Durante 80 años estuvo oculto. Hasta que apareció colgado en una pared de un chalet en venta en Mar del Plata y destapó una historia de película. “Retrato de una dama”, el cuadro que los nazis le robaron a un galerista judío en la Segunda Guerra Mundial, es eje de un caso judicial inédito en la historia argentina. Y existe la posibilidad de que pueda ser exhibido al público en Buenos Aires, justamente para dar un mensaje de concientización.
El juez federal de Mar del Plata, Santiago Inchausti, tiene que resolver a quién entrega el cuadro como su legítimo propietario. La obra, recuperada en septiembre del año pasado, está desde entonces bajo custodia de la Corte Suprema de la Nación. La tenían Patricia Kadgien y su esposo, Juan Carlos Cortegoso, en su casa en esa ciudad balnearia. La mujer es la hija del jerarca nazi Friedrich Kadgien, el “mago de las finanzas” de Adolf Hitler.
Ante la Justicia, argumentó que lo había adquirido una cuñada de su padre —hermana de su primera esposa— en un museo de Colonia en 1943, y que desde entonces había permanecido en su familia.
Pero quien reclama el cuadro —realizado por el pintor Giacomo Antonio Melchiorre Ceruti en el Settecento italiano— como su propietaria es Marei von Saher, la nuera de Jacques Goudstikker, el galerista a quien los nazis le expoliaron su importante colección de arte. Una pericia de expertos de la Academia Nacional de Bellas Artes corroboró que la pieza pertenecía a la galería de Goudstikker en los Países Bajos y un informe de la DAIA que ya tiene el juez también da cuenta tanto de esta situación de expolio que sufrieron los bienes del marchante como de los antecedentes de recuperación de obras saqueadas y lo enmarca como “un acto de justicia histórica y reparación moral”, más allá de la cuestión patrimonial.
En los próximos días, el fiscal debe resolver si imputa a Kadgien y a su esposo. La querella de Von Saher —representada por las abogadas Yaél Weitz y Amelia Keuning del estudio neoyorquino Freedman Normand Friedland (FNF) y los argentinos Herberto Antonio Robinson, Guillermo Brady y Juan Ignacio Pascual del estudio local McEwan— ya anticipó que pediría una imputación por separado, por los delitos de encubrimiento agravado y lavado de activos agravado y la imprescriptibilidad por conexidad con delito de lesa humanidad.
Pero mientras la Justicia resuelve, se está avanzando en la posibilidad de que la obra pueda ser vista por el público en Buenos Aires, justamente para dar un mensaje por su valor como un símbolo del expolio nazi.
En caso de que el cuadro sea restituido a Von Saher, la intención de la heredera es que permanezca por un tiempo en el Museo del Holocausto. Quizás luego lo subaste, pero si obtiene la restitución, como reclama, quiere que todos puedan verlo acá.
“Si la Justicia avanzara favorablemente y los herederos decidieran otorgarla en préstamo al museo, poder exhibirla tendría un enorme valor educativo y simbólico para las nuevas generaciones”, señaló en declaraciones periodísticas Marcelo Mindlin, presidente de dicha entidad.
Es que el valor del cuadro es muchísimo mayor que los 250.000 euros en los que fue tasado por los expertos de la academia: representa una muestra, sólo una pero más que gráfica, de los horrores del nazismo.








