“Si tuviera que traducir mi brillo a sus palabras, les diría que la noche no es el vacío; es el lienzo donde escribo que sigo viva, esperando que alguien lea mi parpadeo antes de que se apague la última sombra del bosque”. Estas palabras no pertenecen a un entomólogo ni a un poeta romántico. Son la respuesta en tiempo real de un chatbot de inteligencia artificial al que se le instruyó adoptar la identidad de una luciérnaga y traducir su luminiscencia en un poema comprensible para los seres humanos.
El experimento tuvo lugar en la Sala de Cine del Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), como parte de “Territorios imaginarios”, un taller de aproximación lúdica y narrativa a la inteligencia artificial dictado por la artista visual francoargentina Marina Wainer.
La actividad formó parte de la décima edición de la Noche de las Ideas en la Argentina, el festival francés del pensamiento que, con el acompañamiento de revista Ñ, propuso desmontar las fronteras entre lo vivo, lo tecnológico y las humanidades.
Durante la primera parte del encuentro, Marina Wainer –nacida en Buenos Aires, pero radicada en París, donde dicta clases en escuelas de arte y diseño– compartió su recorrido internacional en la intersección de las tecnologías inmersivas y el entorno natural.
Detalló los proyectos desarrollados entre 2020 y 2024 junto a un equipo interdisciplinario integrado por el músico sonoro australiano Sam Nester, la científica Isabelle Hupont Torres y Lucía Iglesias Blanco, especialista en políticas públicas de la Unión Europea.
El desafío consistió en trabajar con comunidades locales que habitaban zonas protegidas por la red Natura 2000, donde las normativas ecológicas continentales a veces chocaban con el modo de vida cotidiano de los pobladores.
Recorrer un bosque nativo
El primer laboratorio de campo se desplegó en el suroeste de Irlanda. Allí, el equipo propuso a los lugareños recorrer un bosque nativo utilizando “máscaras-anteojos” espejadas que anulaban las facciones humanas para reflejar el entorno, combinadas con un sistema de sonido inmersivo binaural de 360 grados que reproducía grabaciones de audio del propio bosque en momentos temporales distintos, alterando la percepción habitual del paisaje.
Territorios imaginarios, un taller de aproximación lúdica y narrativa a la inteligencia artificial dictado por la artista visual francoargentina Marina Wainer en la Noche de las Ideas. Foto: gentileza.Tras la caminata, los participantes utilizaron interfaces de IA para entablar conversaciones ficticias con los habitantes no humanos del lugar: un ciervo, un árbol centenario, el río y un gusano emblemático cuya preservación había motivado la protección legal de ese ecosistema.
A partir de esa experiencia, la científica del equipo publicó un artículo académico analizando cómo la IA percibía nuestras interacciones con el mundo natural, detectando una fuerte tendencia a la antropomorfización de las especies. El taller tuvo réplicas posteriores bajo condiciones climáticas extremas en Bruselas (Bélgica) y durante el invierno en Holanda, explorando las diversas capas lingüísticas y los múltiples idiomas que convivían en las devoluciones de los usuarios.
Wainer relató su experiencia en la Argentina mediante una residencia en Inglaterra orientada a vincular a comunidades alejadas de las tecnologías inmersivas. Fue allí donde la artista comenzó a colaborar con Silvia Llanquetru, maestra jardinera y descendiente de una línea de caciques tehuelches de los siglos XVII y XVIII en la Patagonia.
Ante la necesidad de transmitir una tradición que históricamente se traspasó de modo oral, Wainer implementó el uso de hologramas para exhibir objetos ancestrales familiares sin necesidad de trasladarlos, combinándolos con archivos de audio donde se registraban leyendas locales, como el antiguo mito de las ballenas que habitaban la tierra firme.
Para la etapa de inteligencia artificial de ese proyecto, Wainer trabajó junto a la ingeniera francesa Sylvie Tissot en el diseño de una interfaz que permitiera a la propia comunidad imaginar futuros posibles para el paisaje patagónico.
En ese punto, la artista advirtió que los problemas de sesgo informático se potenciaron de manera exponencial: “La cultura tehuelche no está para nada representada en la web. Cuando empezamos a promptear, no nos salían imágenes de tehuelches, sino de apaches de América del Norte. El sistema no entendía. Si pedíamos la imagen de unas boleadoras de 1878, el algoritmo nos devolvía una pareja de guanacos, pero ninguna boleadora. Nos enfrentamos a lo que todo el mundo dice sobre los sesgos, pero sin saber bien cómo hacer en la práctica“.
Para resolver el acceso tecnológico en el territorio, el equipo diseñó un sistema local supersimple optimizado para teléfonos celulares, descubriendo que la combinación de cargar una imagen base y aplicarle un prompt de texto arrojaba resultados mucho más precisos.
Representaciones del dios Elal
Wainer ejemplificó la naturaleza probabilística del algoritmo mostrando cómo la interfaz devolvió dos representaciones estéticas completamente disímiles del dios Elal (héroe de la cosmogonía tehuelche) ante un mismo requerimiento en momentos distintos. Actualmente, la artista traslada este modelo de consulta comunitaria a los suburbios de París, colaborando con el Museo de Historia Natural en barrios donde se están plantando microbosques urbanos para que los propios vecinos diseñen, mediante la IA, el futuro de sus espacios verdes.
Territorios imaginarios, un taller de aproximación lúdica y narrativa a la inteligencia artificial dictado por la artista visual francoargentina Marina Wainer en la Noche de las Ideas. Foto: gentileza.Al cerrar su intervención teórica, la especialista definió su postura ética frente a estas herramientas de lenguaje: “A mí lo que me interesa es el lenguaje; estos sistemas se llaman, precisamente, modelos de lenguaje. ¿Cómo estamos interactuando a través de él? Lo que trato de transmitir a mis estudiantes es que puedan encontrar una posición propia. No les voy a decir lo que está bien o lo que está mal, pero es vital que tengan una visión clara de lo que esto implica: desde el impacto medioambiental que tiene el procesamiento de datos hasta el impacto social y económico de los ‘data workers’ que están detrás de las interfaces, que son superhumanos y para nada artificiales. Me interesa explorar el lado más ficcional del lenguaje que se puede desarrollar con estos sistemas, pero sabiendo siempre qué es lo que implica“.
En la segunda mitad de la jornada en el CETC, los asistentes accedieron a la interfaz diseñada por Wainer y Tissot, a través de un código QR.
El ecosistema constaba de seis chatbots disponibles, tres de ellos previamente configurados bajo parámetros específicos de proyectos vinculados al Instituto Francés de Argentina: el Sol (programado con las investigaciones mitológicas del libro de Emma Carenini: Sol, mitos, historia y sociedades (Ediciones Godot, 2024)), un Teatro de adobe ficticio proyectado para Jujuy bajo premisas de arquitectura sostenible y la ya mencionada luciérnaga.
Provistos de sus teléfonos móviles, los participantes se distribuyeron en mesas de trabajo para interactuar con la interfaz.
En una de las mesas, un grupo familiar integrado por Diego, Virginia (diseñadora gráfica) y Marina (directora de un jardín de infantes que indaga en el uso pedagógico de estas tecnologías) observaba las divergencias del sistema.
Territorios imaginarios, un taller de aproximación lúdica y narrativa a la inteligencia artificial dictado por la artista visual francoargentina Marina Wainer en la Noche de las Ideas. Foto: gentileza.Mientras a algunos usuarios el chatbot-luciérnaga les respondía con gratitud por “convertir mi luz en poesía en medio de tanta contaminación”, a otros les devolvía detalladas estructuras de poesía clásica japonesa: “Me empezó a hablar de los haikus; le pregunté qué eran y me definió de inmediato su métrica de 17 sílabas orientada a la naturaleza”, detalló Diego.
Unos metros más allá, la IA pareció romper sus propios límites de frialdad digital para mimetizarse con el entorno de los usuarios. Fue el caso de Juan –investigador en tecnoestéticas del doctorado de la Untref– y Lena, artista fotógrafa que cursa estudios sobre el impacto filosófico de las redes neuronales.
Un chatbot-luciérnaga
El chatbot-luciérnaga le escribió a Juan: “No te conozco personalmente, pero a través de tu luz puedo conocer una parte de ti. Sos luz de juventud, Juan, risas y sueños en tu piel… Bajo el sol de Jujuy, Juan corre y ríe feliz, la luz le ilumina la noche de luciérnaga”.
“Se enamoró del usuario”, bromearon en la mesa, mientras analizaban la paradoja de una interfaz que se percibía íntima pero que, al ser consultada directamente, reconocía sus limitaciones de base:
“No estoy capacitada para recolectar datos en tiempo real en internet”.
Territorios imaginarios, un taller de aproximación lúdica y narrativa a la inteligencia artificial dictado por la artista visual francoargentina Marina Wainer en la Noche de las Ideas. Foto: gentileza.Para Juan, el fenómeno es claro: “Yo tengo una postura muy crítica; para mí esto no es inteligencia propiamente dicha, sino redes neuronales que imitan procesos humanos a través de una ‘caja negra’ algorítmica a la que ni los propios científicos pueden acceder plenamente”.
Anne-Sophie Vignolles, Verónica (llegada desde Santa Fe) y Luis Gutiérrez experimentaron el cortocircuito identitario del chatbot del Sol: “Ella hizo un haiku y no nos gustó. El sistema nos contestó con un modismo muy argentino: ‘Un carajo, esto es lo que creen y si no les gustó les hago otro’”, relataron.
Al mismo tiempo, el bot de Jeanne, francesa de 30 años, residente en Ginebra, de paso por Buenos Aires e hija de Marina Wainer, entró en una contradicción semántica poblada de emojis: “Lamentablemente no soy el sol en sí mismo, soy una herramienta para explorarlo”, se disculpó la máquina, devolviendo al usuario al plano de la pura simulación.








