cómo fueron las horas del DT tras el “Sifonazo” de Boca contra River en el Monumental

cómo fueron las horas del DT tras el “Sifonazo” de Boca contra River en el Monumental


La escena refleja a un tipo normal, que sale de su trabajo y se reencuentra con su familia. Hay besos, abrazos y una cena. Podría ser cualquier hijo de vecino, pero se trata del técnico de Boca. Entonces, cobra mayor dimensión. Porque Claudio Ubeda no pierde la esencia. Goza del momento. Y hasta en las redes sociales, los hinchas hablan del “Sifonazo” en el Monumental, nada menos.

“Lo vivo con la misma tranquilidad que he pasado estos cinco meses. Yo soy un tipo bastante tranquilo para saber en el contexto en el que uno está trabajando y las presiones y las obligaciones que uno tiene en un club tan grande como Boca. Sabemos que son exigencias diarias y que tenemos que responder a esas exigencias todos los días”, manifestó Ubeda después de la victoria en Núñez.

Hay serenidad en ese hombre que heredó el cargo tras el fallecimiento de Miguel Angel Russo, el mentor al que siempre recuerda. Pero está claro que Boca es especial. A fin de cuentas, todo toma grandilocuencia, en el éxito y en el fracaso. Por eso el entrenador de 56 años vive el día a día, o el “paso a paso” como le enseñó Mostaza Merlo en el Racing campeón que Ubeda capitaneó en 2001. Hoy, puede ser Carlos Bianchi. Mañana, Ricardo Lavolpe. No hay términos medios.

Lo cierto es que pasó de los silbidos y los cuestionamientos a los aplausos y el reconocimiento. Ahora, el Sifón está en el mismo lugar que el 9 de noviembre de 2025, cuando ganó el Superclásico en la Bombonera con los goles de Exequiel Zeballos y Miguel Merentiel.

Como en el juego de la oca, avanzó esos casilleros después del retroceso que significó la derrota en las semifinales del Torneo Clausura ante Racing, cuando realizó el polémico cambio del Changuito. Hoy, es uno de los nueve entrenadores de la historia del club que lograron ganar sus primeros dos duelos con River.

“Todos sabemos lo que significa el fútbol argentino y la incidencia que tienen este tipo de partidos a nivel mundial. Nos pone contentos a nosotros poder haber logrado en las dos veces que los enfrentamos resultados positivos”, enfatizó.

Atrás quedaron los reproches que sufrió tras el empate 1 a 1 ante Gimnasia y Esgrima de Mendoza a orillas del Riachuelo. Cuando se retiraba de la cancha, camino al túnel, fue abucheado y hubo hinchas que pidieron su colorada cabeza. “Andate, Ubeda”, le gritaban y también se lo escribían en Instagram.

La semana pasada, en el mismo escenario, firmó un autógrafo en el medio del partido con Barcelona de Guayaquil. Boca ya tenía asegurado el resultado, ganaba 3 a 0 y un plateísta le arrojó la camiseta. El Sifón la agarró, estampó su rúbrica y se la devolvió. A diferencia de aquel duelo conlos mendocinos, se despidió entre palmas y guiñando el ojo.

Ubeda sabe que rinde examen en cada partido. Que no era el Plan A de Juan Román Riquelme. El presidente respetó la última voluntad de su amigo Russo, quien pidió por el ayudante de campo. Sin embargo, tras la mencionada caída con Racing en los playoffs del campeonato pasado, estuvo a punto de reemplazarlo.

De hecho, no lo confirmó en el cargo hasta principios de año. Marcelo Delgado, ex compañero del Sifón en la Academia, es el nexo entre el técnico y el mandamás xeneize. Finalmente, siguió más por necesidad que por convicción. Y de a poco, va sumando puntos para ganarse la continuidad y el contrato como entrenador principal. Sí, hoy Ubeda cobra como colaborador.

Foto: Maxi Failla

“Se hace querer. Es muy cercano al jugador. Su confirmación en diciembre y enero le dio más confianza y hoy se ganó esa confianza”, contó Leandro Paredes en el programa del streamer Davoo Xeneize. El capitán es un respaldo dentro de la cancha. Y basta con recordar que lo que dijo el año pasado, cuando lo comparó con Scaloni.

“Estamos felices porque lo está haciendo muy bien. Está llevando un grupo adelante, un grupo de personas también. Tenemos una relación parecida a la de Lionel, y ojalá los resultados sean parecidos a los que tuvimos en la Selección”, manifestó Paredes. Estas palabras fueron decisivas para que Riquelme.

Lo cierto es que Boca lleva 13 partidos sin derrotas. Después de la caída ante Vélez (2 a 0) el 8 de febrero en Liniers, logró 7 victorias y 6 empates con 8 vallas invictas, 17 goles a favor y apenas 5 en contra. Es decir que el equipo sacó casi el 70% de los puntos que disputó con triunfos importantes con Racing y River. Empató con San Lorenzo e Independiente.

Claudio Úbeda celebra con Juvenal Rodríguez, su mano derecha. Foto: REUTERS/Rodrigo Valle

No perdió ninguno de los clásicos, claro. Y pudo revertir la racha de visitante con tres éxitos en los últimos tres partidos (el Superclásico en Núñez, Universidad Católica en Chile y Talleres en Córdoba). Fuera de casa, ganó 4 de los últimos 5 partidos que jugó.

El Sifón hizo algunos retoques en el equipo. El principal tuvo que ver con el ingreso de Tomás Aranda, quien empezó a tener cada vez más lugar en el equipo y se corporizó en un jugador clave. Se respaldó a la defensa, se motivó a los suplentes y exigió aún más a los titulares. El mediocampo se hizo indisoluble. Y adelante, Merentiel y Adam Bareiro se transformaron en una dupla confiable.

“Por suerte, los resultados nos respaldaron y acá estamos, seguimos construyendo este equipo que va creciendo, que se siente con confianza”, reflexionó Ubeda. Por eso disfrutó la noche del domingo con su mujer y sus hijas, vestido con la misma remera azul con vivos amarillos que lució en el banco del Monumental. Lejos de las luces de la fama, de los amigos del campeón, en la intimidad, en su refugio. Con el deber cumplido y todo el éxito por delante. ¿Lo alcanzará?