En un contexto atravesado por la polarización política y la tensión en el debate público, el filósofo y académico Adrián Cangi autor de Sátira y política, reflexionó sobre el papel de la sátira como herramienta de transformación cultural. En diálogo con +Perfil, sostuvo que el humor crítico ha sido históricamente una forma de interpelar al poder y cuestionar sus excesos.
Durante la entrevista, el investigador analizó los límites entre la sátira y la crueldad, y profundizó sobre el lugar que ocupa el clown cuando el propio poder intenta apropiarse de ese lenguaje. Además, presentó su mirada sobre el clima social actual y el desafío que enfrenta el pensamiento crítico en la Argentina.
La sátira como herramienta de transformación
Adrián Cangi reivindicó la tradición satírica argentina como una herramienta capaz de cuestionar a los poderosos y generar cambios culturales. Para el académico, la sátira ha desempeñado históricamente un papel central en la construcción de una mirada crítica sobre el poder.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
“Nosotros tenemos una larga tradición argentina de potencias satíricas que han permitido que las fuerzas populares pudieran calar, transformar, modificar y dejar a los pretenciosos monarcas o reyes desnudos.”, afirmó, al destacar el potencial del humor como forma de intervención política y social.
Durante la entrevista, Cangi explicó que la fuerza de la sátira radica en su capacidad para desarticular los discursos de autoridad y exponer las contradicciones del poder. Desde esa perspectiva, sostuvo que el humor crítico constituye una tradición profundamente arraigada en la cultura argentina.
Sin embargo, advirtió que esa lógica cambia cuando el propio poder intenta apropiarse de los recursos satíricos. “El problema es cuando el poder se hace cargo de esto, es decir, cuando se viste de la ropa del clown.”, señaló.
El investigador consideró que, en esos casos, el humor deja de funcionar como una herramienta emancipadora para convertirse en un mecanismo de dominación y deslegitimación del otro.
Cuando el humor se convierte en crueldad
Cangi profundizó su reflexión al advertir que existe un límite ético cuando el humor abandona la crítica para transformarse en un ejercicio de violencia simbólica. “Cuando de alguna manera tiene la pretensión de hacer reír con el arte de la crueldad.”, expresó, al cuestionar aquellas formas de comunicación política que buscan la burla antes que el diálogo.
Asimismo, sostuvo que esa dinámica erosiona los vínculos sociales y afecta la convivencia democrática. “Cuando de alguna manera desfonda o desfogra los principios de composibilidad social afectiva.”, afirmó.
Finalmente, el filósofo describió el complejo escenario que atraviesa el país y vinculó esa situación con su propia experiencia profesional. “Sin duda esta realidad es espesa y dura, lo prueba cada día mi trabajo de investigador y de profesor por el que soy llamado terrorista.”, concluyó, al señalar las dificultades que enfrenta el pensamiento crítico en el debate contemporáneo.








