SanCor debe u$s 120 millones y pidió su propia quiebra

SanCor debe u$s 120 millones y pidió su propia quiebra

SanCor, una de las marcas más emblemáticas de la industria láctea argentina, dio un paso decisivo en su largo proceso de deterioro: presentó su propio pedido de quiebra ante la Justicia. La solicitud fue elevada en Rafaela, donde tramita el expediente concursal, bajo la órbita del juez Marcelo Gelcich. Hasta el momento, la empresa no difundió una comunicación oficial sobre la decisión.

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En tanto, la información sobre el pedido de quiebra llegó desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra), que vinculó esa decisión al deterioro financiero terminal que atraviesa la empresa.

Según personas con conocimiento en el tema, los trabajadores afectado por la quiebra de Sancor superan los 850 puestos.

De acuerdo con el comunicado del sindicato, la presentación judicial se produjo luego de los informes de la Sindicatura, del Comité Provisorio de Control y de la coadministradora designada por el juzgado, todos coincidentes en señalar que la firma se encuentra en un estado de cesación de pagos, con insolvencia patrimonial general y definitiva. Para Atilra, ese movimiento no modifica el cuadro de fondo, sino que formaliza una situación que, a su entender, ya estaba acreditada en el expediente.

La señal es fuerte no sólo por el peso simbólico de SanCor dentro de la industria láctea argentina, sino porque implica que la propia compañía habría admitido que ya no cuenta con herramientas para revertir su deterioro dentro del concurso. En la lectura sindical, el pedido de quiebra cierra una etapa en la que la empresa siguió negando la magnitud del problema, pese a los informes acumulados en la causa.

Salarios impagos y sostén sindical

Uno de los puntos más duros del comunicado de Atilra pasa por la situación de los trabajadores. El gremio sostuvo que SanCor viene manteniéndose “con el patrimonio de los trabajadores” y afirmó que adeuda ocho meses de salarios más aguinaldos. Además, señaló que la asistencia a los empleados y sus familias se sostuvo con recursos del fondo solidario del sindicato y con la continuidad de las prestaciones médicas de OSPIL, aun cuando la empresa no habría realizado los aportes correspondientes.

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Ese planteo vuelve a poner en primer plano el costado social de la crisis. Más allá del proceso judicial, lo que aparece detrás es una empresa con severas dificultades para afrontar sus obligaciones más básicas, incluidas las vinculadas a los haberes y a la cobertura de salud de su plantel. En un sector altamente sensible para varias economías regionales, el deterioro de una firma como SanCor excede el plano societario y golpea de lleno sobre empleo, producción y entramado cooperativo.

Lejos de presentar la quiebra como un cierre definitivo, Atilra buscó darle un encuadre político y productivo a la nueva etapa. En su comunicado, sostuvo que el eventual dictado de quiebra no debe interpretarse como un final, sino como el inicio de una instancia distinta en la que la marca SanCor pueda reordenarse y recuperar valor una vez desprendida de las estructuras que, según el gremio, la llevaron al borde de la extinción.

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El sindicato incluso planteó que la marca todavía conserva un capital ligado a la calidad de sus productos y al trabajo de sus operarios. Esa definición deja entrever que, desde la organización, la expectativa estaría puesta en alguna forma de continuidad productiva posterior, o al menos en una salida que preserve parte del valor industrial y comercial construido por la cooperativa durante décadas.

Un punto de quiebre para la histórica cooperativa

La novedad marca un punto de inflexión para una de las empresas más emblemáticas del sector lácteo argentino. SanCor arrastra desde hace años un proceso de achicamiento, pérdida de escala, venta de activos y crisis financiera, pero el pedido de quiebra representa un paso más contundente: ya no se trata sólo de una compañía en problemas, sino de una firma que reconoce que su situación patrimonial y operativa llegó a un límite.

Con este movimiento, la atención queda puesta ahora en la decisión que adopte la Justicia y en el alcance que pueda tener una eventual quiebra sobre la continuidad de las operaciones, los puestos de trabajo y los acreedores. Mientras tanto, el comunicado de Atilra ofrece una pista clara sobre cómo interpreta el gremio este momento: como la confirmación formal de un colapso que, según remarca, estaba a la vista desde hace tiempo.

En desarrolllo…