“Hola mujer, cómo estás. Me despido de vos de verdad. Fuiste y serás la mujer que siempre amé”. El mensaje fue enviado a las 11.35 del domingo 13 de septiembre y tenía como destinataria a una mujer de Tartagal, Salta, con la que Carlos Rivero había mantenido una relación.
Para entonces, su esposa, Camila Vecchiarello, de 26 años, embarazada y recientemente casada, ya había sido asesinada en Barreal, San Juan. Rivero es el principal y único acusado por el femicidio.
En lugar de comunicarse con la Policía o con la familia de la joven, el hombre escribió a su expareja un extenso mensaje de despedida que posteriormente fue incorporado a la investigación.
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“Te me cuidas (sic) y que cumplas todas tus metas, te voy a estar cuidando desde el cielo”, continuó. Y agregó: “Sí, voy a ser esa estrella que te va a cuidar siempre”.
En otro tramo hizo referencia a su estado emocional: “Esta vez no pude mujer, me ganó la depresión, me ganó todo. No pude”.
Rivero también le encargó a la mujer que transmitiera un último mensaje a sus familiares. “A mi familia dile que la amo con toda mi alma. No me puedo despedir de ellos porque me parte el alma lo que voy a hacer”, escribió.
“Dile por favor que los amo un montón, a toda mi familia porfa. Haceme ese favor, lo siento de verdad por todo. No puedo más, no soy tan fuerte mujer”, completó.
La destinataria interpretó que Rivero podía intentar suicidarse y decidió pedir ayuda. Sin saber todavía qué había ocurrido con Camila, se comunicó con un gendarme conocido y le pidió que fuera hasta la vivienda para comprobar cómo estaba.
Al llegar, el efectivo encontró el cuerpo de Camila y a Rivero aparentemente inconsciente. De esa manera, el mensaje enviado a cientos de kilómetros de San Juan terminó precipitando el descubrimiento de la escena.
Esta semana, el juez Federico Rodríguez dictó un año de prisión preventiva para Rivero, quien permanece detenido acusado por el femicidio de Camila Vecchiarello y podría enfrentar una pena de prisión perpetua.








