“Es una historia sobre la memoria y lo traumático”

“Es una historia sobre la memoria y lo traumático”


No es una sucesión de los cuentos de Mariana Enriquez. Tampoco es una mezcla. Ni mucho menos es un nuevo cuento. La serie Mis muertos tristes, del cineasta chileno Pablo Larraín para Netflix, en realidad propone un tejido en el que se entrelazan personajes, situaciones y, sobre todo, un universo, a partir del cuento homónimo (que forma parte del libro Un lugar soleado para gente sombría, publicado por Anagrama). Sobre todo, ese universo tan enriqueciano, en el que el terror más profundo siempre nace de lo más cotidiano de la vida.

Esa fue la búsqueda inicial de Larrain: repetir la experiencia de la miniserie de terror Lisey’s Story, para Apple TV+ y desarrollada no solo a partir de la historia de Stephen King sino en conjunto con el escritor, que se sumó a escribir los guiones. Seis años más tarde, la elegida del chileno fue la autora argentina: del rey del terror a la reina del terror.

Aquí, las narraciones que se ponen en juego son “Julie”, “Un lugar soleado para gente sombría” y “Mis muertos tristes”, del su libro de ficción más reciente; y “Cuando hablábamos con los muertos”, publicado originalmente en el libro Los peligros de fumar en la cama. La adaptación estuvo a cargo de la propia Enriquez, Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y Pablo Larraín.

La trama tiene por protagonista a Ema, una médica jubilada que carga desde niña con un don (también un castigo), que le permite ver e interactuar con el alma de las personas que, tras morir en un hecho de violencia, no son capaces de asumir su fallecimiento y permanecen en esos últimos minutos de vida, en loop, enloquecidos por el desconcierto. Aunque están muertos, son capaces de atormentar a los vivos con su sufrimiento y Ema es la única que puede hablarles, serenarlos y acompañarlos un poco.

Las escenas exteriores fueron rodadas en la geografía del relato: el barrio Piedrabuena, con su comunidad de vecinos, su trazado geométrico y también la violencia que recorre los rincones en los que la historia sucede. Como siempre en las historias de Enriquez, el emplazamiento es un elemento determinante para construir el terror.

Mariana Enriquez fue dos veces jurado del Premio Clarín Novela. Foto: Maxi Failla.

Elenco excepcional

Por esas calles, circula la Ema interpretada por Mercedes Marán; su hija personificada por Dolores Fonzi, ambas al frente de un elenco excepcional integrado además por Alejandra Flechner, Carolina Sánchez Álvarez, Carlos Portaluppi, Germán de Silva y la actriz chilena Luz Jiménez.

Varios días antes del lanzamiento en la Argentina, previsto para el jueves 24 de septiembre, Mariana Enriquez, que fue dos veces Jurado de Honor del Premio Clarín Novela, dialogó con Clarín sobre esta producción desde Australia, donde vive, muy tarde allá, mientras en Buenos Aires, el día acababa de comenzar.

–La última vez que estuviste en Buenos Aires, Mis muertos tristes estaba en proceso. Ahora que ya la viste, ¿cómo te parece que se relacionaron tu universo literario con la estética de Pablo Larraín y con su manera de contar?

–Creo que hubo una comunicación increíble con Pablo. Especialmente en la creación del ambiente, que es algo que a mí me preocupaba bastante porque, por más que él sea chileno, hay algo del barrio en el que pasa la historia y de la cuestión visual de lo urbano, que yo laburo y que para mí condiciona mucho a los personajes. Es decir, esos personajes son, de alguna manera, como una respuesta a ese elemento visual y creo que él lo encontró. Y tengo que decir que eso lo encontró solo porque yo no trabajé con él en ese momento de la serie. Cómo se ve el color, cómo es la textura, esos elementos los siento muy cercanos y siento que funcionó muchísimo ahí.

–Dicen los créditos que sos productora ejecutiva de la serie. ¿Qué significó concretamente eso?

–Creo que lo que quiere decir es que tenés una posibilidad de veto. Yo vi los guiones, los cambiamos, cedimos en algunas cosas, negociamos otras, dijimos esto sí, esto no… Quiero decir, no se trata de que compraron los derechos e hicieron lo que se les canta. Compraron los derechos, pero me consultaron y, por ejemplo, aunque no participé del casting, supe siempre quiénes iban a ser las protagonistas, Pablo me contó quiénes iban a ser en cada personaje y me mandaba fotos del casting.

–Se nota que hubo un cuidado en ese aspecto porque en tus relatos, los lugares no son mirados desde un punto de vista condenatorio y eso tampoco pasa en la serie. Tampoco se los idealiza. Y ese punto medio no es tan fácil de lograr, si además no conocés el barrio Piedrabuena.

–Es que este es un suburbio muy particular, que nosotros conocemos. Quiero decir, vos me entendés enseguida si yo te digo “los monoblocs” y sabés qué no es y sabes qué es prejuicio y sabes qué tipo de mezcla social hay ahí. Me parece que Pablo Larraín lo captó muy claramente cuando no es algo tan claro. De hecho, es bastante difícil.

Fotograma de la serie de Netflix ‘Mis muertos tristes’, basada en cuentos de Mariana Enriquez con dirección de Pablo Larraín. Foto: gentileza Netflix.

–Desde el inicio, se sabía que la serie integraba varios cuentos, pero no estaba claro cómo era esa relación entre las historias. Quiero preguntarte por la escritura de la serie, sobre el modo en el que esas narraciones confluyen en una nueva historia, en la que están tus cuentos, pero no son los mismos.

–Es que este es otro relato. Cuando hablamos con Pablo la primera vez, él me dijo: “Yo quiero hacer un audiovisual que tenga como base este relato, ‘Mis muertos tristes’”. O sea, esta mujer, que tiene la capacidad de resolver una posvida de la gente. Pero además dice que, cuando lee mis cuentos, no ve solo esa historia sino que todos son un universo y que, más allá de que para mí se comuniquen o no, porque a lo mejor uno fue escrito en este momento, otro en otro, me dijo: “Yo siento que transcurren en un mismo universo y que se pueden encontrar las relaciones”. Entonces, fue armando una conexión entre la familia de ‘Mis muertos tristes’ y la hija de ‘Julie’: ¿qué pasa si esa hija en realidad la movemos un poco y pasa a estar en la misma familia de la otra narración? Y después usamos un elemento que está en otro cuento mío, pero que en realidad es de la vida real, que es la chica que se suicidó en el tanque de agua. Esa era su propuesta. “Bueno, probemos”, le dije. Porque tenía muchas ganas de trabajar con Pablo, pero también de trabajar en una colaboración, porque me parecen interesantes las adaptaciones que son muy fieles, pero también una adaptación donde un artista dice: ‘Vamos a hacer mi visión con tu texto y a ver dónde nos encontramos’. Me interesa producir un diálogo en otro sentido y quizás más audiovisual también. Me suelen decir que mis cuentos son muy visuales, pero cuando trabajo con un director, se encuentran con que las historias no son tanto una cuestión de las imágenes, sino que tienen muchísimo más de atmósfera que de trama. Sí vamos a hacer una serie de cuatro episodios sobre ‘Mis muertos tristes’ y esta mujer que ve muertos todo el tiempo, en un momento tiene que pasar algo más. Entonces fue ahí cuando él me dijo que juntáramos esas otras historias.

–No era su primera vez trabajando con un escritor.

–Él venía de hacer una serie con Stephen King sobre ‘La historia de Lisey’ en la que King escribió el guion. A mí me parece que está buena, pero no le fue tan bien. Entonces, él tenía ganas de hacer otro proyecto de serie de terror con un escritor que tuviese un universo propio en el que pudiera además incorporar su mirada. O sea, no respetando tal cual la historia, porque es otro lenguaje y él sentía que quería una mayor intervención artística en ese lenguaje. Así es que trabajamos así, con correos que iban y que venían entre todos los guionistas y funcionamos como una mesa de trabajo chica. Fue un desafío para mí y estuvo bueno.

Fotograma de la serie de Netflix ‘Mis muertos tristes’, basada en cuentos de Mariana Enriquez con dirección de Pablo Larraín. Foto: gentileza Netflix.

–Un elemento interesante de la serie es que se escapa de los lugares comunes del terror cinematográfico y de los trucos habituales. Tus libros no exploran esa clase de terror, ¿cómo dialogaron con ese aspecto, porque son dos discursos absolutamente diferentes?

–Sobre lo que iba a dar miedo no fue una cosa que nunca conversamos. Es más una historia de fantasmas y una historia de tristeza y los elementos sobrenaturales que surgieran de ahí. Sé que él habló mucho con las actrices de la cuestión de lo sobrenatural porque, por supuesto, es una historia que puede ser contada sin lo sobrenatural, puede ser también la historia de un barrio donde pasan determinadas cosas, donde hay una determinada trama política, donde una chica tiene cierto problema, pero entendíamos que tenía que ser una serie fantástica, o sea, tenía que tener elementos paranormales y entender esto como una historia que tiene que ver con la memoria, que tiene que ver con lo no resuelto, con lo traumático. Por ejemplo, él hizo todo un arco sobre el personaje de la madre de Ema, con esa actriz maravillosa también, de manera que, cuando esa mujer aparece, hay una historia muy triste, pero según avanza la serie, se revela como una señora muy dura con su hija, alcohólica y otro montón de cosas que hacen que ya no sea el fantasma que da miedo, pero tampoco es el alma en pena nada más, sino que es una persona.

–Unas palabras sobre las actuaciones. Es difícil sostener la humanidad de los personajes de una historia de terror y es un punto que está muy trabajado en tu obra. Mercedes Moran y Dolores Fonzi parecen haber sintonizado con eso.

–Es así, es muy lindo lo que hacen, es muy bueno. Cuando estábamos escribiendo, yo le decía a Pablo todo el tiempo: ‘Bájale tres cambios a Mercedes porque este es muy duro el personaje’. Y lo hizo en algunos casos y en otros no. Pero cuando vi la serie, me encantó porque en un momento tiene un punto de comedia, que es increíble, en el que afloja un poco. Me gusta eso y me parece también una personalidad muy porteña.

Fotograma de la serie de Netflix ‘Mis muertos tristes’, basada en cuentos de Mariana Enriquez con dirección de Pablo Larraín. Foto: gentileza Netflix.

–¿Te encontrás en la serie, en tanto autora de los cuentos?

–Lo entiendo como una obra en común. Distinta de los relatos. Para mí es un nuevo texto con una intervención de otros artistas, en la que sí, me encuentro en ese otro lenguaje. Y con esa traducción a otro lenguaje es algo que conozco porque el periodismo te entrena en eso de trabajar con otros. Supongo que si sos solo del palo de la literatura, tenés un vínculo con tu obra diferente al que tiene alguien que manda una nota para que te la edite alguien que puede mejorarla pero también hacerla mierda. Eso te da una gimnasia como mínimo. Debe ser rarísimo cuando no podés hacer eso. A mí me gusta la intervención y me gusta hacerla yo también. No me perturba, una adaptación es una adaptación. Y quien la hace es un lector. Vos a un lector no le podés decir que una cosa no está relacionada, que esto no es así, que esto es de otra manera. El lector es el lector y le parece lo que le parece. Entonces, cuando trabajás con una colaboración, trabajás con lectores y, en tanto lectores, ven conexiones y cosas que exceden tu voluntad. Mi texto siempre va a estar ahí y permitirme jugar con eso es algo que a mí personalmente me gusta.

La serie Mis muertos tristes puede verse en Netflix desde el jueves 24 de septiembre.