El capataz Irineo Zarza salió este jueves con una boina naranja y la cabeza gacha de la fiscalía de Esquina, donde brindó su declaración por la mañana. A este hombre, encargado de al menos ocho peones más de la estancia “El Curupí”, se lo señala como el principal responsable de la desaparición de la docente Nancy Godoy (52).
Para los investigadores, el capataz sería el autor material del “femicidio” la maestra rural, cuyo cuerpo aún no pudo ser hallado. En total son cinco los sospechosos detenidos por el caso.
Fuentes judiciales dijeron a Clarín que en las últimas horas el círculo se cerró sobre él a partir de los distintos testimonios recogidos en el expediente.
La investigación lo ubica, en las horas previas a la desaparición de Godoy, en un “puesto tapera” situado a unos 150 metros de la escuela en la que trabajaba la víctima.
El trabajador rural solía pernoctar en ese lugar en algunas ocasiones o bien ingerir bebidas destiladas. El alcohol, según los testimonios, lo tornaba muy agresivo.
La hipótesis fiscal es que Rosa Leguizamón -también detenida por “encubrimiento agravado”– podría haber facilitado el crimen. Le mintió a la maestra sobre la imposibilidad de regresar ese fin de semana a la ciudad de Esquina, porque nadie de la estancia retornaría y falseó, también, la fecha en que supuestamente se iría a una fiesta de doma en la localidad de Sauce, donde estudian sus hijos.
La situación de la mujer, que vive cerca de la escuela y era la baqueana que llevaba y traía a Godoy al colegio desde el Puesto 9 de la estancia, se complicó luego que el miércoles se allanó su vivienda en Sauce, donde se halló una campera de color negro y un par de alpargatas que serían de la maestra rural.
Esos elementos fueron exhibidos este jueves a los familiares de Godoy para su reconocimiento.
Durante este jueves, los fiscales realizaron dos nuevas entrevistas y buscaron avanzar en la obtención de muestras de ADN de la hermana y el hijo de la víctima, con el fin de poder cotejarlas ante el eventual hallazgo de restos humanos en la zona donde se profundizan los rastrillajes.
Zarza había llegado a la estancia El Curupí, propiedad de la familia Winkler, hace cuatro años aproximadamente. Por lo que se sabe, sin antecedentes penales.
Él era una pieza fundamental en el traslado de la docente desde la estancia hasta la casa de Leguizamón, quien se encargaba de llevar a la maestra hasta el punto final: la escuela rural 226.
Luego de varias declaraciones y detenciones de gente que estuvo en contacto con Godoy durante los últimos días en que se conoció su paradero, el nombre de Zarza marcó una bisagra en la investigación.
Al vivir en el inhóspito paraje El Malezal, los ciudadanos del centro de Esquina no saben casi nada de él, aunque comentan que es oriundo de la localidad de Malvinas y que es más bien un hombre solitario.
En tanto, otros dos peones que trabajaban en la estancia junto a Zarza declararon en sede judicial. El capataz esgrimió una coartada que aún no pudo ser corroborada. Dijo que el fin de semana la pasó en la casa de sus suegros, que viven en una zona alejada de la escuela, pero ya se constató que la vivienda de esa pareja está a menos de un kilómetro.
Además, en cercanías de la escuela se halló durante los rastrillajes una boina que Zarza habría reconocido como propia ante los policías que lo fueron a buscar, aunque luego prefirió mantenerse en silencio en la Fiscalía. Esa prenda sería exhibida también a otros peones de la estancia para que la reconozcan.
El capataz estuvo a punto de quebrarse en la Fiscalía, pero finalmente optó por no declarar por recomendación de un abogado al que habría consultado horas antes, previendo este desenlace.
Al mediodía, en medio de fuertes lluvias, Zarza salió del edificio de fiscalía en un móvil policial para dirigirse hasta el predio de El Curupí, en donde se cree que pudo haber ocultado el cuerpo de la docente.
La marcha de los vecinos y el móvil pericial para tomar muestra de ADN para el cotejo. Foto: Juano Tesone/enviado especial.En paralelo, la pesquisa salpica a Leguizamón, quien, al igual que su pareja Nahuel Rojas, quedó bajo la lupa de la Justicia por su presunta colaboración en el hecho.
La mujer había declarado que el viernes partió hacia Sauce, pero a los propietarios de la estancia les envió un mensaje el sábado anunciándoles que no estaba bien e iba a buscar asistencia médica.
Aunque durante la tarde trascendió un vídeo de Rosa y su marido en una fiesta de Sauce con fecha del sábado 10 de octubre. Allí le entregaron una distinción “a la mujer de campo”.
Se sospecha que Rosa le mintió a Nancy sobre la imposibilidad de viajar a Esquina por la falta de movilidad desde el caso de la estancia. Ese viernes, uno de los hijos de los estancieros viajó a la ciudad.
Lo que todavía no está claro para los investigadores es el rol que jugó su marido en el caso.
En un video se ve a Rojas romper una ventana de la escuela con su machete pese a que en la puerta de acceso estaba colocada la llave del lado de afuera.
Si bien los elementos iban a ser exhibidos durante la jornada de este jueves a los familiares de la víctima para su reconocimiento formal, el mismo José, hijo de Nancy, aseguró a Clarín que no lo habían hecho hasta pasadas las 18.
Poco después de esa hora, un móvil del Instituto Médico Forense se instaló frente a la fiscalía para trabajar en los cotejos de ADN.
“Estamos cerca de tener una idea inicial de lo que pasó con ella, pero no los hechos anteriores y posteriores”, dijo el abogado Gustavo Briend apenas llegó a la fiscalía para estar presente en la marcha que se desarrolló en la puerta, como todos los días, para pedir por la aparición de Nancy.
Los hijos de Godoy y su nuera, Alejandra Obertello, se hicieron presentes en la movilización que arrancó cerca de las 19. Otra vez, un centenar de personas acompañaron con velas y carteles.
En ese contexto, Zarza, Leguizamón, Rojas y los otros dos detenidos -Ernesto Bordón y un peón de apellido Sandoval- retornaron al establecimiento para que les extrajeran sangre en el móvil pericial apostado sobre la vereda de la fiscalía.
Por eso, se empezó a especular sobre la posibilidad de que se haya encontrado una prueba muy importante para terminar de resolver el hecho.
El reclamo de justicia en la movilización frente la fiscalía. Foto: Juano Tesone.“Desde hace 15 días que no sabemos nada de ella. Queremos justicia”, gritó al micrófono una de las vecinas, mientras un coro de voces se sumó al reclamo al tiempo en que desarrollaban las pruebas de ADN.
El último contacto de Nancy con su familia, que vive en Esquina, fue el 7 de octubre, a las 20.45 aproximadamente. La maestra le contó a su hijo que había llegado bien a la estancia, que se encuentra en un lugar de difícil acceso. Y desde entonces, no se tuvo más nada sobre su paradero.
Esquina. Enviada especial.









