Robocop y la vigilancia que nadie eligió para la Copa Mundial de Fútbol

Robocop y la vigilancia que nadie eligió para la Copa Mundial de Fútbol

Lo que una corporación ficticia hizo en Detroit en 1987, otras lo están haciendo en los estadios del Mundial 2026.

En 1987, Paul Verhoeven estrenó RoboCop, ambientada en un Detroit del futuro donde el crimen es incontrolable y el Estado está quebrado. Allí, la solución no viene del gobierno sino de una corporación: OCP, que termina comprando la policía, privatizando la seguridad pública y usando tecnología para controlar a los ciudadanos. El Estado no desaparece, se convierte en cliente de la corporación que antes debía controlar.

Verhoeven lo mostró como sátira. Casi cuarenta años después, sin ciencia ficción ni efectos especiales, algo parecido se está montando en los estadios del Mundial 2026.

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El torneo que se juega en Estados Unidos, México y Canadá despliega el operativo de vigilancia biométrica más grande instalado jamás en un evento deportivo. Hay reconocimiento facial activo en estadios de Boston, Miami y Atlanta, donde la cara del espectador reemplaza al ticket y a la tarjeta de crédito. Circulan perros robot con cámaras de inteligencia artificial patrullando los venues de Dallas y Nueva Jersey.

Los sistemas anti-drones pueden, según especialistas, capturar datos de celulares cercanos como efecto colateral. En Seattle se aprobaron 22 cámaras CCTV adicionales en el distrito del estadio, con grabaciones que se retienen y pueden consultarse después.

La mayoría de los espectadores ni sabe quién tiene sus datos biométricos cuando termina el partido, en qué servidor quedan, bajo qué legislación, ni por cuánto tiempo”

Estados Unidos invirtió US$ 365 millones en tecnología de seguridad para este Mundial. Pero esa tecnología no la opera el FBI ni Seguridad Nacional. La operan empresas privadas de reconocimiento facial, bajo contratos que el público nunca vio. El Estado pone el dinero, la corporación opera el sistema y se queda con los datos. Es, casi al pie de la letra, el modelo que Verhoeven imaginó para Detroit.

En la película la excusa para privatizar la seguridad era el crimen descontrolado. En el Mundial es el terrorismo y la protección de los hinchas. La lógica es la misma, cambia la pantalla. Aunque hay una diferencia clave: en RoboCop la gente sabía que OCP controlaba la policía y existía resistencia social frente a eso.

Qatar instaló más de 15.000 cámaras para su Mundial 2022, y años después siguen activas, ya no para seguridad deportiva sino para control ciudadano cotidiano”

En 2026, la mayoría de los espectadores ni sabe quién tiene sus datos biométricos cuando termina el partido, en qué servidor quedan, bajo qué legislación, ni por cuánto tiempo.

Esa falta de pregunta es lo más inquietante de todo esto.

En Argentina, acceder a registros de telefonía en una investigación judicial requiere una denuncia formal, una fiscalía que intervenga, un juez que libre el oficio, y una operadora que responda. El Estado necesita justificación legal para acceder a esos datos.

Estados Unidos invirtió US$ 365 millones en tecnología de seguridad para este Mundial. Pero esa tecnología no la opera el FBI ni Seguridad Nacional. La operan empresas privadas de reconocimiento facial”

En el Mundial, para escanear la cara de millones de hinchas alcanza con comprar una entrada y aceptar términos y condiciones que casi nadie lee. El Estado necesita un juez para verte. La corporación solo necesita que hagas clic en “Acepto”.

Esa infraestructura no desaparece cuando se apagan las luces del estadio. Qatar instaló más de 15.000 cámaras para su Mundial 2022, y años después siguen activas, ya no para seguridad deportiva sino para control ciudadano cotidiano. Los grandes eventos funcionan como el caballo de Troya perfecto para instalar vigilancia permanente: la justificación de seguridad es impecable, nadie puede oponerse, y cuando el evento termina la infraestructura se queda. Las cámaras, los algoritmos y las bases de datos biométricas permanecen. En manos de quién, depende de la letra chica del contrato.

Quiero ser claro: esto no es una postura antitecnología. Trabajo a diario como analista de seguridad y perito informático, y conozco el valor real de estas herramientas en contextos legítimos. Lo que genera ruido no es el reconocimiento facial en sí, sino que nadie preguntó si querías ser reconocido. No son las cámaras, sino que van a seguir grabando cuando ya no haya partido, con datos en servidores corporativos que no responden ante ningún juez local.

En RoboCop, el responsable tenía cara, nombre y oficina en el piso 30 de OCP. En 2026, ese responsable está disuelto en cuarenta páginas de términos y condiciones que aceptamos sin leer al comprar una entrada.

Verhoeven filmó una sátira sobre un futuro posible. Sin proponérselo, terminó filmando un manual de instrucciones.

*Licenciado en Informática y en Ciencia de Datos, Profesor de Arquitectura de Computadoras, Paradigmas de Programación y Evaluación de Proyecto en la Universidad del Salvador, Quality Assurance Analyst en el Gobierno de la Ciudad y perito informático forense.