Bebé Reno repele y atrae por igual gracias a la gran interpretación de Nazareno Casero

Bebé Reno repele y atrae por igual gracias a la gran interpretación de Nazareno Casero


No es un tema sencillo pero fue popular gracias a la serie que estrenó Netflix. Bebé Reno es dura y emotiva. El autor, el escocés Richard Gadd, cuenta extensamente los pequeños errores que jalonaron su vida de una manera cruda. Sobre todo el acoso que sufrió durante años por parte de una mujer 20 años mayor, que estaba obsesionada con él y que representó para el actor y dramaturgo la pérdida de su estabilidad emocional.

La obra se dio dos veces en un festival en Escocia y los primeros que tomaron el extenso texto para llevarlo a la cartelera fueron el Indio Romero como director y Nazareno Casero como protagonista. El resultado, que se puede ver todos los martes a las 20.30 en la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza (Av. Corritens 1660, CABA), es una propuesta bien planteada, con un único protagonista que va desgranando el relato, y lo hace de una manera visceral que impacta al espectador.

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En primera persona

Al principio con ambivalencia y luego con mucha textualidad, Richard, el personaje de este unipersonal, habla y se desahoga contando las peripecias que vivió en una etapa temprana de su vida y que lo marcaron a fuego, situaciones que terminan entrelazándose con el acoso que él, de alguna manera permite. Nazareno va transitando por todas estas emociones demostrando los altibajos anímicos del rol. No habrá sido fácil componerlo, y menos aprenderse una cantidad enorme de texto (que incluye a otros personajes accesorios) para llevar adelante él solo la acción.

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Romero fue sabio al incluir una pantalla gigante como fondo, sobre la que aparecen los mensajes de acoso y también los testimonios de personas cercanas a la víctima, como apoyo a la historia que están contando. En todo momento se ve la vulnerabilidad de la persona que vivió esa experiencia mientras el espectador es testigo de cómo toca fondo e intenta salir. 

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Es un sube y baja emocional que atrae y repele, porque hasta resulta increíble que una persona haya sido capaz de vulnerar a otra de la manera en que se cuenta aquí. Y que permite cuestionar cómo quienes deberían detener esta situación perjudicial aparentar estar con las manos atadas. Con un final sin conclusión, es inevitable sentir pena por Gadd y también admiración por la otra persona que se animó a corporizarlo en Buenos Aires: un joven y dúctil actor llamado Nazareno Casero.