cabo Verde y todavía más a Egipto en los respectivos duelos de dieciseisavos y octavos de final. Otros, sin embargo, muestran un respeto superlativo por Messi, a quien ya sufrieron en 2014, en San Pablo, donde condujo el contraataque que terminó en el recordado gol de Ángel Di María y el pase de los dirigidos por Alejandro Sabella a los cuartos de final de aquella Copa del Mundo.
El portal SRF, siglas en suizo-alemán para Radio y Televisión Suiza (es la señal que tiene los derechos de los partidos del Mundial), combina esas dos posturas: “La brillantez de Messi es también el talón de Aquiles de los actuales campeones del mundo. Incluso con numerosos jugadores de talla mundial como Julián Alvarez, Lautaro Martínez y Enzo Fernández, el equipo sigue dependiendo demasiado del jugador de 39 años”.
Y apuntaron contra el ganador de ocho Balones de Oro. “Messi también dio muestras de que, a pesar de todo, ya no posee el talento excepcional de años anteriores. Si bien nadie tuvo más tiros al arco que él, los dos penales fallados -que, por cierto, también constituyen un récord en la Copa del Mundo- deberían ser motivo de preocupación”, lanzó el medio, que además señaló la cuestión física del crack argentino, quien viene administrando su físico para mantenerse competitivo al más alto nivel. Como para que Scaloni pegue esas líneas en el vestuario.
En otros portales como Blick o Sport.ch, en tanto, la noticia que durante horas tuvo un lugar central en su portada no tiene que ver con el Mundial sino que se trata del fallecimiento de Roland Collombin, leyenda del esquí suizo que fue subcampeón olímpico en los Juegos de Sapporo 1972. El fútbol, allí, pasa a un segundo plano, al margen de que por estos días se le prestará mucha atención.
En cualquier caso, igualmente, nadie criticará a los jugadores por perder con Argentina, el mejor seleccionado del mundo hasta que se demuestre lo contrario, ese que no queda eliminado de un torneo oficial desde 2019. Sueñan con dar el golpe, sí, pero estos cuartos de final ya son sinónimo de tarea cumplida.








