A Francisco Alejandro Leyva Aguilar lo mataron mientras comía. Lo asesinaron cuando estaba de espaldas a la calle. Le dispararon directamente a la cabeza y él ni siquiera pudo ver a sus agresores; quizás tampoco los escuchó acercarse. Leyva Aguilar se ha convertido, a sus 60 años, con una larga trayectoria profesional en medios de comunicación de Oaxaca caracterizada por sus feroces críticas a los gobiernos de Morena, en el séptimo periodista asesinado en México solo en este año. Como en todos los otros casos, las autoridades han asegurado que el caso de Leyva “se investigaría”. Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum, en una breve y repetitiva respuesta, ha asegurado que ha instruido a su gabinete para que atienda el asunto. Sin embargo, los siete casos conservan algo en común: la impunidad. “No hablamos solo del número de periodistas asesinados, sino de un contexto en el que persisten las amenazas, los ataques físicos, las desapariciones, las campañas de estigmatización y todo esto amparado por una impunidad que sigue enviando el mensaje de que agredir a la prensa no tiene consecuencias”, expone Mariana Suárez, coordinadora de protección de Artículo 19 en México y Centroamérica.








