Cuando Ezequiel García y Franco Prein imaginaron, en 2013, un proyecto que pudiera combinar la cultura argentina en una propuesta estética, lo hicieron desde un lugar más cercano a la emoción que al negocio.
No se trataba simplemente de diseñar ropa, sino de construir un universo simbólico capaz de contar una historia colectiva, la de un país atravesado por contrastes, por gestos intensos, por una sensibilidad tan reconocible como difícil de traducir.
Esa intuición inicial, casi una necesidad de decir algo sobre lo propio, se convirtió, con el tiempo, en el eje de una marca que hoy se posiciona como una de las propuestas más singulares dentro del mapa actual de la moda argentina.
Desde sus comienzos, Astor Querido se propuso trabajar sobre una idea que sus creadores definen como la “nueva argentinidad”. El término no responde a una estrategia de marketing ni a una tendencia coyuntural, sino a una búsqueda conceptual sostenida en el tiempo.
“Pensar la argentinidad implica alejarse de los clichés y de las representaciones más evidentes como los símbolos patrios, las imágenes repetidas hasta el agotamiento, para adentrarse en un territorio más complejo, donde lo cultural se entrelaza con lo emocional. En ese sentido, nuestro trabajo no intenta ilustrar lo argentino, sino interpretarlo, capturar aquello que se percibe, que se siente, que se vive en lo cotidiano y que, sin embargo, resulta difícil de nombrar”, explican García y Prein.
Nuestro trabajo no intenta ilustrar lo argentino, sino interpretarlo, capturar aquello que se siente y que resulta difícil de nombrar.
Esa sensibilidad se traduce en una serie de valores que la marca busca rescatar y resignificar. Hablamos del afecto, la cercanía, la intensidad emocional, la importancia del encuentro, el peso de la amistad y de la familia.
Un proyecto que va más allá de la ropa para contar historias a través de cada pieza.Por eso, lejos de la mirada crítica que muchas veces se impone sobre lo local, Astor Querido propone una reivindicación afectiva de aquello que nos define. No desde la ingenuidad, sino desde la convicción de que en esos gestos cotidianos como un abrazo, un beso o una sobremesa que se extiende, reside una parte fundamental de la identidad.
En ese sentido, su propuesta puede leerse como un intento de reconectar con un ADN cultural que, en el contexto globalizado, tiende a diluirse.
La construcción estética de la marca responde a esa misma lógica de profundidad. Lejos de adherir a un estilo único o fácilmente clasificable, la marca se define por su capacidad de articular referencias diversas en una narrativa coherente.
Hay, sin duda, una fuerte impronta vintage, que no responde a una nostalgia superficial, sino a una fascinación genuina por las formas, los materiales y las siluetas de otras épocas. Esa influencia se combina con elementos provenientes de universos aparentemente dispares.
“En una misma prenda pueden convivir referencias a la indumentaria gauchesca, a los uniformes de distintas décadas, a la estética de los clubes deportivos de mediados del siglo XX o a la elegancia descontracturada de ciertos personajes de la vida cultural argentina”, cuentan los creadores.
Todas sus prendas son confeccionadas con materiales nobles y telas vintage.El resultado es una estética híbrida, en la que cada pieza funciona como un collage cuidadosamente construido. Las siluetas, los juegos de volumen y las combinaciones cromáticas y táctiles obedecen a una especie de intuición, atravesada por una mirada experta. Nada es casual, detrás de cada decisión hay un proceso de investigación que se nutre de múltiples fuentes.
“El archivo, en este sentido, ocupa un lugar central. Recurrimos a fotografías históricas, a material documental, a libros especializados y a todo tipo de registros que nos permitan reconstruir escenas, personajes y atmósferas del pasado. Esta práctica no se limita a una búsqueda puntual para cada colección, sino que forma parte de un método de trabajo constante para nosotros.”
Esa relación con el archivo se materializa incluso en el espacio físico de la marca. En su local, Astor Querido alberga una biblioteca dedicada exclusivamente a la cultura argentina, donde conviven libros sobre historia, literatura, tango, deporte, pueblos originarios, indumentaria y costumbres.
Este acervo no sólo funciona como fuente de inspiración, sino también como declaración de principios, la moda, para ellos, no puede desligarse del contexto cultural en el que se inscribe. Cada prenda es, en ese sentido, el resultado de un cruce entre investigación, intuición y experimentación.
La impronta vintage atraviesa las colecciones con referencias de distintas épocas.El proceso creativo de la marca se articula a partir de dos caminos posibles, que muchas veces se entrelazan. Por un lado, hay ideas o conceptos que surgen de una inquietud específica, puede ser una época, un personaje, una escena, que luego se desarrollan a través de la búsqueda de materiales que puedan sostener esa historia.
Por otro, existen momentos en los que el punto de partida es el propio material, una tela encontrada, un color, una textura que despierta una asociación inesperada. En estos casos, es el textil el que guía la construcción del concepto, el que sugiere una historia posible.
Esta segunda vía está estrechamente ligada a una de las prácticas más distintivas de Astor Querido, la búsqueda de telas vintage. Lejos de recurrir a materiales producidos en masa, la marca se dedica a rastrear depósitos textiles en los que aún se conservan rollos de telas de décadas pasadas.
“Se trata de materiales que, por distintas razones, quedaron fuera del circuito productivo, pero que conservan una calidad y una identidad difícil de encontrar en la producción actual. Lanas, paños, gabardinas, corderoys, textiles nobles que, al ser recuperados, adquieren una nueva vida”, nos cuentan.
Lanas, gabardinas y corderoys encuentran una nueva vida en las prendas de la marca.Esta elección no es solo estética, sino también ética. En un contexto dominado por el fast fashion y por la producción acelerada, la firma propone un modelo alternativo, basado en la reutilización, la durabilidad y el respeto por los materiales.
Si bien no se definen explícitamente como una marca sostenible en términos tradicionales, su práctica implica una forma de sostenibilidad concreta al rescatar lo existente, evitar la sobreproducción, trabajar con fibras naturales y reducir la dependencia de materiales sintéticos. El compromiso con lo local se extiende también al proceso de producción.
“Todas las prendas de Astor Querido son confeccionadas en Argentina, en talleres que privilegian el trabajo artesanal y el conocimiento técnico acumulado a lo largo de los años. Colaboramos con sastres, pantaloneros y especialistas en cuero que no solo dominan el oficio, sino que también comparten una forma de entender el trabajo con dedicación, con paciencia, con un nivel de detalle que resulta difícil de sostener en esquemas productivos más industriales. En este sentido, cada prenda es el resultado de un trabajo colectivo, en el que intervienen múltiples saberes”, resaltan.
Todas las prendas son confeccionadas en talleres que privilegian el trabajo artesanal y el conocimiento técnico acumulado a lo largo de los años.
Esta decisión implica, por supuesto, una serie de desafíos. En un contexto económico complejo, sostener una producción local de calidad requiere un esfuerzo considerable.
Astor Querido apuesta por una producción que se distancia de los ritmos de la industria.Sin embargo, García y Prein se mantienen firmes en su postura de no trasladar la producción a otros países, no reducir costos a expensas de la calidad, no comprometer el concepto en función de la rentabilidad. Esta coherencia, que podría parecer arriesgada desde una lógica empresarial, es precisamente lo que define la identidad de la marca.
En términos comerciales, Astor Querido se sitúa en un lugar particular dentro del mercado. Sus colecciones no responden a la lógica de la producción masiva ni a los ritmos impuestos por el calendario de la moda. Por el contrario, se componen de piezas únicas o de ediciones extremadamente limitadas, lo que refuerza la idea de exclusividad, pero también de singularidad.
Cada prenda tiene una historia específica, una razón de ser que la diferencia del resto. Este enfoque redefine la noción de lujo, alejándola de la ostentación para acercarla a la idea de tiempo, dedicación y profundidad conceptual.
En paralelo, la marca dialoga con un fenómeno más amplio, el resurgimiento de la identidad argentina en la moda contemporánea. En los últimos años, estamos observando una proliferación de propuestas que incorporan símbolos nacionales, frases del imaginario colectivo o referencias directas a la cultura local.
Frente al avance de las tendencias, la marca mantiene una identidad propia.Si bien este movimiento puede interpretarse como una revalorización de lo propio, García y Prein advierten sobre el riesgo de banalización cuando estas referencias se utilizan de manera superficial o meramente decorativa.
Frente a esta tendencia, la firma propone una alternativa, una aproximación más profunda, menos evidente, que no se limita a la reproducción de símbolos, sino que busca explorar las capas más complejas de la identidad.
Ellos prefieren trabajar con referencias indirectas, con guiños, con asociaciones que requieren una lectura más atenta. Esta decisión no responde a una voluntad de elitismo, sino a una convicción.
Por eso, su relación con la moda, en este sentido, es deliberadamente distante. Ellos no se guían por tendencias, no responden a las bajadas de color de la temporada, no ajustan su producción a lo que dictan las pasarelas internacionales o las redes sociales.
Su lógica es otra, hacer lo que les interesa, lo que les resulta genuino, independientemente de si eso coincide o no con el momento del mercado. Esta postura implica, en ocasiones, ir a contramano, asumir el riesgo de no encajar en las categorías existentes. Pero también les permite construir una identidad sólida, reconocible, que no depende de factores externos.
La recepción del público internacional alimenta el deseo de llevar el proyecto al exterior.A pesar de las dificultades del contexto local, la marca encontró en el turismo una vía de crecimiento significativa. La apertura de su local en Palermo marcó un punto de inflexión, al permitirles entrar en contacto directo con un público internacional que valora la singularidad de su propuesta.
Visitantes de ciudades como Nueva York, París, Milán o Londres encuentran en Astor Querido una mirada distinta, una forma de entender la moda que combina narrativa, identidad y calidad. Esta recepción refuerza una idea que los diseñadores sostienen desde el inicio, que lo profundamente local, cuando es auténtico, puede tener una resonancia global.
“De cara al futuro, el desafío es expandirse sin perder esa esencia. La posibilidad de abrir un espacio en el exterior aparece como una meta concreta, no tanto en términos de crecimiento económico, sino como una oportunidad para llevar nuestra visión a otros contextos. Más que exportar productos, se trata de exportar una forma de pensar la moda, una narrativa que pone en valor lo propio”, dicen los creadores cuando le preguntamos sobre sus objetivos a futuro.
Más que exportar productos, se trata de exportar una forma de pensar la moda, una narrativa que pone en valor lo propio.
En última instancia, Astor Querido se construye como algo más que una marca de indumentaria. Es un proyecto cultural, una investigación en curso, una forma de contar la identidad a través de la materia. En cada prenda, en cada textura, en cada combinación inesperada, se escribe una historia que remite a un pasado, pero que también dialoga con el presente.









