Cecilia Liliana Morales (48) estaba en el taller de alfarería cuando alguien vino a buscarla. Fue esa noche cuando supo que podría dejar la Unidad Penal N° 47 después de 570 días de encierro.
La mujer estuvo detenida desde el domingo 23 de marzo de 2025 luego de la muerte de su marido, Alcides Jorge Junco (58). Ese día, cerca de las 18, él regresó a la casa que compartían en la calle Condarco al 2000 de Mariano Acosta e inició una discusión. El episodio de violencia terminó cuando ella lo apuñaló -según la justicia- para defenderse.
En marzo de 2026, el Tribunal en lo Criminal (TOC) N° 4 de Morón la condenó a 15 años de prisión por el delito de homicidio agravado por el vínculo cometido mediando circunstancias extraordinarias de atenuación. Es decir, entendió que había un contexto de violencia de género y por eso no le impuso la perpetua.
Ahora, la Sala IV del Tribunal de Casación Penal bonaerense, integrada por los camaristas Mario Eduardo Kohan y María Florencia Budiño, la absolvió al considerar que actuó en legítima defensa, cuestionó la falta de perspectiva de género del tribunal de primera instancia y tomó en cuenta el contexto de violencias previas que había sufrido Cecilia de parte de su exmarido.
Cecilia declaró en el juicio y contó que, la noche anterior a la muerte había salido con su marido. Una de las formas de violencia en la pareja tenía que ver con encuentros sexuales que él pactaba con otros hombres a través de una página web y a los que ella debía asistir. “Si decía que no me molía a golpes”, recuerda.
Esa noche, algo había pasado, y ese encuentro no se concretó. “Yo sabía que él estaba así porque lo que había pasado el día anterior se había frustrado para él. Como yo no quería discutir, entonces le dije que no quería hacer más, no quería tener más relaciones con ningún hombre“, declaró sobre el inicio de la discusión.
“Él sale corriendo atrás de mí, así como se levantó de la cama. Y me agarra de atrás, me tira al suelo y no sé con qué me golpeaba la cara, no sé si con el puño o con una piedra, eso no lo sé. Yo entro y voy para el baño. Y cuando entro al baño, me agarra dos veces del cuello, me asfixia y me quedo sin aire y la segunda me suelta”, siguió relatando la secuencia a las horas del hecho.
“En eso voy para la cocina y viene él agarra la cuchilla que yo estaba usando para hacer la comida de los perros y me daba acá las piernas. Forcejeamos y en ese forcejeo yo se la logro sacar, y ahí es cuando yo tenía la cuchilla que se me va encima y bueno, se le clavaba en el corazón. Y cuando pasa eso creo que cayó y yo en ese momento no me di cuenta de que se le había clavado en el corazón la cuchilla”, describió la secuencia fatal.
La mujer declaró que su marido la obligaba a tener sexo con otros hombres.De acuerdo a lo expuesto en el juicio, la pareja tenía un vínculo “profundamente conflictivo y espiralizado en la violencia”.
Por su parte, Junco dirigía la Fundación Pascua, un centro de tratamiento de adicciones donde se desempeñaba como acompañante terapéutico. Se habían conocido tres años antes cuando ella, que es masajista, atendía a un paciente con discapacidad que asistía al centro.
Entre el alivio y el miedo
Fue el martes que le notificaron de un aviso de Casación. Cecilia, que pasó por comisarías de Morón y cumplió la mayor parte de su condena en Unidad 47 del Penal de San Martín, recibió la libertad “de un momento a otro”.
Junco se desempeñaba como acompañante terapéutico.Abrazó a su hijo, lloró todavía sin creer lo que estaba pasando: “Ese día no pude dormir, me quedé con mi hijo hablando hasta las cuatro de la mañana. Recién caigo que estoy acá. Todavía no quiero salir porque todavía tengo miedo”, le cuenta Cecilia a Clarín desde su casa de Mariano Acosta, en Merlo.
Si bien se encuentra en su hogar, Cecilia tiene “miedo”. No quiere salir sola porque viven en el mismo barrio que los operadores del centro en el que trabajaba Junco. Y también familiares que sabían que era víctima de violencia, pero que no hicieron nada para ayudarla.
“Cuando pasó esto, mi casa la querían incendiar y me da un poco de fobia, de miedo salir a la calle por si esta gente me quiere hacer algo”, le confesó la mujer a este diario.
Para ella hubo “irregularidades” en el proceso que terminó con su condena en primera instancia: “Parecía que todo lo demás no importaba, si él me cagaba a palo, abusaba sexualmente de mí, todas esas cosas que él me hizo a mí, que me obligaba a tener relaciones con otros hombres porque sino me pegaba. Todas esas cosas no importaron”.
El informe médico de la Asesoría Pericial constató que Cecilia tenía golpes en los ojos, en la nariz, cejas y hombro, así como múltiples lesiones cortantes en las piernas. Esa situación previa al ataque con el cuchillo, no fue contemplada en la sentencia de primera instancia, algo que Casación revirtió.
“Estuvimos dos años de novios, cada uno en su casa. Al principio él era un amor, después nos casamos y ahí empezó todo este maltrato. Me pedía que estuviera con otras personas, si no me fajaba. Cualquier cosa que a él le dijeras que no, se ponía violento”, contó Cecilia.
“El día del hecho todo empezó porque le dije que no lo iba a hacer más, que no quería hacerlo más. Y me pegó. Y pasó lo que pasó. Un tiempo trabajé en su fundación, yo pensé que era porque quería tenerme cerca, pero era para controlarme”, describió sobre el contexto de violencia.
Según cuenta la mujer, las hijas de Junco sabían de la violencia, igual que compañeros del centro terapéutico que vieron golpes y maltratos. “Me dijo que no nos íbamos a separar porque yo era suya, me decía que si nos separábamos mataba a mis hijos y yo sabía que lo iba a hacer”, recordó.
Y describió: “Él ya tenía antecedentes por violencia, había estado preso, tenía mucho miedo de volver a la cárcel, por eso yo tenía terror de denunciarlo”.
El tribunal de primera instancia consideró que había intención de matar (dolo homicida). Pero para la Casación, la acusada nunca quiso matar a su esposo y el desenlace fatal derivó de un contexto de “violencia y desesperación”. Además, aseguraron que la prueba no daba certeza de la intención de matarlo y que se debió aplicar el principio de duda a favor de la imputada.
Cecilia estaba desesperada. Creía que la condena de 15 años era lo único que podía aspirar y empezaba a perder las esperanzas de que alguien la escuchara. Es que luego de que su abogado, Lino Andrés Gauto Cardozo, presentó el recurso ante Casación perdieron contacto y dejó de representarla porque ya no podía pagarle.
Acompañamiento
Carolina Abregú es la hermana de Karina, sobreviviente de un intento de femicidio ocurrido en Merlo el 1° de enero de 2014. Su entonces pareja, Gustavo Javier Albornoz, la roció con alcohol y la prendió fuego. Se salvó al arrojarse a una pileta, pero sufrió quemaduras en el 55 % del cuerpo. .
Carolina la acompañó en cada marcha, en cada pedido de justicia y, desde el año pasado, como abogada. Desde la organización Furia Transfeminista conoció la historia de Cecilia y la acompañaron.
A través de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) se presentaron como Amicus Curiae y describieron los cuestionamientos del proceso.
“Nos dimos cuenta de que ella llegó al juicio y fue condenada pensando que las pericias que no le habían hecho pericias que sí se realizaron y testigos que no se presentaron en el juicio. Tenía signos de violencia en todo el cuerpo, eso daba cuenta de que si ella no se defendía la que iba a terminar muerta era ella”, cerró Carolina.









