Cuando en julio de 2024 sobrevivió a un atentado en un mitin al aire libre en Butler (Pensilvania), el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, entonces candidato republicano a las presidenciales del siguiente mes de noviembre, tardó cinco días en contar en la Convención Nacional Republicana lo que había sentido cuando la bala de un francotirador le rozó la oreja derecha. El ataque de este sábado en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca no puede compararse a aquel; hubo disparos, pero fueron una planta más arriba del salón del hotel Hilton en el que Trump estaba. Tampoco en el tiempo que presidente se ha dado para contar lo que vivió cuando el Servicio Secreto le evacuó después de que los 2.500 asistentes a la gala escucharan como él el sonido de las balas.
Ese mismo sábado por la noche dio una conferencia de prensa de urgencia para los reporteros de la Casa Blanca, los mismos que participaban en la cena que interrumpió Cole Allen Thomas al tratar de entrar en el perímetro de seguridad armado con una escopeta, un arma y varios cuchillos para matar, como dejó escrito en una especie de manifiesto, al mayor número posible de funcionarios del Gobierno, “de mayor o menor rango”. El domingo por la mañana, Trump habló por teléfono con Fox News para decir algo que está por ver: que lo que movió a Allen fue el “odio contra los cristianos”. El día acabó con una entrevista en el programa de 60 Minutes, de CBS News.
En ese foro, el presidente de Estados Unidos describió el momento en que fue evacuado apresuradamente de la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. Dijo, abundando en la postura de las horas anteriores de defender al Servicio Secreto de las dudas sobre la eficacia de la seguridad de la gala, que fue él el que no se lo puso “nada fácil” a los agentes que corrieron a escoltarlo hacia la salida. “Quería ver qué estaba pasando”, añadió.
Pasaron 10 segundos antes de que llegaran esos agente; 20, hasta que se lo llevaron. “Nos pidieron que nos tiráramos al suelo; pretendían casi que avanzáramos a rastras… Comencé a salir caminando —bastante erguido, aunque un poco encorvado, pues, ya sabe, no quería llamar la atención—; llevaba ya recorrido cerca de la mitad del camino cuando me dijeron: ‘Por favor, tírese al suelo. Por favor, tírese al suelo’. Así que me dejé caer al piso”, explicó Trump, que dijo, en referencia a los dos atentados a los que sobrevivió durante la campaña que lo devolvió al poder, que mantuvo la calma por que ya ha “pasado por esto un par de veces antes”.
“¿Cuán preocupado estaba usted ante la perspectiva de que hubiera heridos?“, le preguntó la periodista Norah O’Donnell en la Casa Blanca. ”No estaba preocupado. Entiendo la vida en este mundo loco”, respondió. El presidente de Estados Unidos también dijo que creía la primera dama, Melania Trump, se dio cuenta antes que él que probablemente se tratara de una bala y no, como pensó él, de “una bandeja de platos que hubiera caído al suelo”.
Tras el mensaje de unidad lanzado en la conferencia de prensa del sábado, en la que mostró una sintonía mayor de la habitual con la prensa, volvió el Trump de siempre. ¿Cambiará este suceso su relación con los medios? No, dijo. “Discrepamos en muchos temas. No es tanto la prensa; es la prensa más los demócratas, porque son casi lo mismo”, añadió.
Aunque la parte más dura llegó cuando O’Donnell le leyó una parte de un manifiesto escrito por Allen, que mandó a miembros de su familia poco antes del tiroteo. Es la parte en la que el sospechoso escribe: “Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor ensucie mis manos con sus crímenes”.
Ante la lectura de esas palabras, Trump reaccionó con dureza contra la periodista. “Estaba esperando que leyera eso —sabía que lo haría—, porque ustedes son… son gente horrible. Gente horrible. Sí, él escribió eso. Yo no soy un violador. ¿Violar a quién? Tampoco soy un pedófilo. Usted lee esa basura de alguna persona enferma, pero son cosas que no tienen absolutamente nada que ver conmigo. Fui totalmente exonerado. Sus amigos del otro lado del espectro político son los que estuvieron involucrados con [el millonario Jeffrey] Epstein”, dijo, en referencia a los demócratas. “Debería avergonzarse de sí misma por leer esas cosas, porque yo no soy ninguna de esas cosas. No debería estar leyendo eso en 60 Minutes. Es una vergüenza; pero adelante. Terminemos la entrevista”.
Esta acabó con el presidente pidiendo a la reportera que insistiera a sus compañeros de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, organizadora de la gala, que la organizaran de nuevo en un plazo de 30 días. “Habrá aún más seguridad —una seguridad perimetral reforzada— y todo saldrá bien. Pero diles que lo hagan de nuevo. No podemos permitir que suceda algo así, que alguien como ese tipo decida que algo no va a celebrarse. Estoy muy ocupado, pero creo que es sumamente importante que lo hagan otra vez”, sentenció.







