Quién es Blanca de la Torre, curadora que propone menos exposiciones y más sostenibilidad

Quién es Blanca de la Torre, curadora que propone menos exposiciones y más sostenibilidad


En el primer capítulo de la serie de Disney+ Bellas Artes –realizada por Mariano Cohn y los hermanos Duprat–, el comité de selección de un importante museo nacional español debate los cupos de género, diversidad e inclusión para elegir a quien ocupará la nueva dirección, un puesto que, por ironías del guion, termina en manos del políticamente incorrecto personaje de Oscar Martínez.

Días atrás, la realidad hizo un guiño a la audiencia: la flamante directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Blanca de la Torre, reconocida internacionalmente por su militancia en el ecofeminismo y la ecología política, estuvo de visita en el Museo Nacional de Bellas Artes, dirigido justamente por el curador y arquitecto Andrés Duprat, guionista de la serie.

Ficción aparte, la presencia de la curadora española en el país marcó la apertura de la tercera edición de Desplazamientos, el celebrado ciclo internacional dedicado a reflexionar sobre el arte y la curaduría desde las problemáticas contemporáneas.

Organizado por el Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA), Fundación Williams, Oficina de Proyectos, Central Affair, La Escuelita y Fundación arteBA, el encuentro se consolida como un espacio de pensamiento y debate en torno a las prácticas curatoriales sostenibles y los desafíos de las instituciones.

Doctora en Historia del Arte, De la Torre asumió la dirección del IVAM en abril de 2025. Su trayectoria incluye hitos como la jefatura de exposiciones en el Museo Artium (Museo de Arte Contemporáneo del País Vasco), la dirección del programa Overview Effects en Belgrado (Serbia) y las curadurías de las bienales de Cuenca (Ecuador) y Helsinki (Finlandia).

Durante la presentación en el CCEBA, la curadora contó que, al asumir la dirección del IVAM en abril de 2025, se encontró con una institución de escala monumental: “El IVAM se inaugura en 1989 como el primer museo de arte moderno y contemporáneo creado de nueva planta en España. Cuenta con una colección de unas 14.000 obras, lo que lo sitúa como el segundo más grande del país después del Reina Sofía”, explicó.

Su llegada implicó una revisión de las bases históricas del espacio: “Como en casi todos los museos creados en aquella época, el desequilibrio de género era especialmente notable, lo cual me llevó a que la primera serie de adquisiciones que hicimos fuese solamente de mujeres artistas, para ir equilibrando”.

Su proyecto estructural se asienta sobre tres pilares: patrimonio, territorio y sostenibilidad. Este último eje trasciende la gestión técnica ambiental:

“Tiene que ver con elaborar planes sistémicos para reducir la huella de carbono, hídrica y energética, pero también todo tipo de huellas más invisibles e inmateriales, que tienen que ver con los modos de operar desde los afectos, los cuidados y el plano humano interno”.

La urgencia del territorio se volvió física tras las inundaciones de la DANA: “Uno de los almacenes del IVAM estaba en esa zona y se inundó por completo. Las instalaciones de gran formato se encontraban allí y se dañaron cerca de 300 piezas”.

El museo respondió convirtiendo una sala en laboratorio de restauración y articulando con universidades un mapa para exhibir las obras recuperadas con “una pátina que habla de la resiliencia y la acción comunitaria”.

Para combatir la obsolescencia institucional de la sobreproducción, De la Torre propuso “comenzar a hacer menos exposiciones y extenderlas más”, bajando a dos muestras anuales por sala para priorizar los encuentros. Además, anunció la apertura de un espacio permanente para la colección:

“Ese espacio no se tiene por qué cambiar y no tenemos por qué estar obsesionados con seguir ofreciendo lecturas diferentes. Vamos a pensar otras maneras de activar esto sin que el equipo de conservadores deba estar pensando nuevas lecturas sobre esa colección todo el tiempo”.

Bajo esta filosofía opera el “Museo Anfibio”, una parainstitución concebida como “ese organismo vivo que media entre el agua y la tierra, y que transporta materia, energía, memorias, relatos y mitologías”, que abarca desde una selva subterránea donde biólogos alteraron el ciclo lumínico de las plantas “para que hagan la fotosíntesis de noche, cuando las salas cierran”, hasta una comisión ciudadana para recibir el eclipse de agosto.

La Bienal de Helsinki

La escala de la Bienal de Helsinki ofreció un escenario de operaciones radicalmente distinto, determinado por la holgura económica y el orden normativo. “El presupuesto es muchísimo mayor y la posibilidad de generar alianzas con otras instituciones públicas y privadas, muchísimo más fácil también”, diferenció la curadora.

Esa previsibilidad financiera le permitió codiseñar el destino final de las obras junto a los artistas desde la fase de concepción, evaluando “no solamente dónde va a estar ubicada, tanto en la isla de Vallisaari como en Esplanadi, sino que funcionase ya después”.

De este modo, se garantizó que las producciones no devinieran en basura efímera tras la clausura del evento. Como ejemplo, detalló una instalación en Esplanadi Park consistente en “toda una serie de hoteles para polinizadores basados en patrones, un tipo de alfombras para conectar de nuevo con esto de las artesanías”, concebidos desde el inicio para integrarse de forma permanente al jardín del edificio de la Ópera.

Asimismo, el proyecto se articuló con el museo HAM, responsable del arte público de la ciudad, logrando que piezas complejas –como las de la artista finlandesa Sara Bjarland– se incorporaran al patrimonio urbano al verificar que podían “perfectamente funcionar en unas rocas del puerto”.

Para vertebrar metodológicamente el trabajo, De la Torre implementó un decálogo ético con su equipo, distinguiéndolo de las herramientas burocráticas tradicionales: “Una cosa es el plan de sostenibilidad, que tiene más que ver casi con una hoja de ruta muchísimo más técnica para desarrollar el proyecto o llevar a cabo el proyecto de la manera medioambientalmente posible más sostenible, pero el decálogo va mucho más allá, es más que un nexo filosófico que va detrás y que hay que tener presente con el equipo desde el inicio”.

A nivel temporal, la sincronización de los plazos en Finlandia habilitó una ejecución bajo los parámetros de la lentitud gracias a que su contratación se realizó con una anticipación inusual.

Curadora, historiadora del arte e investigadora, Blanca de la Torre es la actual directora del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM). Foto: gentileza.

La Bienal de Cuenca

En las antípodas de la realidad escandinava, la 15.ª Bienal de Cuenca, en Ecuador, operó bajo condiciones materiales restrictivas, pero con una notable flexibilidad territorial. “La partida presupuestaria de salida de Ecuador y de Finlandia estaba en las antípodas”, reconoció De la Torre.

Aunque aclaró que los ceros no definen la capacidad de producción: “La facilidad para producir y desarrollar cosas en Ecuador es otra. Los tiempos y las facilidades son infinitamente mayores en Ecuador porque no necesitas tantos permisos. No está todo tan controlado. La burocracia, aunque la hay, no tiene nada que ver con la burocracia de Helsinki”.

Bajo un decálogo centrado en la economía circular y el principio de “menos es más”, se determinó “que viaje el menor número de piezas posible”, restringiendo la logística a solo dos envíos por avión y resolviendo el resto mediante producción in situ con creadores locales y materiales biodegradables.

A nivel de costos, las limitaciones terminaron por equilibrarse: “Aunque yo contase con cinco veces más presupuesto para hacerla en Helsinki, a escala, era lo mismo, porque lo que te cuesta la hora de una trabajadora o un trabajador en Helsinki va a ser cinco veces más de lo que cuesta en Ecuador; los materiales, exactamente igual. Entonces, al final, casi las limitaciones son las mismas o parecidas”.

En Cuenca, la curadora tradujo su rechazo al catastrofismo en proyectos situados: “Estoy un poco harta del pesimismo climático. Creo que ya hemos tenido suficientes escenarios distópicos y apocalípticos y que tenemos que asumir una responsabilidad a la hora de construir imaginarios optimistas”.

Bajo esa consigna, la artista mexicana Tania Candiani intervino la antigua fábrica textil Pasamanería Tosi, en Cuenca, Ecuador, para transformar cuatro viejos telares circulares en arpas de agua que reproducían el curso sonoro de los cuatro ríos de la región.

También se incluyeron los tótems cerámicos de la española Asunción Molinos Gordo, creados justo cuando “el agua había comenzado a cotizar en los mercados de Wall Street”; las frecuencias de oro de la artista peruana Sandra Nakamura en homenaje a la ambientalista Máxima Acuña; y las piezas del ecuatoriano Paul Rosero Contreras, quien cultivó micelio vivo sobre plástico y colillas de cigarrillos abandonadas. Incluso, la gráfica exterior de la bienal, hecha en lona plástica por el clima andino, se transformó tras el cierre en merchandising circular que terminó regalándose a la comunidad.

El ciclo Desplazamientos continuará el próximo martes 12 de agosto con la visita de Solimán López, artista e investigador español especializado en nuevos medios y director de Innovación de la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia (ESAT).