No hay que creerse todo lo que se lee. Llueve en Vichy, pero del cielo cae agua tranquila, sin gas, y nadie desayuna vichyssoise detrás de las barreras en las que cercan a los ciclistas, como si fueran ganado estúpido, y son majos los espectadores pese a que Vichy siempre se asocia al mariscal fascista Pétain, quien proclamando siempre el patriotismo, último refugio de los sinvergüenzas, entregó su país a los nazis. El día siguiente al 14 de julio no se ve ni una bandera tricolor ni nadie, ni siquiera los ganadores, habla de fútbol. La atmósfera está teñida de la melancolía a la que conduce el fatalismo bajo un cielo gris. Huele a estiércol húmedo del vecino hipódromo, pero la dulzura de la voz de Sergio Higuita, poesía paisa de la colonia Castilla, es perfume, y dolor. Tiene solo 28 años, ganó la Volta a los 24 y habla del pasado sin nostalgia y del presente oscuro que ofrece el Tour a la clase trabajadora bajo la tiranía de Pogacar y sus secuaces, capitalismo salvaje estratificado en clases incomunicadas.
Waerenskjold gana al ‘sprint’ la etapa más rápida de la historia del Tour de Francia








