Oriana Sabatini es conocida por todos como modelo, actriz y cantante. Además, su familia la ubicó desde temprano en el centro de la escena: es hija de Osvaldo Ova Sabatini y Catherine Fulop, y sobrina de Gabriela Sabatini. Tampoco se puede pasar por alto su matrimonio con el futbolista Paulo Dybala, con quien en marzo de este año tuvo a su primera hija, Gia.
Pero por si fuera poco, hoy a los 30 recién cumplidos, Sabatini da un giro en su carrera y debuta como escritora. Su primera novela, Podría quedarme acá, llegará a las librerías el 1° de mayo de la mano del sello Penguin Random House. La artista decide moverse hacia un registro más íntimo, donde la ficción se convirtió en un espacio para explorar sus pasiones e inquietudes más profundas.
La historia sigue a Ariana, una joven artista que, a punto de firmar un contrato con una discográfica de Estado Unidos, decide escapar a Buenos Aires. En ese quiebre, se aleja de su vida anterior y se acerca a un universo inesperado: una funeraria, donde comienza a trabajar con la preparación de cadáveres. Con un giro sobrenatural, la novela combina lo íntimo con lo fantástico.
La obra dialoga con la propia fascinación de la autora con la muerte: se formó en tanatopraxia y tanatoestética, disciplinas vinculadas a la preparación, conservación y acondicionamiento de los cuerpos para su despedida. En diálogo con Viva, la autora reflexiona sobre su proceso creativo, los cruces entre ficción y realidad y cómo la muerte, lejos de asustarla, puede abrir nuevas formas de pensar la vida.
Oriana junto a sus padres, Catherine Fulop y Osvaldo Sabatini. Foto: Instagram.-¿En qué momento apareció la necesidad de escribir un libro?
–Desde que soy muy chiquita. Siempre amé leer, desde que mi mamá me leía los cuentos en la cama. Después, desde que pude empezar a elegir yo misma qué libros quería leer, tuve una pasión por la escritura. Al contrario de lo que la gente puede llegar a pensar, en vez de arrancar a escribir canciones, toda la vida escribí más en formato de diario íntimo. Pero dejé ese deseo en el tintero por muchos años porque no sabía de qué quería escribir.
Cuando uno se pone grande vive más cosas y tiene más cosas para contar. Empecé a aprovechar el tiempo que tenía libre para hacer más cursos de escritura e ir viendo por dónde podía llegar a ir un posible libro. En realidad, empezó como un proyecto personal, casi como un desafío para mí misma, porque toda la vida había dicho que quería escribir un libro. No lo arranqué pensando que iba a terminar siendo algo que quizás alguien iba a leer. Si arrancaba de esa manera probablemente nunca lo hubiese empezado.
Oriana Sabatini cumplió un sueño y publicará su primer libro. Foto: Instagram.-Mencionaste que siempre habías tenido un deseo por escribir, pero que en un momento lo dejaste, que no te gustaba leerte. ¿Qué cambió?
-Creo que cambiaron varias cosas. Primero, uno a veces, cuando lo hace con una mirada tan exigente pierde la gracia, porque le ponés expectativas a algo que quizás ni siquiera necesita tenerlas y estás todo el tiempo pensando en qué pasaría si esto lo lee alguien.
También el empezar a escribir más seguido hizo que perdiera un poco ese miedo a: “¿Qué pasa si esto es una porquería?”. También la lectura es subjetiva, a alguien puede gustarle y a otra persona no. Pero creo que es como un músculo, cuando lo empezás a entrenar, cada vez lo hacés un poquito más seguro de vos mismo.
A través de sus redes, compartió el emotivo proceso de escritura. Foto: Instagram.-El libro tiene una carga emocional muy fuerte. ¿Cuál fue el desafío más grande a la hora de escribir?
-Vamos a hablar del elefante en el cuarto, que es que el libro tiene muchísimas cuestiones que me tocan a mí en mi vida personal. De hecho, la protagonista se llama Ariana, no es un guiño del cual quería pasar de largo, obviamente es intencional (muy cerca de Oriana). Por un lado me divierte y me voy a hacer cargo, porque un poco era la idea jugar con eso. Pero más allá de que usé experiencias mías para escribir, creo que el desafío más grande es sentarse en una página en blanco y ver qué sale, porque aunque la historia tenga o no que ver con la vida de uno, siempre estás abriendo tu universo interno.
Me encontré casi al final del proceso de escritura dándome cuenta de que muchas veces estaba deslizando por la superficie de un montón de heridas personales en las cuales no estaba indagando. Lo más desafiante era eso, darme cuenta cuáles eran esos lugares donde estaba pasando por la puntita del iceberg y pensar: “¿Qué quiero decir realmente con esto?”. Con todos esos extractos, me pasaba que los ponía en un documento aparte, los resaltaba y me obligaba a sentarme y desarrollar ese pensamiento.
Durante la escritura del libro, transitó el embarazo de su hija Gia. Foto Instagram.-¿Cuál es el aspecto de Ariana que tiene más de vos?
-Quizás un poco todo este lado sombrío de ella, que constantemente está jugando y fantaseando con la muerte. Ni hablar obviamente de toda esta cuestión de la imagen, de lo estético, de esta búsqueda constante de perfección y de tratar de llegar a un estándar que se nos exige socialmente. Creo que en eso nos parecemos un montón.
Me pasó en el proceso de escritura que al principio sí nos sentía la misma persona. De hecho, le terminé poniendo Ariana porque yo soy de Aries y mucha gente me dice: “¡Sos Ariana! Siempre sentí que era como un alter ego. En la historia arrancamos Ariana y yo en un lugar similar, no en cuanto a la situación pero sí desde lugares mentales parecidos, y después esos caminos se abrieron completamente.
Ariana constantemente está jugando y fantaseando con la muerte. En eso nos parecemos un montón.
La producción de fotos que compartió en sus redes a días de dar a luz. Foto: Instagram.-¿Qué te interesaba explorar con la tanatopraxia dentro del universo del libro?
-Entra en esta historia porque me parecía, primero, que le servía al personaje, porque Ariana es una persona que toda su vida jugó con la pulsión de muerte, con la autodestrucción. Creo que muchas veces la carrera del artista te puede llevar a lugares tóxicos, autodestructivos, y me parecía que era muy interesante la dualidad entre la vida artística y glamorosa, de la exposición, de los medios y todo lo que parece que brilla por fuera. Y, por otro lado, el trabajo completamente anónimo, que casi nadie sabe que existe, de la muerte. Es como arreglar a alguien para una última puesta en escena, en un lugar donde, a diferencia del trabajo del artista, nadie te aplaude y estás en completo anonimato.
-¿Por qué seguiste ese camino?
–A mí siempre me llamó la atención la muerte, es lo más misterioso y desconocido que hay en el mundo. Me apasiona el hecho de que no sepamos absolutamente nada de ella. También, al haber tenido depresión gran parte de mi vida, tuve una relación cercana con la muerte, porque uno lo ve como una escapatoria. No hablo de cosas graves, pero sí de tener una pulsión de muerte constantemente, de sentir que por ahí no te merecés ciertas cosas, como esa sensación de autodestrucción. Y me pareció que poder volcar esas inquietudes que tenía con la muerte en algo tangible y estar frente a frente con la muerte, me iba a ayudar a sacarlas un poco de mi propio cuerpo.
Su curiosidad por la muerte la llevó a formarse en tanatopraxia. Foto: Anthony Cao.Al haber tenido depresión, tuve una relación cercana con la muerte. Me pareció que volcar esas inquietudes en algo tangible me iba a ayudar a sacarlas un poco de mi propio cuerpo.
-¿Qué aprendiste del contacto con los cuerpos?
–Te hace ver a las personas de otra manera, porque todos vamos a terminar en esa mesa. Es muy loco. Yo ahora veo a las personas y es inevitable no imaginármelas ahí, porque quizás pasa alguien por la calle y al día siguiente puede ser esa persona la que vos estás preparando para que su familia le dé el último adiós.
Es un cliché, pero te hace valorar más la vida, te hace mirar las cosas con una nitidez diferente, con otro lente. No te voy a decir que todos los días me levanto valorando la vida porque vi 60 cadáveres, porque no es así, pero sí te hace llevar la vida con otro lente. A mí me parece hermoso el rubro de la tanatopraxia, más allá de estar en contacto con la muerte, todo el combo me parece muy interesante.
-¿Te acordás de la primera vez que viste un muerto?
-La primera vez que vi un muerto fue en el velatorio de una persona conocida. Me acuerdo de que en los velatorios yo me quería acercar al cajón constantemente, porque me llamaba la atención. Ver un cuerpo sin vida es lo más antinatural, pero también lo más natural, porque todos nacemos y morimos. Pero como vivimos negando la muerte, se vuelve algo que no queremos ni tocar ni ver ni hablar. Y yo al revés, quería acercarme.
Sin embargo, la primera vez que vi un cadáver en la mesa y sabía que lo tenía que preparar, sentí que me iba a desmayar, porque una cosa es verlo de lejos y otra es tener que manipularlo, limpiarlo.
La maternidad marcó una nueva etapa en su vida. Foto: Instagram.La primera vez que vi un cadáver en la mesa sentí que me iba a desmayar. Una cosa es verlo de lejos y otra es tener que manipularlo, limpiarlo.
-Mientras estabas escribiendo un libro tan marcado por la muerte, también estabas atravesando la maternidad. ¿Cómo convivieron esos procesos?
-Me costó en un momento porque, más allá de que la historia no sea la de uno, tenés que tocar lugares adentro tuyo que se conecten de alguna manera con eso. A lo largo de todo el proceso intenté ser lo más genuina posible con mi escritura, y tenía que ir a lugares que tocaran la muerte.
Me pasaba que me sentía completamente desconectada de ese lugar porque estaba creando vida, y porque hablar de la muerte, si bien casi el 90% del tiempo me apasiona y no me lleva a lugares oscuros, hay momentos en los que recuerdo cosas que han pasado a lo largo de mi vida que sí me llevan a lugares un poco más tristes. Es difícil cuando estás atravesando algo tan distinto, que contrasta tanto con eso lo que estás escribiendo. Me sentía un poco disociada, pero en esos momentos me daba el espacio de frenar, tomarme dos o tres días y volver un poquito más fresca.
-Después de ser madre, ¿cambió tu visión de la muerte?
-No en cuanto a la muerte en sí, pero uno empieza a pensar: “No me quiero morir nunca”, porque quiero vivir toda la vida con esta criatura que ahora tiene un lugar tan importante en mi vida. También aparece el miedo a que le pase algo a ella. Cuando sos madre, empezás a pensar en todos los escenarios catastróficos, le empezás a tener miedo a todo.
Con mi escritura tenía que ir a lugares que tocaran la muerte. Me sentía completamente desconectada de ese lugar porque estaba creando vida.
En marzo, Oriana Sabatini y Paulo Dybala se convirtieron en padres. Foto: Instagram.-¿Cómo combinás todas tus facetas: música, escritura, tanatopraxia, maternidad?
–Con mucha ansiedad (risas). Muchas veces me siento dividida a nivel emocional entre dos lugares: donde está mi marido, Italia, que hoy es mi familia, y donde está mi otra familia y mi trabajo también, Argentina. Creo que, gracias a eso, estos años tuve que encontrar realmente lo que quería hacer y me hacía feliz, porque vivir en un país y trabajar en otro, muchas veces es un lío.
De a poquito fui encontrando mi lugar en ambos lados, y eso fue a través de la tanatopraxia, a través de la escritura, a través de la música también. A mí no me gusta definirme. Yo no me considero cantante, no me considero modelo, no me considero actriz, no me considero nada: me considero una persona y basta. Y me gustaría que sea así porque me da lugar a hacer todo. Si uno no es “nada”, a partir de eso, puede convertirse en lo que quiera y ir cambiando a lo largo de los años. Nunca me gustó que se me definiera por una sola cosa.
Sabatini presentará su novela en la Feria del Libro 2026. Foto: Anthony Cao.Yo no me considero cantante, no me considero modelo, no me considero nada. Me gusta que sea así porque me da lugar a hacer todo. Nunca me gustó que se me definiera por una sola cosa.








