Las cartas se van poniendo sobre la mesa, pero el juego continúa. El proceso para elegir sustituto (más probablemente, sustituta) de António Guterres al frente de la ONU tiene dos claras favoritas: la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett. Fuentes diplomáticas aseguran que Grynspan ha sido la ganadora de la votación informal celebrada este viernes, con nueve votos a favor, cinco en contra y una abstención. En segundo lugar, según estas mismas fuentes, ha quedado Rodrigues-Birkett, con ocho a favor, seis en contra y una abstención.
Es obvio que estas dos mujeres se están distanciando del resto de candidatos. Pero en una carrera como esta, muy opaca, en la que la información no se anuncia, sino que se va filtrando, conviene no dar nada por definitivo. Todo puede pasar aún. Primero, porque estas votaciones son aún de tanteo: las importantes, en las que se empieza a eliminar candidatos, no han empezado aún. Y segundo, porque no está claro a quién apoya Estados Unidos. Y nada impide que aparezca un nuevo nombre sobre la mesa en el que nadie está pensando ahora.
Con la de este viernes, son tres las votaciones que ha celebrado el Consejo de Seguridad. Y las tres han sido encabezadas por Grynspan y Rodrigues-Birkett. La costarricense ganó la primera y la tercera, y quedó en segundo lugar en la segunda. Y la guyanesa tuvo el oro en la segunda y la plata en la primera y la tercera. Sus votos, además, están muy igualados. Así que la carrera entre ellas se mide por milímetros.
El tercer candidato con más apoyos es el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, que al principio de la carrera parecía uno de los favoritos, pero que no ha salido favorecido en ninguna de las tres votaciones que se han hecho.
Se ha hablado mucho de que en esta ocasión la secretaria general debería ser una mujer, la primera al frente del organismo en sus más de 80 años de historia, lo que supondría un indudable avance en la causa de la igualdad. También parece que es el turno de América Latina, después de que los secretarios generales de las tres últimas décadas hayan venido de Europa (Guterres), Asia (Ban Ki-moon) y África (Kofi Annan y Butros Butros-Gali). Las dos favoritas, Grynspan y Rodrigues-Birkett, cumplen las dos condiciones. Pero no está escrito que la persona que acabe resultando elegida tenga que hacerlo.
Las dos favoritas no solo tienen en común el ser mujer y venir de la región América Latina-Caribe. Ambas son mujeres pragmáticas, sin un sesgo ideológico claro y con fama de competentes. Y también tienen en común no ser figuras de la primera línea de la política mundial, como Guterres, que fue primer ministro de Portugal entre 1995 y 2002.
Grynspan, de 70 años, es secretaria general de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, cargo del que está en excedencia para no interferir en su carrera por la secretaría general de la ONU. Antes había sido titular de la Secretaría General Iberoamericana y vicepresidenta segunda de Costa Rica con el presidente de centroizquierda José María Figueres Olsen en los años noventa. “Está haciendo una buena campaña. Ha trabajado duro y creo que ha convencido a muchos miembros del Consejo de Seguridad de que está cualificada. También hay personas dentro del sistema estadounidense que la ven con buenos ojos, pero no creo que Washington haya tomado aún una decisión definitiva”, dice de ella Richard Gowan, director de asuntos globales del centro International Crisis Group.
Rodrigues-Birkett, de 53 años, puede vender una historia personal de superación. Creció en un hogar sin agua ni electricidad y estudió con la iluminación de una lámpara de aceite. Recibió una beca para amerindios que le permitió estudiar Administración de Empresas en la Universidad de Regina en Canadá. Tiene muchas conexiones en la ONU, donde lleva trabajando como representante de su país desde 2020. Antes había sido ministra de Asuntos Exteriores de su país.
“Es una candidata excelente. Los diplomáticos la respetan mucho”, explica Gowen. Este experto cree que en Estados Unidos hay personas que la ven con buenos ojos por reconocer su capacidad diplomática y creer que, si sale elegida, tratará de colaborar con Washington. Pero añade que hay otras personas que consideran inaceptables algunas de sus posturas respecto a Gaza por ser demasiado críticas con Israel. ”Creo que este asunto sigue siendo objeto de debate interno en la Administración estadounidense”, añade el experto.








