del festejo de Jorgelina Cardoso y la reacción del Ogro Fabbiani

del festejo de Jorgelina Cardoso y la reacción del Ogro Fabbiani

Los clásicos no se explican: se sienten. Y en Rosario, donde el fútbol es religión y cada Central vs Newell’s se vive como una final del mundo, los héroes nacen y se consagran en una jugada. Este domingo, en un Gigante de Arroyito repleto, el destino eligió a un hijo pródigo para escribir un nuevo capítulo inolvidable: Ángel Di María, con un zurdazo impecable de tiro libre a ocho minutos del final, le dio al Canalla un triunfo que se recordará por siempre.

El escenario estaba cargado de tensión. El partido había sido cerrado, áspero, con roces y pocas situaciones de gol. Newell’s había apostado al orden y a la presión alta, mientras que Central intentaba imponer su fútbol desde los pies de Campaz y Malcorra. Pero los minutos pasaban y la sensación era que el empate se firmaba solo, sin que nadie pudiera romper el molde. Hasta que, a los 38 del segundo tiempo, una falta cerca del área visitante encendió la esperanza.

La pelota quedó a unos 25 metros del arco, perfilada para la zurda de Di María. El “Fideo” acomodó con calma, respiró profundo, y en el silencio expectante del Gigante, soltó un zurdazo perfecto que superó la barrera, hizo una curva imposible para el arquero leproso y se clavó en el ángulo, inatajable. Golazo.

El grito fue un rugido colectivo que se escuchó hasta en la ribera del Paraná. Di María, con los brazos abiertos, corrió hacia la popular y se fundió en el abrazo con sus compañeros. La leyenda que nació en ese mismo barrio volvía a brillar en el partido más esperado.

En el palco, la que gritaba era Jorgelina Cardoso, la mujer que acompañó esta aventura de Angelito en su regreso a la Argentina. Y en la cancha, Fideo se envolvía en abrazos mientras secaba sus lágrimas. Campeón del mundo en Qatar, héroe y leyenda en la mitad auriazul de Rosario.

Para Di María, este clásico tuvo un valor especial. Tras dos décadas de carrera en Europa, donde levantó Champions, ligas y hasta la Copa del Mundo con la Selección, decidió volver a su casa para cerrar el círculo. El hincha de Central lo esperaba con ansiedad, sabiendo que tarde o temprano llegaría el momento de la gloria local. Ese instante apareció en la tarde rosarina, en el partido que más duele perder y más se disfruta ganar.

El Gigante, vestido de azul y amarillo, fue el escenario ideal para la consagración. Los hinchas sabían que no era un partido más. Con 36 años y toda la experiencia encima, Di María eligió el instante justo para mostrar que su zurda sigue intacta, que su calidad es eterna y que todavía puede ser decisiva.

El gol de Di María no solo significó la victoria de Central, sino también un golpe al orgullo leproso. En un torneo parejo, con ambos equipos necesitados de puntos, este triunfo puede ser clave en lo anímico y en lo deportivo. Central volvió a imponerse en su casa y lo hizo con el sello de su máximo ídolo contemporáneo. En este torneo marcha invicto pero acumulaba tres empates en casa.

A un costado del campo, Cristian Fabbiani, DT de Newell’s, reaccionó como cualquier fanático del fútbol y admirador de la carrera de Di María. Allí no hubo camiseta ni rivalidades, el Ogro se entregó al talento del campeón del mundo.

El clásico rosarino tiene un peso único en el fútbol argentino. No importa la posición en la tabla ni los contextos: siempre se juega como una final. En esta edición, el guion quedó escrito por un hombre que ya no necesitaba probar nada, pero que igual eligió hacerlo con una obra maestra.

Cada vez que se repase la carrera de Ángel Di María, habrá capítulos brillantes en Madrid, París, Lisboa, Turín y en la Selección. Pero este gol en el clásico tendrá un lugar propio, íntimo, casi sagrado. Porque lo consiguió con la camiseta que lo formó, en la cancha que lo vio dar sus primeros pasos, y frente al rival de toda la vida.

No es casualidad que el fútbol siempre tenga guardado un instante de épica para los grandes. Di María, que ya había hecho historia en el Maracaná, en Lusail y en tantas noches de Champions, ahora suma a su colección una postal imborrable en el Gigante de Arroyito. Un golazo de tiro libre en el clásico, con la camiseta de Central.

Los hinchas lo saben: no es solo un triunfo, es un recuerdo que quedará tatuado en la memoria de todos. Rosario vibra, el clásico es de Central y el héroe es, otra vez, Ángel Di María.