El desarrollo de reactores nucleares modulares (Small Modular Reactors o SMR) volvió a ubicarse en el centro de la agenda energética. Para Emilio Apud, ingeniero industrial y exsecretario de Energía, el proyecto representa una oportunidad estratégica para que la Argentina capitalice más de siete décadas de experiencia en tecnología nuclear y se inserte en un mercado con fuerte crecimiento internacional.
Apud explicó que “es la nueva tendencia mundial” y detalló que estos reactores tienen una capacidad inferior a los 300 megavatios, lo que reduce significativamente los tiempos y costos de construcción respecto de las centrales tradicionales.
Un proyecto para exportar tecnología nuclear argentina
El exfuncionario destacó que el desarrollo argentino nació a partir de una patente creada por un ingeniero local junto al INVAP y que logró captar el interés del empresario estadounidense Amir Ansari. “Lo importante de esto, más que qué es lo que va a ganar cada uno, es que vamos a penetrar en un mercado que va a ser muy muy interesante, que es el de la venta de este tipo de reactores modulares pequeños“, sostuvo.
Además, remarcó que el primer reactor se construirá en la zona de Atucha para demostrar su funcionamiento y utilizarlo como vidriera tecnológica antes de iniciar su comercialización internacional.
Según Apud, el verdadero valor del proyecto radica en transformar el conocimiento científico acumulado por el país en una fuente de exportaciones. “Es una forma de capitalizar el conocimiento nuclear que tiene nuestro país“, afirmó, y agregó que el desarrollo permitirá vender no solo reactores, sino también ingeniería, tecnología y conocimiento especializado.
Energía para exportar, no para abastecer al mercado local
El ingeniero aclaró que el proyecto no responde a una necesidad energética inmediata de la Argentina. “En 20 años yo creo que no necesitamos energía nuclear“, aseguró, al señalar que el país cuenta con abundantes reservas de gas natural y un importante potencial de generación mediante energías renovables.
También cuestionó la propuesta original del Gobierno para instalar pequeños reactores destinados a abastecer centros de datos de inteligencia artificial. “Era un disparate“, afirmó, al considerar que los costos de inversión hacían inviable ese esquema desde el punto de vista económico.
En cambio, valoró la participación del capital privado para impulsar el desarrollo tecnológico y sostuvo que el desafío será preservar el capital humano del sector nuclear argentino. “Lo peor que nos podría pasar es que nos vaciaran“, advirtió en referencia a la posible pérdida de especialistas de organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Instituto Balseiro y el INVAP.
Finalmente, estimó que el primer reactor podría estar operativo en un plazo de entre tres y cuatro años. “Hay que apurarse y puede ser un motivo de ingreso de divisas y desarrollo tecnológico para la Argentina muy importante”, concluyó.








