Alejandro Papu Gómez está a punto de superar una de las peores etapas de su carrera futbolística: en pocos días, cumplirá los dos años de sanción que le impuso la FIFA por un doping positivo y tiene decidido volver a las canchas. El campeón del mundo con la Scaloneta jugará en el Calcio Padova de la Seri B de Italia. Y, tras un largo tiempo de reflexión tiene mucho para decir. ¿Qué? La sanción, Scaloni, Messi y los que desaparecieron tras la suspensión…
Papu repasó su relación con Scaloni, que muchos ubican en la Selección como punto de partida, aunque su historia con el DT arrancó mucho antes de que se encontraran en el equipo nacional: “Cuando llegué al Atalanta estaban el Tanque Denis, Maxi Moralez y Scaloni, que estaba medio pintado”.
“Leo tenía 36, venía de la Lazio, y ya en el Atalanta había tenido quilombos: lo habían separado, lo querían limpiar, pero se entrenaba con nosotros”, recordó. Además, destacó la actitud paternalista que tuvo el luego DT de la Selección desde que lo conoció: “Fue la persona que me ayudó desde el primer día con todo: a comprar auto, a buscar casa. Vivíamos al lado e íbamos todos los días juntos a entrenar. Se entrenaba a morir, un personal extraordinario”.
“En ese momento ya buscaba ser técnico. El primer curso que hizo, el UEFA C, lo hizo en Bérgamo con tres o cuatro compañeros grandes que estábamos en ese momento”, reveló Papu.
Gómez da su diagnóstico sobre la receta que llevó al éxito a Scaloni: “Es muy cercano al jugador, y eso al futbolista le gusta: te va de frente y no dice boludeces. Los resultados empezaron a llegar y eso generó un ambiente de armonía”.
Además, habló de la clave para hacer brillar a Messi: “En la parte de gestión fue muy vivo e inteligente. Hizo una renovación muy buena en la Selección después de Rusia 2018, con chicos que tenían mucho hambre. Rodeó bien a Leo con jugadores talentosos que se iban a matar por él”.
La charla de Papu se dio en un programa que se emite por Youtube que se llama De visitante, donde comparten todo el día con una figura.
Allí contó cómo atravesó estos dos años sin jugar por la suspensión que recibió tras ser campeón del mundo con la Selección Argentina en Qatar: “Los primeros meses fueron duros. No entendía por qué me pasaba a mí, justo en mi mejor momento, después de haber ganado un Mundial. La vida te da estas sorpresas y la pasé mal. Tenía bronca con todo: con el fútbol, con el sistema. No me hago la víctima, la responsabilidad fue mía. El boludo fui yo, que tomé un jarabe para la tos de mi hijo que no podía tomar. Pero tampoco para haberme comido dos años de suspensión. Tomás cocaína o fumás un porro y te dan cuatro meses, seis meses”.
“La parte en la que no se toca la pelota es la más fea. Son las cosas que a uno no le gusta hacer, pero las tiene que hacer. Es la parte más sacrificada del fútbol: hay que correr y estar bien físicamente. No es lo mismo correr con un grupo que hacerlo solo en una cancha”.
“Ahora me toca volver a vivir lo de antes: pasto alto, agujeros, lluvias, fríos. Es la parte más difícil. Pero también es un poco el amor por el fútbol, la esencia de jugar en el barrio y con tus amigos. Es volver a conectar con este parate”.
Ahora que está feliz, Papu recordó que en los primeros tiempos ni siguiera podía ver un partido de fútbol: “Me costaba verlo, apagaba las noticias. Me aislé, trabajé con psicólogos y conmigo mismo. Era un bucle del que no podía salir, pero de a poco pude levantarme”.
Sin dar nombres, Alejandro Gómez contó que tiene claro quiénes lo acompañaron y quiénes no en su mal momento: “Me sorprendió la gente que desapareció, no los culpo, y también me sorprendieron otros para bien: personas que jamás habían estado y de repente aparecieron. Conocí más gente en estos dos años como exjugador que en los seis que estuve en Atalanta”.








