“Volví a disfrutar del tenis y el día a día ya no es una pesadilla”

“Volví a disfrutar del tenis y el día a día ya no es una pesadilla”


Francisco Comesaña vive, descubre y disfruta cosas nuevas en el más alto nivel del tenis profesional desde hace un tiempo. Tras años peleándola desde abajo, en apenas un par de temporadas debutó en el circuito ATP, comenzó a jugar los torneos más importantes, se anotó un par de resonantes victorias ante top 10 y se afianzó entre los 100 mejores del ranking mundial. Y este fin de semana experimentará por primera vez lo que es ponerse la camiseta argentina y sentir desde adentro una serie de Copa Davis.

El marplatense de 24 años, 61° del mundo, será uno de los tres singlistas del equipo que enfrentará a Países Bajos en Groningen, en un duelo por la segunda ronda de los Qualifiers, que pondrá en juego un pasaje al Final 8 de noviembre. Y cumplirá un sueño que nació en el Edison Lawn Tennis Club de su ciudad natal, cuando pasaba horas golpeando la pelotita en el frontón.

“Era una de esas cosas con las que soñaba cuando era chiquito. Siempre fui de mirar mucho la Davis. Y además soy muy de sentir la bandera argentina. En Sub 12 tuve la posibilidad de jugar para Argentina un Sudamericano y me gustó y me llenó mucho. Cuando me enteré de esta convocatoria, me puse muy contento. Yo nunca fui sparring, así que es todo nuevo. Por suerte conozco a todos los chicos, me llevo muy bien con ellos y creo que va a ser una experiencia muy linda”, contó Comesaña en una charla con Clarín en la casa de Fila, la marca que lo viste, días antes de partir hacia tierras neerlandesas.

“Cuando era chico me llamaba mucho la atención la hinchada argentina, que es de la que más se hace sentir. Era otro formato. Una vez fui ball boy en una serie en Mar del Plata y estuve dentro de la cancha. (NdR: Fue en febrero de 2014, en la victoria ante Italia por la primera ronda del Grupo Mundial). Fue una sensación muy linda. Espero poder vivir algo así en esta serie”, agregó.

La chance de debutar en la Davis y convertirse en el 91° jugador en representar al país en esa competencia es un premio al enorme crecimiento que experimentó Comesaña en los últimos años, consecuencia del trabajo de toda una vida y, sobre todo, del que viene realizando desde principios de 2023 junto a Sebastián Gutiérrez, uno de los entrenadores argentinos más destacados de la actualidad.

Con Guti, que tiene también como pupilos a Sebastián Báez y a Solana Sierra, el marplatense le dio un salto de calidad a su tenis, pero sobre todo cambió su cabeza.

“El trabajo que tenía Guti cuando nos juntamos por primera vez era muy difícil, porque llegué con muchos vicios, con muchos miedos, y fue empezar de a poco a abrirme y a expresarme. La venimos llevando muy bien. Tenemos una muy linda relación, compartimos un montón de cosas y me ayuda un montón. Fui aprendiendo a mejorar como persona y dentro de la cancha“, recordó.

“Si no es todo, casi todo lo que conseguí en los últimos años es consecuencia del trabajo que venimos haciendo día a día, sin ponernos resultados como objetivos. Aunque obviamente queremos que nos vaya bien, nos enfocamos en dar el cien por ciento cada día, trabajar y disfrutar. Así las cosas se van a ir dando. Y si no se dan, iremos retocando lo que necesitemos”, continuó.

En los últimos años empecé a disfrutar de vuelta del tenis, que era lo que había perdido. Foto Prensa FILA

-¿Tanto ayuda ese enfoque a la hora de salir a la cancha?

-Cien por ciento. Porque estás más relajado y conectado con tu gente, lo que es muy importante para no sentirte solo. Porque en la cancha de tenis estás solo, pero pasan un montón de cosas, situaciones, y el hecho de estar conectados hace que podamos ir llevando mejor cada punto. Estamos muy dedicados a estar bien entre nosotros, a entrenar adentro y afuera de la cancha. Con Seba Báez este año empezamos a compartir un montón de giras. A veces alquilamos una casa y nos quedamos todos juntos y eso hace los viajes un poco más llevaderos y más divertidos.

Son pocos los momentos durante la charla en los que Comesaña está serio. La sonrisa que ya es como su marca registrada casi nunca abandona su rostro. Y es que el Tiburón, apodo que le pusieron cuando empezó a festejar sus victorias haciendo un gesto de aleta con la mano sobre su cabeza, en alusión a su lugar de nacimiento pero también a Aldosivi, club del que es hincha, realmente disfruta su vida en el circuito. Y ese es otro de los secretos de su evolución.

En los últimos años empecé a disfrutar de vuelta del tenis, que era lo que había perdido. Y creo que mis mejores partidos los he hecho disfrutando. Cuando no disfruto tanto, me cuesta un poquito más. El tenis es lo que más me gusta. Estar en la cancha es un placer para mí. Las cosas a veces salen y otras no, pero al menos estoy disfrutando, estoy feliz y el día a día no es una pesadilla“, reflexionó.

El tenista marplatense Francisco Comesaña. Foto Prensa FILAEl tenista marplatense Francisco Comesaña. Foto Prensa FILA

-¿La pesadilla fue lo que viviste durante la pandemia, cuando no podías jugar?

-Fue un momento complicado. Pasé por diferentes situaciones emocionales porque no podía jugar. Pero lo superé. Ahí me doy un poco de mérito, porque tuve varios problemas de no poder dormir o comer y estar pasándola mal. Y lo que hice fue prepararme para un torneo, salir a competir aunque no estaba entrenado, y volver a pelear cada punto hizo que de a poco fuera agarrando el ritmo de competencia y me dieran más ganas de seguir entrenando. Así lo fui superando. Al Francisco que sufría en ese momento le diría que crea, que sea una buena persona, que disfrute, que sea feliz y que dé el cien por ciento todos los días, porque las cosas se dan.

-¿Sos de bajonearte fácil? ¿Te cuesta gestionar los malos resultados?

-Los días que tengo derrotas son difíciles: me cuesta dormir porque la cabeza maquina mucho. Poder levantarme al otro día y ponerme a entrenar, plantear nuevos objetivos y ver qué podemos mejorar hace que no pierda nunca la motivación. Para los atletas, cuidar la cabeza es cien por ciento importante. Y con mi equipo vamos charlando día a día de sensaciones y frustraciones. Estamos pasando momentos muy lindos juntos, adentro y afuera de la cancha. Y nos llevamos tan bien que cuando los momentos no son tan buenos, estamos todos dispuestos a seguir entrenando, a buscarle la vuelta. Eso hace que la cabeza no se deprima.

Entre 2021 y 2023, Comesaña conquistó tres títulos del ITF World Tour y cuatro Challengers (Corrientes y Buenos Aires en 2022 y Vicenza y Liberec al año siguiente). La temporada pasada, mientras alimentaba su cosecha en esa segunda categoría (se coronó en Oeiras, gracias al que rompió en abril la barrera del top 100 por primera vez, Buenos Aires y San Pablo), comenzó a jugar torneos del circuito mayor.

En julio, su carrera hizo un click cuando en su debut absoluto en un Grand Slam y con apenas un partido jugado antes en césped, derrotó al ruso Andrey Rublev, entonces sexto del ranking, en la primera ronda de Wimbledon y se anotó su primer triunfo ATP.

En 2025 se enfocó de lleno en el máximo nivel. Jugó los cuatro “grandes” y sólo pasó el debut en Nueva York. Fue protagonista en Río de Janeiro, donde le ganó al alemán Alexander Zverev, quien era el número dos del mundo en ese momento, para llegar a semis. Se afianzó en el top 100 de la clasificación, en la que llegó a ocupar el 54° lugar a mediados de agosto. Y se convirtió en un jugador que puede dar pelea en cualquier superficie.

“Me gustan mucho los desafíos. Cuando fui a jugar en césped o en cemento por primera vez, vi como un desafío el tener que adaptarme. Así que me puse a ver videos para ver cómo se desplazaban los jugadores, cómo golpeaban la pelota… Y fui aprendiendo mucho en los últimos años. Sigo aprendiendo”, explicó.

“Compartir hoy el circuito con jugadores como Alcaraz, Sinner o Djokovic también me ayuda mucho, porque aprendo de lo que ellos hacen. Lo de Djokovic es impresionante. Cómo se sigue sosteniendo, mejorando y aguantando su edad. La mentalidad que tiene para soportar tantos partidos y esas ganas de entrar a la cancha, seguir ganando y haciendo historia, habiéndolo ganado todo. A Sinner y Alcaraz hoy los veo un pasito más arriba que muchos: están en un nivel muy alto”, agregó.

-A fines del año pasado dijiste que todavía no te sentías parte del circuito. Hace unos días se te vio cómodo en Nueva York entrenándote con Sinner y compartiendo con otros jugadores top. ¿Cambió esa sensación?

-Creo que era una lucha que tenía el año pasado de no sentirme parte. De verlo y estar ahí, pero decir: ‘No sé si puedo aguantar’. Ese fue también el salto que pude dar este año. Llegar a los torneos y sentirme parte, poder competir y no respetar mucho al de enfrente. Saber que yo tengo lo mío, que es muy bueno y defenderlo a muerte.

-¿Cuál era tu sueño cuando eras chiquito?

-Obviamente, ganar Wimbledon. Las imágenes de Federer jugando de blanco en la cancha central y que hubiera tanto silencio y que fuera todo tan perfecto me hicieron enamorar de ese torneo. Fue muy lindo poder jugarlo y encima ganar mi primer partido ahí. Hablaba de ser número uno del mundo también. De chiquito me gustaba pensar en grande.

-¿Este Francisco de 24 años sigue soñando con lo mismo?

(Piensa unos segundos) Hoy me quedo mucho con el hecho de disfrutar y hacer lo que me gusta. Quiero jugar el tenis lo más que pueda. Jugar los torneos grandes contra los mejores. Son desafíos que me gustan mucho, que ya me han tocado y que los disfruté. Aunque sigo soñando con Wimbledon y el número uno. Quién te dice que algún día tenga la suerte de cumplir esos deseos.

Del Edison a la elite del tenis

“Por el tenis dejé todo: el fútbol, el colegio, un montón de cosas… Era muy chiquito cuando dije que quería ser tenista profesional sin conocer tanto. Si hubiera sabido en ese momento todo lo que iba a tener que pasar, no sé si habría dicho que sí. No sé si hubiera estado preparado para hacerlo. Pero éste es el deporte que más amo, es un camino que elijo siempre. De chiquito veía todos los torneos, seguía mucho a Federer, a Nadal, a Djokovic, al que sigo viendo (risas). Siempre soñé con ser jugador”, reflexionó al recordar cómo arrancó su aventura con la raqueta.

A Comesaña, marplatense e hincha de Aldosivi, lo apodan Tiburón por el festejo que hace tras cada triunfo. Foto Prensa FILAA Comesaña, marplatense e hincha de Aldosivi, lo apodan Tiburón por el festejo que hace tras cada triunfo. Foto Prensa FILA

La historia de su primer contacto con una cancha es muy conocida. Francisco Aran, su mejor amigo, lo invitó a jugar en el Edison. Y Comesaña, que nació en Mar del Plata y se crió en Punta Mogotes, se hizo notar muy rápido. Tanto que Horacio Zeballos (papá de Cebolla, el mejor doblista argentino y reciente campeón del US Open) no le creía a quienes le decían que era la primera vez que el pequeño Francisco le pegaba a una pelota.

“Me contaron eso de que nadie creía que era la primera vez que agarraba una raqueta”, comentó el marplatense con una sonrisa más amplia que la habitual. “Yo fui a jugar porque mi mejor amigo, que ahora siempre me acompaña en el US Open, me dijo: ‘Che, ¿querés ir?’. Y fui. Tenía 6 o 7 años y me gustó muchísimo enseguida. Tengo alguna que otra imagen que se me cruza de estar en la cancha del Edison, que antes era de cemento, en esos primeros días”, agregó.

Y siguió: “Después todos mis amigos dejaron el tenis y yo me quedé porque me gustaba. Estaba todo el día en el club jugando en el frontón. Jugaba al fútbol, pero dejé porque no quería lastimarme y no poder jugar al tenis. Y seguí insistiendo. Un día volvieron mis amigos y ya no me pudieron ganar más. Es mi vida hoy y siempre lo fue. Siempre le dediqué el cien por ciento”.

"El tenis es y siempre fue mi vida", comentó Comesaña. Foto Prensa FILA“El tenis es y siempre fue mi vida”, comentó Comesaña. Foto Prensa FILA

Todo lo que hizo de ahí en más fue pensando en llegar a ser profesional.

Pidió que lo anoten para estudiar inglés, porque le llamaba la atención escuchar a los jugadores en ese idioma. “No te digo que soy británico, pero aprendí muchísimo. Tengo un montón de reglas básicas y justo en esta última gira estuve hablando de que quiero seguir aprendiendo y estudiando”, sostuvo.

Se saltó la etapa de junior (jugó apenas nueve torneos entre 2016 y 2017), en una decisión tomada a conciencia con su familia. “Fue más por lo económico. Decidimos hacer el esfuerzo, invertir todo directamente en profesionales y arrancar en esa etapa. Fue un camino un poquito más largo, porque quizás en junior muchos chicos se hicieron notar y a mí me costó más porque arranqué bien de atrás en los (ex) Futures. Igual estoy contento con la decisión. Costó, pero a la larga sirvió”, explicó.

A los 16 años, dejó su casa familiar y se mudó a Buenos Aires, donde vivió un tiempo en el CeNARD. Aunque esa etapa no la sufrió. “Siempre fui muy independiente: mi mamá y mi papá me criaron así. Cuando viajaba mucho de chiquito, no era de extrañar mucho. Cuando me mudé a Buenos Aires fue una experiencia nueva, pero ayudó mucho estar en el CeNARD con otros deportistas. Crecí muy rápido y aprendí un montón de cosas. Ya llevo ocho años viviendo afuera de mi casa y me voy adaptando bastante bien. Soy de cocinarme, fui aprendiendo a hacer varios platos, a limpiar, a ser ordenado… La voy llevando bien”, explicó.

"De chico pensaba en grande. Quería ganar Wimbledon y ser número 1", recordó Comesaña. Foto Prensa FILA“De chico pensaba en grande. Quería ganar Wimbledon y ser número 1”, recordó Comesaña. Foto Prensa FILA

Además, tuvo que vivir muchos años como “obrero” del tenis, peleándola en los niveles más bajos, sin demasiado apoyo y haciendo casi todo a pulmón. “Muchas veces me tocó viajar solo y buscarle la vuelta como podía, pero son etapas que hay que vivir y me dejaron cosas muy buenas. Me hace valorar más todo lo que tengo hoy, cuando puedo viajar con un preparador físico, un kinesiólogo, mi entrenador para cuidar mi cuerpo y estar bien para encarar los torneos más importantes”, recordó.

Y sentenció: “Hoy puedo decir que todo el sacrificio, todas las horas que le metí en el frontón, las horas de viaje…. todo valió la pena”.