Carlos Enrique ya había colgado los botines, pero se le ocurrió volver. No por la gloria, porque con Independiente ganó el torneo local, la Copa Libertadores y la Intercontinental de 1984, con la Selección Argentina la Copa América de 1991 y en River otros dos títulos domésticos. Se peleó con Daniel Passarella y se fue al club de sus amores: el ‘Granate’ de Lanús, la ciudad que lo adoptó hace más de 40 años.
Después pasó a Gimnasia y Tiro de Salta y se retiró luego de cinco partidos en Alianza Lima de Perú por la Libertadores. Pero cuando le volvió a picar el bichito, regresó en el club menos pensado: Banfield. “Je, al final jugué más en Banfield que en Lanús”, compara el Loco en una charla con Clarín en Lanús Este, el núcleo granate del Clásico del Sur que alguna vez un despechado Néstor Gorosito estimó “en un 30 por ciento” de popularidad.
Es otra escala, no es el Superclásico, pero el Loco no mancilló su reconocimiento en Granate y fue inmediatamente aceptado en el Taladro, sin importar su pasado. De cuna peronista, Enrique inaugura su carrera política en un espacio en el que convergen principalmente dirigentes enraizados en la UCR y el PJ y otras corrientes que se diferencian del kirchnerismo y los bríos libertarios. Es el número tres en la lista de candidatos a concejales por Somos Buenos Aires de Lanús.
Lo que le pasa ahora a Enrique de alguna manera es lo mismo que le ocurrió hace casi 30 años, cuando se puso la de Banfield. Es el mismo jugador, pero cambia de camiseta. “Mirá que yo sigo siendo peronista, eh”, aclara como cuando en 1996 explicaba que él era un futbolista profesional. Al Loco le brotan cuestiones relacionadas a la campaña. No está monotemático, pero de tanto en tanto recupera el proselitismo. Los números de las encuestas dicen que su espacio puede meter dos concejales y él está tercero.
Foto: Enrique García Medina – CLARIN-¿Explicaste más por Banfield o por no ir con el peronismo en las elecciones?
-Son decisiones que se toman. Soy un profesional, cuando me iba de River había hablado con (el entonces presidente Juan) De Stéfano para ir a Racing. Con San Lorenzo también, pero no se dio. Y vine a mi primer amor, a Lanús. ¿Me entendés? Si vos sos no sos peronista, sos de otro partido, pero hiciste las cosas bien, te tenemos que apoyar a vos, que me demostraste que hiciste la cosas bien para todos. De eso se trata la política. Acá no hay el fanatismo del fútbol. A mí me encanta escuchar la marcha peronista, pero me quedo con el legado del General, ¿viste? Cumplámoslo. Yo soy peronista.
-¿Sentís que vos cumplís ese legado en otro espacio?
-Sí, totalmente. Hay mucha gente del partido. El PJ está también, hay gente de las Manzaneras. ¡Eh! ¿volvemos para atrás? No, no, no volvemos. La vieja época es la que manda. No fui a Harvard, no soy economista, te lo aclaro, pero tenemos un país rico y millonario. Tenemos que volver a las bases. Ya lo dice el dicho: ‘el pueblo unido, jamás será vencido’. Mi visión hoy es Lanús.
-¿A dónde te lleva la política? ¿Querés ser presidente?
-No, no. Yo quiero ser concejal. Yo hablo con todos, hablé con (Eduardo) Duhalde, el Turco (Carlos Menem), Néstor (Kirchner)…
FOTO: ENRIQUE GARCIA MEDINA – CLARIN-¿Cuál fue el último peronista que votaste?
-Peronista, no… es una palabra muy grandiosa. Justicialista, sí. A Alberto Fernández.
-¿Qué pensás de Milei?
-…Quiero ser concejal…
-¿Quien es tu referente en política?
-El Pocho (Juan Domingo Perón). Uno queda marcado, por cómo ayudó a mi madre, a mi hermana… y de Municipios, siempre admiré a (Jorge) Ferraresi, de Avellaneda. Me gustaría un Lanús como está gestionado Avellaneda.
Más años en la función pública que como futbolista
Enrique lleva 18 años trabajando en el área de Seguridad. Llegó de la mano del ex árbitro Javier Castrilli y continuó bajo diferentes gestiones, formando parte del programa Tribuna Segura desde su creación. Si finalmente se convierte en edil de Lanús, cree que va a poder combinar las dos actividades porque no tendrá superposición horaria.
-Seguís yendo a la cancha todos los fines de semana, pero estás en Tribuna Segura. ¿Cómo está el trabajo?
-Yo dependo de Patricia (Bullrich), trabajamos muy cómodos. Yo cumplo con mi trabajo. Me llevé bien con todas las gestiones, con todas. Lo que hacemos nosotros es un mal necesario. Las decisiones después las toma la Justicia, quienes tengan que tomarla. Que yo pueda tener otra mirada es otra cosa.
-Hay algunas cosas que son de prevención, de prevención…. 50 muchachos no te pueden arruinar un espectáculo deportivo.
FOTO ENRIQUE GARCIA MEDINA – CLARIN-¿Qué harías para terminar con las barras?
-Hoy, bien o mal, estamos tranquilos. Saltó el quilombo gravísimo del otro día en Independiente, pero la gente por ahí no sabe cómo se maneja Conmebol. ¿Mirá si la Policía tiene que pedirle permiso a Conmbol para entrar a la cancha?
-Esa tranquilidad tiene más que ver con la institucionalización de las barras ‘oficiales’ que acuerdan con los organismos de Seguridad para sostener una conducta ejemplar…
-De mi lado, yo tengo buen diálogo con todos, pero hay un límite, delante mío hay una línea que nos divide. Yo hablo ¿no entendiste? bueno… La autoridad es la autoridad.
El infarto
“A mí no me la cuenta ninguno, yo camino los pasillos. Vengo del barro, sé que falta en los barrios”, dice. Ahora camina en la peatonal 9 de Julio. Hay una camioneta que tira un trailer con las gigantografías de los candidatos y ahí aparece la foto del Loco. En la boleta, no. Hoy, su preocupación pasa por ser elegido. Hace apenas unos meses, era nada menos que seguir viviendo pese a tener la certeza de que se moría.
Una mañana cualquiera, el Loco se levantó y se empezó a sentir mal. Al mediodía ya no había nadie en casa, justo cuando sintió que necesitaba ayuda porque las cosas empeoraban. Ya se sentía asfixiado. Se dio cuenta que estaba por morir, que no había más que ese instante y pensó en su familia con la certeza de que no los volvería a ver, que eso era la muerte.
El Loco Enrique, antes de recibir el alta.“Empecé con un malestar de panza y dolor de pecho. Me faltaba el aire. Salgo al fondo y hacía un frío bárbaro, pero yo transpiraba. Era la presión muy arriba. Yo duermo arriba, pero en el living armo el sofá cama cuando viene mi suegra y no lo había desarmado. Me tiro ahí a ver si me siento un poco mejor y me doy cuenta que tenía el teléfono arriba de la mesa. No llegaba a agarrarlo, no me podía levantar. Me daba vuelta todo y tenía una presión enorme en el pecho. No podía hacer nada, me entregué, me entregué. Se me puso todo borroso, parecía un perrito acurrucado”, cuenta.
-Dije ‘no me puedo cagar muriendo, no le puedo hacer esto a mi gordita, a mis hijos, a mis nietos’ y pegué un salto, como un elástico, y caminé como pude hasta la puerta de entrada y abrí. Justo salía mi vecino y le grité que llamara a una ambulancia. Lo último que me acuerdo es que agarré el teléfono y en el chat del trabajo dije: ‘manden una ambulancia a mi casa que me estoy muriendo’. Me llevaron derecho al quirófano y me pusieron dos stent. Después, cinco días en terapia intensiva.
-Sí, sí, sí… Sí. Sí… sí, sí. Mirá que yo no le tengo miedo a nada. Sí, sí. Yo dije: ‘me muero’, lo presentía, lo presentía…
-¿Nunca habías sentido algo parecido?
-Nunca había sentido una situación así. Sí en otro momento una sensación parecida, pero no fue como esto…
-Cuando falleció mi nieto…
El ‘Loco’ es bisabuelo
El Loco hace una pausa, respira hondo, se queda en silencio y se seca con una servilleta los ojos humedecidos por el recuerdo. “Yo me emociono fácil. Lloro con las películas, en los cumpleaños cuando me saluda”, se excusa. El Loco tiene 61 años y no parece.
Está impecable, incluso con los dos tabiques que le mantienen las arterias con buena circulación sanguínea. Tiene 13 nietos y cuatro bisnietos: su primer hijo ya tiene más de cuarenta años, el último 22. Dice que una de las claves de su carrera fue haber sido padre muy joven.
Pondera su paternidad precoz, haber sostenido una dieta saludable y entrenar como corresponde para explicar su carrera, pero también cuenta que empezó a fumar cuando se hizo futbolista. “De mis hermanos siempre fui el más quilombero por afano. Nadie pensaba que iba a llegar a ser profesional”, admite.
FOTO ENRIQUE GARCIA MEDINA – CLARINLa familia es un punto central. Los cuatro varones Enrique pasaron por el club Lanús. Ramón, que estuvo a punto de pasar a River pero se fracturó el peroné y su carrera se diluyó; Héctor -el Negro, campéon del mundo-; él y el menor Ruben, que no llegó a Primera.
“Siempre hablamos de los hermanos, pero mi hermana Elena era la que nos cuidaba a los cuatro. A mi padre lo veíamos los fines de semana y mi mamá laburaba todos los días de 6 y media de la mañana a las 12 de la noche en casa de familia. Quiere decir que ella se ocupaba de la olla en casa. Yo le dije: si paso a River, te regalo la casa. Y le regalé la casa. No tuvo una infancia como las chicas de su edad”, evoca.
La madre de los cinco hermanos vive en la misma casa de Lomas Verde de la época en que ninguno había trascendido en el fútbol. No sale, pero los recibe de visita. Los Enrique son ciudadanos ilustres del barrio y siempre bienvenidos.
“Ella no está acostumbrada a salir. Salía para ir a trabajar nada más. Y tiene miedo de dejar la casa sola y le entren a robar. ‘Mamá, nos llegan a robar en el barrio y me empiezo a vestir de mujer’, le digo, pero no hay caso. No sale de la casa”, dice Enrique, que también cuenta que mejor que él y sus hermanos, jugaba su padre.








