Esta es la historia de una aparición inesperada. En todo caso, de un regreso. Y del fabuloso operativo de conservación que se desató a lo largo de años para revitalizar una especie animal que se creía extinta en una región. Todo empieza en agosto de 2019, en El Impenetrable.
Allí, en el viejo reino del yaguareté, llevan más de treinta años sin ver un ejemplar. La consecuencia de la caza furtiva o de la migración por el deterioro del hábitat natural. Hasta que, impresas en el barro del río Bermejo, se detectan unas huellas grandes y profundas.
Las cámaras trampa no tardan en confirmar lo que parece imposible: un yaguareté en el monte seco. No en la espesura de la selva misionera sino en la zona más árida y castigada del noreste argentino.
Un macho solitario, joven, imponente. Ciento quince kilos de peso. El ejemplar más grande de América Latina. Su presencia enciende un plan sin precedentes en el país para devolverle al Chaco su depredador tope, su especie bandera, el espíritu perdido. Lo llamarán Qaramtá. En idioma qom, “el que no puede ser destruido” o “el indestructible”.
Monte vivo
Llegar al Parque Nacional El Impenetrable no es un viaje fácil. Primero, dos horas de vuelo desde Buenos Aires hasta Resistencia. Luego, seis horas en camioneta (preferentemente 4×4) atravesando una autopista, rutas secundarias y 80 kilómetros finales de un camino de tierra que se transforma en polvo y que serpentea por el monte chaqueño hasta llegar a La Armonía, la puerta de entrada.
Huellas de Qaramtá en la orilla del río Bermejo. Foto: Gerardo Cerón (Fundación Rewilding Argentina).Gente, casi no hay. En sus más de 130 mil hectáreas apenas viven unas diez familias como parte de la población estable del paraje. Otras noventa se encuentran desperdigadas en ranchos camuflados entre la vegetación.
Vivir aquí exige otra relación con el mundo: no hay agua corriente ni Internet constante. Tampoco caminos asfaltados. Lo que sí hay es monte. Espeso, punzante, vivo.
A dos metros no se ve nada. Ramas secas, enredaderas, espinas, cactus, palos borrachos y lianas forman un muro. Mosquitos, arañas, garrapatas, hormigas y serpientes completan el paisaje. Caminar cien metros en el monte chaqueño implica ser picado, arañado o, como mínimo, incomodado. Pero cuando la selva se abre y uno se cruza con un tapir, con un oso hormiguero o escucha el crujir del paso de un pecarí, todo el resto se olvida.
Ver un yaguareté, en cambio, es otra historia. Quienes lo han visto en libertad se consideran afortunados. Son animales sigilosos, invisibles, como si fueran parte del monte. Qaramtá no es la excepción. Para muchos, sigue siendo un mito: el macho alfa que manda en la inmensidad.
Su hallazgo planteó un problema inmediato: no había hembras. Ninguna. Entonces, por primera vez en el mundo, se intentó algo inédito: llevar una hembra criada en cautiverio al monte y lograr que se reprodujera con un macho silvestre.
La elegida fue Tania, hija de Tobuna, otro ícono de la recuperación del yaguareté en la Argentina. Se construyó un corral especial dentro del parque. Qaramtá empezó a rondarla. Día tras día. Durante semanas. El cortejo fue paciente. Natural. Salvaje.
En enero de 2021 nacieron Nalá (hembra) y Takajay (macho). En febrero de 2023, Quiyoc (hembra). Los cachorros fueron criados en recintos naturales, sin contacto humano, alimentados con presas vivas para mantener sus instintos.
Así, en 2024, Nalá y Quiyoc fueron liberadas en El Impenetrable y Takajay, en los Esteros del Iberá. Todos con seguimiento satelital.
Qaramtá también se apareó con Mbareté y nacieron Chaco y Taraguí, actualmente están en el Centro de Reproducción del Yaguareté de Iberá.
Agustina Donini es médica veterinaria y forma parte de la Fundación Rewilding Argentina. Trabaja en la Estación de Campo “El Teuco”, ubicada en el interior del Parque Nacional El Impenetrable. Su función principal es la investigación, monitoreo e investigación de la biodiversidad.
Tania, que fue liberada en El Impenetrable, con un cachorro nuevo. Foto: FRA.“El yaguareté es considerado un predador tope”, dice. “Tiene un rol fundamental para mantener el equilibrio de los espacios que habita. Caza diferentes presas, lo que permite conservar una estructura dentro de la cadena alimentaria. Genera también el movimiento de otras especies, lo que ayuda a que los ambientes se vayan desenvolviendo de manera más equilibrada. Se le llama el ‘arquitecto del monte’ por este diseño en el cual su presencia genera un cambio de comportamiento en otros animales y hasta en los seres humanos del lugar, aunque no nos demos cuenta.”
El yaguareté no es solo una especie. Es un símbolo. Para los pueblos originarios, es el hermano mayor, el guardián del monte. Los Chané lo llaman “tío”, los Qom “protector”, los Wichí lo consideran parte de la familia. Pero durante siglos, fue temido. Se lo persiguió por matar ganado. Se lo silenció. En algunos pueblos ni siquiera se pronunciaba su nombre.
Un yaguareté, víctima de cazadores, en Formosa. Foto: Archivo Clarín.El yaguareté regula las poblaciones de otras especies, evita la sobrepoblación, elimina a los animales enfermos. Su presencia indica la salud de un ecosistema.
En la Argentina, hoy queda menos del 10% de su distribución original. En el Chaco, antes de Qaramtá, había menos de una decena de individuos. Todos machos.
Un refugio a cuidar
El Impenetrable no es solo el escenario de esta historia. Es su condición de posibilidad. Es el mayor parque de bosque nativo del país. Fue creado en 2014, tras una histórica expropiación de tierras privadas.
Hasta entonces, era propiedad de la familia Roseo (fueron asesinados para quedarse con las tierras) . Hoy es refugio de especies en peligro como el tapir sudamericano, el aguará guazú, el oso hormiguero gigante, el pecarí quimilero, y desde 2019, también del yaguareté.
Rewilding Argentina trabaja allí desde hace más de una década con un objetivo claro: reconstruir un ecosistema. Reintroducir fauna extinta. Sanar relaciones. Volver a habitar.
Sofía Heinonen es la CEO de la Fundación Rewilding Argentina. “Cuando empezamos a conservar este lugar, pensamos que iba a ser el refugio de los yaguaretés y nos encontramos con que no había un solo registro. Durante años no conseguímos encontrar ni una huella”, dice.
Hasta que en agosto de 2019 hallaron las pisadas que cambiaron la historia. “Eran de un yaguareté muy grande. Fue una emoción enorme. Eso quería decir que la especie no estaba completamente extinta en la región”, relata Heinonen. “Pero sabíamos que este animal podía llegar a correr peligro si no actuábamos muy rápido.”
Selene Muller, guardaparque, pone en palabras el riesgo que amenazaba a Qaramtá: “Lamentablemente, todavía hay gente que se divierte matando un animal y sacándose una foto para mostrar su heroísmo en las redes”.
Recuerda la veterinaria Donini: “Lo que se decidió en ese momento fue empezar a trabajar en la reinserción de Qaramtá, pero en primer lugar con hembras, porque nosotros necesitábamos que pudiera empezar a reproducirse, generar descendencia y que esas crías fueran las que comenzaran a distribuirse y a ampliar el rol de depredador tope”.
El objetivo se logró con un trabajo paciente y respetuoso de los animales involucrados. “Todo lo que ocurrió con qaramtá fue surreal, como mágico. Que apareciera el macho más pesado y grande de la Argentina, conseguir que tuviera crías, que esas crías hoy estén libres, que a su vez también empiecen a tener crías… Nadie se imaginaba ver un nieto de Qaramtá en las costas del Bermejo unos años después de encontrarlo”, se emociona Donini.
“Haber sido testigo del proceso de la captura de Qaramtá, el nacimiento de Nalá en un recinto y que, al día de hoy, Nalá esté libre y que haya un cachorro nuevo genera un sentimiento de esperanza y la sensación de que este proyecto puede seguir creciendo”, completa.
Corredor de biodiversidad
El Parque Nacional El Impenetrable, dice Sofía Heinonen, sólo protege el lado chaqueño: “Está faltando la protección del lado de Formosa y un trabajo con las comunidades vecinas para que también puedan ver en los yaguaretés una producción que pueda atraer visitantes. Lo ideal sería conectar el Bañado de la Estrella (cercano a la ciudad formoseña de Las Lomitas) con el Parque Nacional y que todo esto sea un gran corredor de biodiversidad”.
Lo que está faltando, asegura, es una puesta en valor de toda la zona, que se desarrollen economías locales y que “las comunidades dejen de cazar, que es la gran amenaza hoy por hoy”.
El río Bermejo tiene un papel central en el plan. “Es un río que no se navega. Entonces nadie se da cuenta de que por momentos está a punto de quedarse sin agua. Y esto ocurre porque se están llevando el agua para regar soja, para regar cañas de azúcar, para hacer agricultura, pero necesitamos que este río siga siendo un río vivo.
Todo lo que ocurrió con Qaramtá fue como mágico. Que apareciera el macho más pesado y grande de la Argentina, conseguir que tuviera crías, que esas crías hoy estén libres y a su vez tengan crías…
Es nuestro Amazonas y no podemos dejar que se seque simplemente por desconocer que existe”, explica la directora de la Fundación Rewilding.
Qaramtá sigue rondando el Parque Nacional. Pero no está a salvo. Frecuenta el río Bermejo, que marca el límite norte del parque. Del otro lado, en Formosa, hay cazadores.
Dentro del parque, el acecho es más sutil: fragmentación, pérdida de presas, enfermedades transmitidas por perros, presión ganadera, desmontes ilegales.
Argentina protege al yaguareté por ley. Es Monumento Natural Nacional. Pero en los hechos, solo el 13% del hábitat potencial de la especie está efectivamente protegido. Y hay denuncias. Contra empresas, contra gobiernos, contra decisiones tomadas lejos del monte. Estados que autorizan desmontes en zonas rojas. Rutas construidas sin estudios ambientales. Silencio institucional.
Hoy, los cachorros de Qaramtá crecen. El monte vuelve a rugir. Nalá y Quiyoc ya están libres. Takajay camina el Iberá. Hay rutas por abrir, corredores por conectar, territorios por proteger. Lo que está en juego no es solo una especie. Es nuestra relación con lo silvestre. Con lo que no podemos controlar.
Qaramtá, “el que nada lo destruye”, sigue como un fantasma entre los quebrachales. No se deja ver. Pero está. Nos dio una segunda oportunidad. Depende de nosotros no desperdiciarla.










