Acaba de llegar y ya tiene enfrente una encrucijada de difícil resolución. Los inversores esperaban con atención el discurso del nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Kevin Warsh, de este viernes en el cónclave de banqueros centrales que cada verano se celebra en Jackson Hole, en las montañas de Wyoming. El recién llegado hereda un rompecabezas endemoniado. Unas previsiones de crecimiento repletas de dudas, con una guerra en Irán sin fecha de caducidad, una inflación por encima del objetivo del 2% y un mercado de la deuda en tensión es el cóctel con el que tiene que lidiar. Ante este complejo panorama, Warsh ha echado algo de luz sobre sus próximos pasos. El economista de 56 años ha mostrado su disposición a hacer todo lo que haga falta para contener la subida de precios.
Warsh resalta su compromiso para reconducir la inflación al 2% y anuncia medidas si es necesario








