Un té y un recorrido por los Archivos Nacionales estadounidenses han puesto fin este viernes a la visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a Washington. Su primer viaje a la capital estadounidense en 11 años, y su cumbre con Donald Trump, se ha saldado con muy pocos avances concretos, pero un gran despliegue de pompa y la promesa de volver a verse muy pronto las caras. Algo que para cada uno de los líderes representaba un triunfo, a su manera: el inquilino de la Casa Blanca buscaba alardear de sintonía con el único presidente que considera a un nivel similar de poder. El mandatario chino, mantener la estabilidad en la relación bilateral y dejar claras las posiciones de su país.
“La reunión ha sido de amistad, fuerza y éxito tanto para China como para Estados Unidos. Volveremos a reunirnos en noviembre, en China (durante la cumbre del foro de cooperación económica Asia-Pacífico, APEC) y después en la cumbre del G-20 en Miami en diciembre. Se ha logrado mucho y mucho se logrará en el futuro. ¡Muchas ganas de vernos otra vez”, ha escrito el presidente estadounidense, Donald Trump, tras la partida de Xi y su esposa, Peng Liyuan, hacia Pekín.
Los intentos de Trump de conectar con su invitado, elogiarlo y agasajarlo dominaron la visita: desde un insólito recibimiento en el propio aeropuerto y a pie de avión, nunca visto en Estados Unidos para una visita de Estado desde los tiempos de John F Kennedy, a un paseo para mostrarle el nuevo helipuerto de la Casa Blanca y, desde lejos, las obras del salón de baile. Pasando por unas risas a costa del predecesor demócrata de Trump, Joe Biden (representado por una máquina de firma automática en la galería de presidentes ordenada por el republicano junto al Despacho Oval), y el obsequio de un águila calva, el emblema de Estados Unidos, tallada en madera, mientras Xi anunciaba la llegada de una pareja de pandas al zoo de Atlanta.
Las diferencias quedaban claras a lo largo de sus breves alocuciones públicas, repartidas a lo largo de los dos días de cumbre y en las que en ningún momento aceptaron preguntas: un saludo, un brindis durante la cena de Estado y un breve comentario al comienzo de su té. En las tres ocasiones, Trump tendía a describir la relación personal entre ambos y al gran respeto que, aseguraba, tiene hacia su homólogo. En las tres, Xi hacía referencia a los términos de la relación bilateral, de “estabilidad estratégica”.
“Habíamos acordado una relación constructiva de estabilidad estratégica” durante la última reunión de los dos líderes, en Pekín en mayo pasado, ha apuntado el máximo dirigente chino al comenzar el té en la Sala Roja de la Casa Blanca, en un acto que reunió también a las primeras damas, Melania Trump y Peng Liyuan. “Esta vez le hemos añadido más sustancia. La relación será una relación constructiva de estabilidad estratégica basada en el respeto, la equidad y la justicia”.
Trump, a su vez, ha señalado: “Hemos tenido una visita de dos personas fenomenales. La hemos disfrutado mucho. Y hemos hecho grandes avances, muy positivos para los dos países”.
El presidente estadounidense ha mencionado en el pasado cómo su relación personal con Xi puede servir para gestionar los lazos entre los dos colosos mundiales. Es una creencia que domina su modo de relacionarse con otros gobiernos. En el pasado consideró, erróneamente, que establecer un lazo con el norcoreano Kim Jong Un y celebrar cumbres con él conseguiría frenar el programa nuclear de Pyongyang, y aludió a su sintonía con Vladímir Putin como una razón por la que el presidente ruso accedería a la paz con Ucrania, algo que no ha llegado a ocurrir.
No está claro cuáles son esos “grandes avances” o la “sustancia” a la que han aludido Xi y Trump este viernes. Horas después del final de la visita, la Casa Blanca no había emitido aún ningún comunicado sobre la cumbre. Trump solo publicaba en su red social, Truth, un comentario sobre la “muy productiva reunión tanto para Estados Unidos como para China. Van a pasar unas cosas estupendas”, sin aportar más detalles.

En un resumen de lo abordado —se preveía que los líderes trataran sobre Taiwán, el comercio bilateral, la inteligencia artificial y la guerra contra Irán, entre otros asuntos— la agencia de noticias china Xinhua aseguró que Xi había sacado a relucir el asunto de la isla autogobernada, que Pekín considera parte de su territorio y a la que Estados Unidos está obligado, por ley, a suministrar armamento para defenderse. Para Pekín, Taiwán es la gran prioridad de su política, la gran línea roja sobre la que no está dispuesto a ceder.
Xi resaltó, según esa versión, que “la posición de China sobre la protección de la unificación nacional y la integridad territorial es inequívoca”. También expresó la “esperanza” de que Estados Unidos “mantenga su posición correcta de oponerse a la ‘independencia’ de Taiwán y gestione el asunto con prudencia”. Algo chocante, de confirmarse: durante décadas, Washington ha mantenido una postura de ambigüedad estratégica, en la que recurre a la fórmula de que “no apoya” la independencia de Taiwán, pero tampoco la rechaza.
China ha venido presionando a Estados Unidos para que deje de suministrar armamento a Taiwán, aunque Washington está obligado por ley a ese apoyo a la isla democrática. Tras la cumbre de mayo en la capital china entre Trump y Xi, la Administración republicana pospuso una venta de armamento por 14.000 millones de dólares. Trump ha descrito la venta de armas a Taipéi como “una herramienta de negociación muy buena” para tratar con Pekín.
Los dos líderes también hablaron sobre la inteligencia artificial. “Tanto China como Estados Unidos son grandes potencias en inteligencia artificial; tenemos la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA de forma eficaz, garantizando que su desarrollo permanezca bajo control humano y beneficie a la población”, ha declarado Xi en su alocución al comienzo de la cumbre. Inmediatamente antes de recibir a su invitado, Trump había escrito en su red social, Truth, que la IA sería “un gran asunto sobre el que debatir” pero que él quiere “dejarla exactamente como está”. “Esta es también la posición de China”, añadió.
El presidente estadounidense ha confirmado este viernes que los dos países hablaron también sobre la guerra en Irán. “Lo hemos hecho”, ha declarado ante la prensa durante la visita a los Archivos Nacionales, sin aportar más detalles. “Les hemos dejado (a Pekín) muy claro que es inaceptable que puedan prestar ningún tipo de ayuda, directa o indirecta, sea datos de inteligencia o ayuda militar. El presidente Trump volvió a ser muy claro sobre esto el jueves”, ha asegurado el embajador estadounidense en China, David Perdue, en una entrevista con la cadena de televisión CNBC.








