Solas y acosadas: el drama de las niñas que nadaron a Ceuta

Solas y acosadas: el drama de las niñas que nadaron a Ceuta



Zohra Mohamed avanza tres pasos y retrocede seis. Está atrapada en la misma porción de la calle desde hace horas. Alguien le ha dicho que tras las rejas negras del edificio polifuncional de la barriada de El Príncipe puede haber esperanza, pero de momento no aparece. Tiene 62 años, 11 nietos y desde hace tres días, una más que no es de su sangre. Es Aya, de 17 años, una joven marroquí que cruzó a nado a Ceuta. Vestida con camiseta masculina, observa el diminuto ir y venir de Zohra, y repite su propio ritual nervioso, mordisqueando el colgante de una pequeña mariposa que lleva al cuello. “No abren, es que no abren aquí. Dime qué hago, dónde voy”, suplica Zohra a todo el que se cruza. Hace tres días vio a Aya en un callejón, con las piernas llenas de heridas y aún mojada por la travesía. Estaba sola, no tenía zapatos y era de noche. “¿Cómo iba a dejarla así? “Una niña sola, ¿cómo va a ser eso?”, repite agitada. Numerosos ceutíes han acogido a algunos de los miles de menores que el 30 y el 31 de julio entraron en Ceuta por el espigón fronterizo de El Tarajal, pero la solidaridad de los vecinos apenas da abasto para paliar la situación de estos jóvenes, y en especial la de las chicas, expuestas, además, a la violencia sexual.

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