En su próximo partido, River jugará con Rosario Central, un equipo que venía fuerte pero sufrió varios golpes que pusieron al DT Almirón al borde del despido; de hecho, cuando en todos lados se informaba que el presidente Belloso comunicaría su despido, anunció su continuidad. “Hasta mi mamá me pide que lo eche”, contó el dirigente.
También este jueves se definirá si su rival de octavos en la Sudamericana será Santa Fe o Caracas, aunque tanto da: hoy por hoy, cualquier equipo, sea el Central de Angelito Di María o un Aldosivi que tiene 0 de 17 triunfos en la tabla anual, se convierte en el Real Madrid o el Arsenal cuando tiene enfrente al Millonario.
Y la prolongación en el tiempo de esa imagen le ha proporcionado otro adversario, que ya incidió en alguna medida, con sus chiflidos y sus “¡Jugadooores…!”, en el destierro de 14 al terminar el magro semestre pasado (todos ellos, con aplazos bien ganados).
Ese rival es el Monumental, que se sigue llenando de gente que lo sigue y espera respuestas condignas con su apoyo, pero se hinchó de ver a un equipo sin jerarquía, juego ni carácter. Lo que en otros momentos era una ventaja, un Monumental lleno, hoy es una amenaza.
¿Cómo se explica que, por ejemplo, Galarza Fonda, que tuvo la personalidad para ser figura en casi todos los partidos de Paraguay en el Mundial y les plantó cara a alemanes y franceses, unos días antes se ponía la camiseta de River y parecía un pollito mojado, no daba un pase bien, perdía duelos y trabadas?
Hasta se hace difícil reconocer en esas sombras a los hace cuatro años campeones del mundo.
Nada fácil debe ser salir este domingo a ese escenario con la gente pidiendo cuentas y esperando que algún piloto enderece la nave.
Porque la conducción del club, mucho que digamos no acertó: un mercado que intentó corregir malos mercados previos, desvalorizó su patrimonio y por ahora no solucionó nada; un entrenador que no le encuentra el agujero al mate; la pérdida casi indiferente de su jugador de más calidad (JFQ); un director deportivo cuya primera gran gestión fue traer a Arambarri…











