Rubén Rocha Moya deja el cargo de gobernador de Sinaloa con un legado complejo. Su mandato, truncado por la acusación de Estados Unidos de ser un colaborador necesario para el Cartel de Sinaloa, será difícil de separar de la guerra civil dentro de este grupo criminal. En un México que presume una reducción de la criminalidad de alto impacto por casi todo el país, el Estado norteño es una excepción sangrante. Con crímenes como los homicidios, los feminicidios y el robo de vehículos al alza desde que hace más de año y medio estallase el conflicto entre los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán y los del Ismael El Mayo Zambada, este lunes, Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, acudió al Estado para dar un mensaje de calma y asegurar que es la Administración federal quien se encarga de la seguridad en Sinaloa.
Rocha Moya deja Sinaloa con un turbio legado marcado por la cruenta guerra intestina del cartel








