El jefe de Gabinete de la Argentina, Manuel Adorni, apeló a la inocencia y la pelota para capear la tormenta reputacional y judicial que lo acosa desde hace tres meses. Tras casi 100 días de silencio, el funcionario se acogió a una herramienta de la ley de “Inocencia Fiscal” que impulsó su propio Gobierno para ordenar al menos parte de sus cuentas tributarias. Y porque al fin decidió actuar, pero lo hizo cuando restaban 24 horas para el inicio del Mundial. ¿Objetivo? Que el fútbol, que tanto nos apasiona a los argentinos, eclipse todo.








