Hay proyectos que no nacen de una decisión inmediata, sino de un llamado persistente. En el caso de Marcos Montes, ese impulso comenzó hace más de treinta años, cuando escuchó a Suma Paz rendir homenaje a Atahualpa Yupanqui en el Teatro Nacional Cervantes. Desde entonces, esa voz —la del maestro del folklore— quedó resonando como una búsqueda personal que hoy encuentra una nueva forma: el disco Un mundo guardado.
Ese recorrido, íntimo y sostenido en el tiempo, tendrá una parada especial el sábado 2 de mayo a las 20, cuando Montes presente el álbum en el Centro Cultural Borges, con entrada libre y gratuita. Será, más que un concierto, una puesta en común de aquello que el artista define como una necesidad: “pasar un mensaje, el mensaje que la tierra tiene para sus hombres y mujeres”.
Editado en 2026 por Los Años Luz Discos, el trabajo reúne canciones y poemas de Yupanqui abordados desde una sensibilidad propia. Sin reivindicarse como folklorista, Montes se acerca a ese universo desde la emoción, apoyado en la simpleza profunda de las melodías y en el peso de las palabras. Solo con su guitarra en escena —como un cantor criollo en su forma más esencial—, el artista reconstruye un repertorio que ha venido interpretando durante años, tanto en Argentina como en el exterior.
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Sin embargo, el disco propone un matiz distinto. Para la grabación, Montes convocó a los pianistas Facundo Ramírez y Gabriela Bernasconi, quienes aportan nuevas capas sonoras a clásicos como “La arribeña” o “La añera”. La producción musical, a cargo de Fernanda Morello, articula esas miradas con respeto por la obra original, pero sin renunciar a una lectura contemporánea.
El resultado es un viaje por distintos paisajes del folklore argentino —zambas, milongas camperas, huellas— que dialogan con la poesía de Yupanqui y con la propia biografía artística de Montes. Una biografía que, por cierto, no se agota en la música: con más de 50 obras teatrales y trabajos junto a figuras como Alfredo Arias o Daniel Burman, su recorrido escénico también atraviesa este proyecto.
“En la vida del artista hay largas esperas”, recordaba Yupanqui. Montes parece haber hecho de esa idea una práctica: dejó madurar durante años este repertorio antes de llevarlo al estudio. El resultado no es solo un disco, sino una forma de acercarse —sin atajos— a una de las obras más profundas de la cultura argentina.
La presentación en el Borges será, entonces, una invitación a entrar en ese mundo guardado: un territorio donde la música y la palabra todavía conservan algo esencial para decir.








