El presidente francés, Emmanuel Macron, no hará ningún discurso en las Cortes Generales en su próxima visita de Estado a España, que en este caso tocaba en el Senado. Una intervención que es una tradición parlamentaria en este tipo de eventos y que se turnan en acoger entre ambas cámaras. Fuentes del Congreso y del Gobierno al tanto de los pormenores del viaje aseguran que esta ausencia es un modo diplomático de protesta por la paralización en esta cámara por el PP del tratado de amistad y cooperación entre los dos países firmado en enero de 2023. La estancia de Macron en Madrid está prevista y organizada para los días 29 y 30 de septiembre y, durante su estancia, el presidente francés será agasajado con una cena de gala por los Reyes, mantendrá un encuentro con el presidente español, Pedro Sánchez, y citas empresariales al máximo nivel.
La embajada de Francia en España y fuentes del Palacio del Elíseo subrayan a este periódico que en ningún momento contemplaron la posibilidad de que Macron realizase un discurso en alguna de las dos cámaras. Y afirman que no estaba en la agenda del presidente de la República ni antes ni después del ofrecimiento, que habría llegado de parte de la Casa Real tras la invitación para viajar a España. En la embajada recuerdan que Macron no ha realizado este tipo de discursos en las últimas visitas de Estado en las que ha participado y que se decanta por otro tipo de agenda. En el entorno diplomático o presidencial no relacionan así abiertamente esta posición con un posible malestar por el bloqueo del tratado de amistad entre ambos países, informa Daniel Verdú.
El Senado admite que la embajada de Francia les trasladó recientemente que Macron no hablaría en el Parlamento, sin más detalles, algo que se comunicó también en el Congreso, porque esas intervenciones son habituales en las decenas de visitas de ese nivel. La anterior fue la del Papa en junio pasado, que sí habló en el Congreso. En los registros del Congreso hay constancia de dos discursos de antecesores de Macron, la del expresidente Jacques Chirac en 1999 y la de Nicolás Sarkozy en 2009.
El Congreso y el Senado se alternan en su función de acoger estos discursos tan institucionales y, en este caso, le tocaba organizarlo a la Cámara alta porque la baja ya montó el del Papa en junio, en el que efectivamente formuló una alocución inédita ante los parlamentarios de ambas cámaras.
El PP paralizó en julio la ratificación del tratado bilateral de amistad con Francia, el llamado tratado de Barcelona, que es donde se firmó, y lo recurrió incluso ante el Tribunal Constitucional porque rechaza la cláusula que figura en el artículo 2.4, en la que se prevé que un ministro español y otro francés participen recíprocamente por turno rotativo en la reunión del Consejo de Ministros del otro país, al menos una vez cada tres meses, como sucede con otras naciones de nuestro entorno.
Fuentes en el Congreso y el Gobierno al tanto de todas las gestiones del viaje aseguran que con esta decisión Macron sí pretendía evidenciar su malestar por el bloqueo del PP en esa cámara a la firma definitiva del tratado de amistad y cooperación, que el ejecutivo español suscribió casi hace tres años y que tiene que ser refrendado por las Cortes. El Congreso lo convalidó en junio pasado. Y el Parlamento francés también lo ha validado.
El pleno del Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta, no solo no lo revalidó, sino que aprobó en julio un requerimiento para que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre la constitucionalidad del acuerdo. Esa consulta al Constitucional supuso que el tratado haya quedado bloqueado en la Cámara alta y se suspenda su tramitación. El PP esgrime que podría no ser constitucional un punto del acuerdo en el que se contempla que un ministro de cada país pueda participar en los Consejos de la otra nación, con una periodicidad de al menos una vez cada tres meses. Algo que ha descartado la ponencia del magistrado del Tribunal Constitucional encargado de estudiar el texto. El magistrado del sector conservador Ricardo Enríquez no ve “ninguna contradicción con la Constitución española”. Una fórmula similar a la que Francia aplica con Alemania, Italia o Polonia, y que pretende simbolizar la estrecha relación y el carácter estratégico de la cooperación entre los dos vecinos. El PP alega que este artículo vulnera la Constitución española, que tasa la composición del Gobierno, limitándola al presidente, el vicepresidente y los ministros. Vox se ha sumado también a esas tesis que critican la imprecisión del acuerdo.
Para eliminar estos reparos, los titulares de Exteriores español y francés, José Manuel Albares y Jean-Noël Barrot, intercambiaron en abril pasado cartas interpretativas del tratado según las cuales la incorporación del ministro del país vecino se producirá siempre “en los márgenes” de la reunión del Consejo de Ministros del otro; es decir, en un encuentro ad hoc, “por separado”, y no en la reunión ejecutiva del Gobierno. El PP sigue sin estar convencido.
El Gobierno cree, por el contrario, que los escrúpulos del PP sobre la constitucionalidad del acuerdo encubren en realidad su propósito de infligir una derrota internacional a Pedro Sánchez y dejar en evidencia que no está en condiciones de aprobar ni siquiera algo tan inocuo como un tratado de amistad con Francia, aunque sea al precio de dañar las relaciones de España con el país vecino.
En Francia, esa oposición del PP no ha sentado nada bien y el asunto ya lo tuvo que abordar el presidente español, Pedro Sánchez, con Macron en la visita que realizó a París el 14 de julio como invitado al desfile de su fiesta nacional.
La visita de Estado de Macron a España se desarrollará entre el 29 y el 30 de septiembre “en el marco de las relaciones de amistad y cooperación que mantienen ambos países y del trabajo que realizan para seguir reforzando la relación bilateral en todos los ámbitos”, según el comunicado de La Moncloa.
Pedro Sánchez y Emmanuel Macron rubricaron en enero de 2023 en Barcelona un texto que se suma al histórico Tratado del Elíseo entre Francia y Alemania y al suscrito Tratado del Quirinal entre Francia e Italia, de 2021. La Moncloa ya subrayó entonces que estas alianzas entre los países sureños podrían ser un factor de equilibrio en una Europa cuyo centro de gravedad se había desplazado hacia el este y a Francia le interesaba diversificar sus alianzas.
El tratado franco-español busca estrechar la cooperación bilateral, crear instancias compartidas como consejos de ministros conjuntos y facilitar una actuación más coordinada en el ámbito de la Unión Europea. Entre los contenciosos sin resolver, figura el cierre en 2021 de una veintena de pasos fronterizos en los Pirineos. El motivo eran los controles de sospechosos de terrorismo y de inmigrantes sin papeles. Dos años después, nueve pasos siguen cerrados, pero no está previsto que en Barcelona haya un acuerdo para reabrirlos todos.









