Roberto Sánchez cambia su programa de gobierno a una semana de las presidenciales en Perú

Roberto Sánchez cambia su programa de gobierno a una semana de las presidenciales en Perú

Cuando Roberto Sánchez apareció con su sombrero en la semana previa a la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Perú, sus adversarios no tardaron en etiquetarlo como comunista e incluso como una versión artificial de Pedro Castillo, el expresidente encarcelado desde 2022 tras su fallido autogolpe. Sánchez nació en Huaral, una ciudad costera del norte de Lima, mientras que Castillo emergió desde la serranía de Cajamarca. Pero más allá de los orígenes, Sánchez supo conectar con un sector del electorado que siente que su voluntad fue desconocida y que Castillo fue empujado al precipicio por las élites políticas. Si el maestro chotano llegó a Palacio con un discurso de ruptura surgido desde los Andes, Sánchez apeló a una narrativa similar para abrirse paso hasta la segunda vuelta. Ahora, sin embargo, ha dado un giro inesperado en la recta final de la campaña.

Sánchez se convirtió rápidamente en el nuevo “cuco” de la izquierda. En los gremios empresariales y los directorios corporativos, su ascenso comenzó a observarse con inquietud. Su plan de gobierno proponía una Asamblea Constituyente para reemplazar la Carta Magna de 1993, con especial atención al capítulo económico que había regido el país durante las últimas décadas. También planteaba revisar los Tratados de Libre Comercio y otros acuerdos internacionales que, según su diagnóstico, limitaban la soberanía nacional.

El documento de 92 páginas del partido Juntos por el Perú no escondía sus ambiciones. Más que corregir el modelo, aspiraba a construir una alternativa al capitalismo, al que describía como un sistema que, en su versión neoliberal, había profundizado la pobreza y la desigualdad. En sus páginas, el capitalismo aparecía además como responsable de la degradación ambiental, la explotación de los recursos naturales y los conflictos que atraviesan al mundo contemporáneo.

Pero Sánchez ha cambiado ahora ese discurso en su batalla con Keiko Fujimori por la Presidencia del Perú: este lunes, un día después del debate, ha presentado un nuevo plan de gobierno llamado Prioridades estratégicas para la Gobernabilidad y el Desarrollo con Equidad de la Nación Peruana: 2026-2031. Son 114 páginas que introducen matices, ajustes y nuevas prioridades respecto al plan de gobierno con el que Juntos por el Perú compitió en la primera vuelta. Más que una actualización técnica, el texto parece un intento de recalibrar su candidatura ante un electorado que aún observa con recelo algunas de sus propuestas más radicales.

“Mantendremos una política de estabilidad macroeconómica orientada al crecimiento económico, la reducción de la inflación y la protección del poder adquisitivo de las familias. Respetaremos la autonomía constitucional del Banco Central de la Reserva y garantizaremos continuidad técnica y cumplimiento de las reglas fiscales con déficit fiscal bajo control”, dice en un apartado.

Vale recordar que, durante la campaña, Sánchez aseguró que una de sus primeras decisiones si llegaba a Palacio de Gobierno sería relevar a Julio Velarde de la presidencia del Banco Central de Reserva, cargo que ocupa desde 2006. La propuesta generó preocupación en los mercados debido al peso que Velarde ha acumulado como garante de la estabilidad monetaria. No es un detalle menor: se trata de una de las escasas autoridades públicas que mantiene niveles sostenidos de aprobación ciudadana en el Perú.

Desconcierto en la clase política

En otro de los pasajes del nuevo plan de gobierno de Roberto Sánchez se indica que se respetará la propiedad privada y los contratos, promoviendo responsabilidad social, sostenibilidad ambiental y desarrollo territorial equilibrado. “Ser Estado de economía de mercado abierta, respetuosos de los tratados internacionales de libre comercio, con normas amigables a la inversión interna y externa, cuyos contratos estén protegidos por el Estado de derecho”, dice.

El viraje ha desconcertado a buena parte de la clase política. De pronto, Sánchez parece haber dejado en el perchero el traje de candidato antisistema con el que irrumpió en la campaña. El contraste entre el nuevo documento y el plan de gobierno original de Juntos por el Perú ha abierto un intenso debate. “Debe ser el programa más liberal y de economía abierta que he leído. Ni Keiko. El problema está en el Plan de Gobierno de Juntos por el Perú de la primera vuelta. Dice exactamente lo contrario. ¿Cómo hacemos?”, cuestionó la periodista Rosa María Palacios.

El analista político Ronald Cross considera que el candidato eligió el momento preciso para mostrar una versión más moderada de sí mismo. “Sánchez parece que quería guardar el polo blanco para la última semana, después del debate. No es mala idea, le veo la lógica de maximizar los gestos cuando más atención hay sobre la campaña”, señaló.

El giro remite a Ollanta Humala en 2011. El exmilitar logró disipar entonces parte de los temores que despertaba su candidatura al suscribir la llamada Hoja de Ruta, un compromiso que moderó las propuestas más radicales de su plan original. La comparación ha vuelto a instalarse en el debate público. Rudecindo Vega, exministro de Educación durante el gobierno humalista, encuentra similitudes y diferencias. “La Hoja de Ruta de Ollanta en 2011 era de centroizquierda. Esta de Sánchez es de centroderecha. Quizás por eso no quieren llamarla hoja de ruta. Es una mejor propuesta que la original y eso es bueno”, sostiene.

Las encuestas establecen una diferencia del 3% en la intención de voto entre Keiko Fujimori, la hija de Alberto Fujimori, y Roberto Sánchez, el heredero político de Pedro Castillo. Y hay alrededor de un 15% del electorado que todavía no ha tomado una decisión. En una elección tan ajustada, cada gesto cuenta, aunque sea a última hora. La incógnita es si los votantes creerán en esta nueva versión del candidato del sombrero.