El regreso de la selección de Noruega a la Copa del Mundo luego de 28 años está dejando huella por su alto rendimiento y por el impacto cultural de sus aficionados. Un ritual coordinado e imponente se consolidó en las tribunas como la principal sensación viral entre los espectadores de todo el planeta.
Se trata del denominado “remo vikingo” o Viking Row, una coreografía colectiva en la que jugadores, cuerpo técnico y miles de simpatizantes se sientan para simular, de manera rítmica y sincronizada, el movimiento de los antiguos navegantes escandinavos.
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El festejo cobró su máxima notoriedad durante el presente certamen, alcanzando picos de masividad luego de victorias claves del conjunto europeo. Tras los triunfos ante Irak y Senegal, la recreación de esta tradición captó la atención de las cadenas televisivas y las redes sociales de manera inmediata.
El nacimiento de esta iniciativa, lejos de ser una imposición corporativa, tiene una raíz puramente popular y escolar. La idea original fue impulsada por Ole Frøystad, un maestro de una escuela ubicada en las afueras de Oslo, quien se propuso diseñar una propuesta que representara con fidelidad la identidad noruega.
El funcionamiento del ritual en los estadios
El despliegue estético del festejo se ejecuta mediante una sincronización que involucra elementos sonoros autóctonos de la región nórdica. La performance se inicia formalmente con el sonido profundo de un cuerno escandinavo, seguido por los golpes de un tambor que pauta la cadencia del movimiento de los brazos.
Los protagonistas simulan formar parte de la tripulación de un Drakkar, las legendarias embarcaciones de guerra que utilizaban los antiguos pueblos escandinavos para el desplazamiento costero y fluvial. Estos navíos dependían exclusivamente de las filas de remos situadas a lo largo de su casco cuando el viento menguaba o se requería velocidad de ataque.
La coordinación técnica y visual está a cargo de Oljeberget, el principal grupo de hinchas oficial que acompaña a la selección nacional en cada partido. Ellos se encargan de regular los incrementos de intensidad de la mímica del remo, llevando la energía de la grada desde una cadencia pausada hasta un desenlace eufórico.
Uno de los momentos más simbólicos del torneo ocurrió cuando el capitán del equipo, el mediocampista Martin Ødegaard, se aproximó a la tribuna al finalizar el partido con Senegal, tomó el bombo de la afición y comenzó a dictar el tempo del ejercicio ante la atenta mirada de sus compañeros.
La adopción de esta coreografía por parte de figuras de calibre internacional, como el delantero estrella Erling Haaland, terminó de legitimar la práctica a los ojos del mundo del deporte. Para el plantel, el ritual representa una metáfora del trabajo en equipo, donde todos deben empujar hacia el mismo sector para avanzar.







