“Quería contar una historia que el cine había evitado”

“Quería contar una historia que el cine había evitado”

Cómo escuchar a quienes participaron de la violencia política y, al mismo tiempo, dar espacio a las familias que padecieron sus consecuencias? Esa pregunta atraviesa No matar, el documental de Juan Villegas que se proyectará el 1 de noviembre en el Cine York, como parte del camino comenzado en el estreno en Bafici. El director se propuso investigar aspectos de los años 70 que, según su perspectiva, habían tenido escasa presencia en la producción audiovisual. Cuenta Villegas: “Desde 2021 o 2022 empecé a pensar con más intensidad en la posibilidad de realizar una película sobre estos temas. El impulso surgió mientras investigaba los años setenta para otro proyecto en el que finalmente no terminé trabajando como director. Ese acercamiento me hizo advertir que había aspectos de aquella década que, a mi entender, el cine argentino no había abordado suficientemente, tanto en la ficción como en el documental”. Y suma: “Me interesaba especialmente la representación de las organizaciones guerrilleras. Más allá de algunas excepciones, encontraba un vacío en la producción audiovisual. Era una cuestión incómoda para posiciones políticas diferentes, tanto para quienes reivindicaban aquella militancia como para quienes la cuestionaban. Las dificultades que enfrenté para concretar la película me hicieron pensar que ese problema también formaba parte de su tema. Presenté el proyecto ante distintas convocatorias, pero no conseguí financiación. En algunos dictámenes encontré objeciones que interpreté como condicionadas por prejuicios ideológicos. También advertí cierta incomodidad entre colegas y posibles participantes ante la idea de incorporar a familiares de las víctimas. Resolver esa dificultad fue decisivo”.

—¿La inclusión de esos familiares modifica la reconstrucción de los hechos?

—Me parecía significativo que esas historias hubieran tenido una presencia relativamente limitada en los relatos audiovisuales sobre la época. También me conmovieron los testimonios de Sergio Bufano y Aldo Duzdevich. En sus palabras, sus silencios y las dificultades que a veces encontraban para expresarse, percibí cuánto pesaba todavía haber integrado organizaciones que contemplaban la posibilidad de matar o morir como parte de su horizonte de acción. Me pareció valioso que aceptaran participar sabiendo que también escucharíamos a familiares de personas muertas en acciones guerrilleras. Aunque ellos no fueran responsables directos de esas pérdidas, comprendían que habían formado parte de un proceso que dejó consecuencias devastadoras.

—La película aborda una cuestión especialmente conflictiva: la llamada “teoría de los dos demonios”.

—Creo que muchas veces se invoca esa expresión para impedir que se discuta críticamente la actuación de las organizaciones armadas. Se atribuye esa posición a personas que no necesariamente están equiparando responsabilidades ni afirmando que todos los crímenes tuvieron la misma gravedad. Mi lectura del prólogo del Nunca Más es que allí se describen dos formas de violencia, pero también se establece una diferencia explícita entre ellas: el terrorismo de Estado aparece caracterizado como infinitamente más grave. Por eso me parece problemático utilizar la expresión como una respuesta automática frente a cualquier cuestionamiento de la guerrilla. Me interesa que la película forme parte de la tradición del documental político argentino. También encuentro una referencia importante en los ensayos que, desde el retorno de la democracia, examinaron la violencia revolucionaria desde perspectivas diferentes. Me resulta llamativo que esa discusión haya tenido tanta producción en las ciencias sociales y en los libros, mientras que el cine haya desarrollado menos trabajos equivalentes.