El Gobierno de Javier Milei atraviesa una coyuntura económica con señales mixtas. Por un lado, aparecen indicadores financieros más favorables: el Banco Central volvió a comprar dólares, las reservas netas se acercan al equilibrio y algunos sectores como energía, minería y agro muestran capacidad de generar divisas. Pero, por otro lado, el deterioro del consumo, la mora de las familias y la falta de empleo intensivo empiezan a tensionar la recuperación.
Así lo planteó Walter Morales, economista y presidente de Wise Capital, en una entrevista con PERFIL. Entre otras cuestiones, el analista de mercados advirtió que la mejora de la macroeconomía todavía no se traslada de manera homogénea a la economía real. “Lo que estamos viendo en la macro no tiene derrame en todo lo que es la micro”, señaló.
Según Morales, los sectores que hoy traccionan la actividad están muy concentrados geográficamente y no generan suficiente empleo masivo. En ese grupo ubicó a Vaca Muerta, la minería y las tierras raras. “Son pocos demandantes de mano de obra”, sostuvo. Para el economista, ese es uno de los problemas centrales de la actual etapa: los rubros que más crecen no necesariamente son los que más rápido pueden absorber trabajadores.
En esa línea, comparó la dinámica actual con una “economía en K”, donde algunos sectores se expanden con fuerza mientras otros quedan rezagados. “Minería, oil and gas y campo son los que menos mano de obra demandan”, explicó. Por eso, consideró que el Gobierno tomó nota del problema y que la posible salida podría venir por un plan de obras con participación privada.
“Sabemos que la construcción es muy dinamizante en el empleo de mano de obra”, señaló. Sin embargo, aclaró que el impacto no sería inmediato. A diferencia de otros momentos, donde la obra pública era ejecutada directamente por el Estado, ahora el esquema oficial apunta a proyectos iniciados y financiados por privados. “El timing de inicio es otro”, advirtió.
Las familias, al límite del sistema financiero
El diagnóstico de Morales es severo. Según el analista, la cartera de crédito irregular de las personas humanas ya roza el 4% a nivel nacional, pero en el Gran Buenos Aires, donde se concentra una proporción enorme de la población, el Banco Central registra índices que se acercan al 20%.
“Yo no quiero hablar más de mora. Están volcados, lamentablemente. Los índices de vulnerabilidad de la familia son peores que en el 2001, 2002. Esto ya después sí es grave”.

El mecanismo que describe Morales tiene una lógica compleja: cuando una persona deja de pagar, entre el traspaso a gestión legal, la negociación con estudios jurídicos y la eventual venta de la cartera, pueden pasar entre seis meses y un año. Durante ese tiempo, el deudor dispone de esa plata para consumo básico. “Es morboso, pero cuanto peor estoy, más plata me queda para gastar, porque automáticamente dejo de pagar al banco”, grafica el analista.
Eso, paradójicamente, podría generar un leve repunte del consumo en los próximos meses: no por mejora real del ingreso, sino porque familias en cesación de pagos recuperan liquidez transitoria. “Compran más leche, más huevos, más mate”, ejemplifica Morales. Pero aclara que se trata de una ilusión estadística, no de una recuperación genuina.
La macro no derrama: el problema del empleo y los sectores estrella
Uno de los núcleos del análisis de Morales es la brecha entre los sectores que crecen y los que generan trabajo. Vaca Muerta, la minería de litio y tierras raras, y el agro son los que mejor desempeño muestran, pero son también los que menos mano de obra demandan por unidad de producción.
“Son pocos demandantes de mano de obra. Y no tenés el ingreso de capitales de la economía real que sí existió en los ‘090, cuando con las privatizaciones se abrían cinco shoppings en dos semanas y se tomaban 1.500 personas por shopping entre directo e indirecto”
En paralelo, el tipo de cambio atrasado presiona sobre los sectores industriales que compiten con importaciones -textil, calzado, manufactura en general-, que son justamente los grandes tomadores de empleo. El resultado, advierte Morales, es que hay reducción de plantillas sin reemplazo: “No tenés el ingreso de capitales que compense. Y ahí tenés parte de los motivos de por qué las familias tienen terribles moras”.
Recaudación en caída y el peso de los ingresos brutos
Otro frente de tormenta es la recaudación. Morales señala que desde agosto no hubo un solo mes en que los ingresos tributarios superaran a los de la administración anterior en términos reales: nueve meses consecutivos de baja. La excepción fueron los meses del blanqueo de capitales, un instrumento extraordinario que artificialmente elevó los números.
La caída de la recaudación repercute directamente en la coparticipación que reciben las provincias. Y ahí aparece un círculo vicioso: sin fondos nacionales suficientes, los distritos se ven forzados a aumentar ingresos brutos, el impuesto más distorsivo del sistema tributario subnacional porque, a diferencia del IVA, no permite descargar lo pagado en la etapa anterior.
Recaudación en caída: advierten que el consumo y las importaciones explican el retroceso
“El ingreso bruto no tendría que existir, pero si existe que sea al menos como el IVA, que te permita descargar lo que compraste. Acá, en cambio, es un número que te va incrementando el costo en cada eslabón de la cadena y eso termina en el precio final”
Para el analista, esto representa un nuevo escollo en el camino de la desinflación que busca el gobierno: las presiones de costos provenientes del sistema tributario provincial operan en sentido contrario al ajuste que practica la Nación.
Reservas positivas, pero la incógnita de agosto
En el frente cambiario, Morales reconoce que el momento es favorable. Las reservas netas volvieron a territorio positivo -aunque por poco margen-, impulsadas por la liquidación de la cosecha gruesa, las obligaciones negociables emitidas por empresas privadas y el trigo. Pero advierte que la pregunta clave es qué pasará a partir de agosto, cuando se agoten esos flujos estacionales.
Ramiro Tosi sobre la inflación: “De acá hasta octubre seguiría por arriba del 2% mensual”
“No tenés un ingreso de capitales genuino. Tenés gente que liquida dólares porque tiene la obligación de hacerlo. Cuando se vayan los dólares de la soja, me gustaría ver un tipo de cambio que empiece a acompañar un poco la inflación”, sostuvo.
En cuanto a la inflación, Morales prevé que el año cerrará entre 31% y 33%, aunque el rango de incertidumbre es amplio. Las tensiones internacionales -guerra en Europa, costos de fletes- presionan sobre los precios de importaciones, y el tipo de cambio real bajo amenaza con agravar el déficit de la balanza comercial industrial. “Quien dice 31 y 33, te dice 29 y 35”, subraya con pragmatismo.
El dilema político: ajuste sin contención social tiene límites
Morales observa que el descontento social y la caída en imagen del gobierno, que se refleja en encuestas y en el ascenso de figuras hasta hace poco marginales, no son datos menores con elecciones a la vista. En ese marco, plantea que el ejecutivo deberá avanzar en dos frentes: un plan de obras públicas, que a diferencia del pasado sería de ejecución privada, lo que demora el impacto en el empleo, y algún esquema de flexibilización para que los bancos puedan renegociar la cartera de mora de las familias.
“El gobierno ordenó la casa y espera que vengan los invitados solos. Pero si después de dos años y medio no se dio cuenta de que nadie se viene a sentar a su mesa, por más que ponga la comida más rica, tiene un problema”, comentó.
El analista no cuestiona la orientación de largo plazo del programa económico, llámese el equilibrio fiscal, la apertura comercial, la reducción del Estado, pero sí el timing y la falta de medidas de acompañamiento. “No digo que pase del ajuste a dar. Pero tiene que ser una negociación permanente. No puede ser todo tequito, tequito, tequito”, concluye.
Su balance final apunta a una paradoja argentina: el país puede estar yendo en la dirección correcta vista desde los 15.000 kilómetros de distancia, pero la ciclotimia local, el enamoramiento con los modelos y el abandono repentino, exige que el corto plazo también se administre con inteligencia política.
“Espero que el gobierno esté tomando nota de esto para que ese esfuerzo no quede en la nada”, cerró el analista.
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