Mientras las calles de París arden por los choques entre policía y manifestantes, irrupción en ayuntamientos y el caos generalizado por el encarecimiento de la vida, el Museo del Louvre recuerda mañana un robo que lo puso en el centro de las miradas: el domingo 19 de octubre del año pasado, cerca de las 9:30, un grupo de ladrones disfrazados de trabajadores de mantenimiento rompieron una ventana de la Galería de Apolo con una amoladora y, en menos de 8 minutos, se llevaron varias joyas históricas de la Corona francesa. Doce meses después, la situación sigue siendo crítica.
El museo más visitado del mundo busca salir de esa crisis de imagen, aunque las joyas no han aparecido. “El robo del 19 de octubre de 2025 demostró hasta qué punto la conciliación entre las misiones de todo museo –proteger el patrimonio común y compartirlo con el mayor número de visitantes– es un ejercicio delicado”, señaló en un comunicado transmitido por la institución, que en este aniversario optó por limitar la comunicación, aunque el robo fue un escándalo que dio la vuelta al mundo.
“Los museos no son fortalezas y no deben cerrarse al público. Deben adaptarse y encontrar el equilibrio adecuado entre seguridad y divulgación“, recalcó también el museo.
88 millones de euros
El robo fue una tragedia no solo por el valor de la pérdida de las joyas –tasadas en 88 millones de euros, pero de un valor patrimonial inestimable–, sino porque dejó públicamente a la vista las graves deficiencias de uno de los grandes orgullos de París y Francia.
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Revelaron el video del robo en el Louvre: así se llevaron las joyas millonarias
El hurto ocurrió un domingo sobre las 9.30, poco después de la apertura al público, y fue perpetrado por un comando de cuatro hombres que se aproximaron por el flanco sur del Palacio, junto al Sena, con motos y una plataforma montacargas.
Con ese aparato y equipados con cortadoras de disco que usaron para reventar las vitrinas de las joyas, ascendieron hasta la ventana de la Galería de Apolo, que entonces no contaba con rejas.
El personal, siguiendo el protocolo, se centró en la seguridad de los visitantes y los ladrones pudieron huir a toda prisa, aunque sin cumplir enteramente su plan: dejaron caer la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo y no lograron quemar el montacargas que habían usado.
El ADN y las huellas fueron claves para averiguar sus identidades y los cuatro presuntos autores materiales fueron arrestados en las semanas siguientes, pero las joyas –que los expertos en patrimonio advirtieron que serían fáciles de desensamblar para venderlas– nunca fueron recuperadas.
El actual presidente del Louvre, Christophe Leribault, quien asumió en febrero después de que Laurent des Cars –la máxima responsable cuando ocurrió el robo– presentara su dimisión, se mantiene pese a todo optimista respecto a la posibilidad de hallarlas. “Lo espero”, manifestó en una entrevista en la cadena Franceinter.
Agentes de policía franceses se sitúan frente al Museo del Louvre tras un robo, en París, el 19 de octubre de 2025. Foto: AFP – DIMITAR DILKOFFDeberá cerrar sus puertas
En su opinión, “si el Louvre no se repara, adapta y transforma, perderá categoría muy rápidamente y, a la larga, deberá cerrar sus puertas al público“, advirtió.
Al hurto le siguieron una serie de eventos desastrosos, como el cierre de una galería por la fragilidad de las vigas del edificio, una huelga, inundaciones que afectaron a la biblioteca de antigüedades egipcias y a los espacios de Arte del Islam y del Mediterráneo Oriental y hasta el descubrimiento fraudes masivos con la venta de entradas y visitas guiadas.
Pero, sobre todo, el asalto había evidenciado una “subestimación crónica” del riesgo de intrusión, fallos de coordinación y carencias críticas en los sistemas de seguridad, como la imposibilidad de observar todos los espacios videovigilados por falta de pantallas.
Personal de seguridad patrullan en las afueras del Museo del Louvre, en París, Francia, el 22 de octubre de 2025. (Xinhua/Zhang Baihui)Una alerta ligeramente más temprana podría haber marcado la diferencia para que la policía llegara a tiempo a interceptar a los ladrones en la calle. “Por cerca de 30 segundos, los agentes podrían haber impedido la huida“, admitió en diciembre Noël Corbin, jefe de la Inspección General de Asuntos Culturales, ante la comisión de Cultura del Senado francés, que investigó las circunstancias de la institución y las responsabilidades del robo.
El debate se vio alimentado por la lentitud con la que el museo, consciente desde hacía años de sus debilidades, había estado implementando un nuevo plan de seguridad general. Desde entonces el Louvre, visitado cada año por unos 9 millones de visitantes, aceleró esas reformas –el valor estimado de la inversión total es de 86 millones de euros, de los que se han ejecutado 6– y realizó mejoras como la instalación de un puesto móvil de policía, cámaras suplementarias, enrejados y dispositivos contra embestidas.
Christophe Leribault, nuevo director del Louvre. Crédito: Ryan Lim/Agence France-Presse.No son las únicas mejoras estructurales que afronta el enorme complejo de este antiguo Palacio Real, cuyos dominios –que incluyen los Jardines de las Tullerías– se expanden 40 hectáreas. Las instalaciones, en general, están obsoletas por el paso del tiempo, el cambio climático y la afluencia masiva de turistas, ya que los accesos actuales se planearon para la mitad de visitantes.
Por eso, ya antes del robo, se había lanzado un megaplan de renovación, llamado Louvre–Nuevo Renacimiento, valorado en más de mil millones de euros hasta por lo menos 2031 y que prevé, entre otras mejoras, una nueva entrada por el oeste y una sala independiente para ‘La Gioconda‘.
¿Y las joyas robadas?
Según expertos consultados por la agencia AFP, habría más posibilidades de encontrar las joyas si los ladrones hubieran actuado solos y escondido el botín en algún lugar de la región parisina. Pero un amplio dispositivo de rastreo en casas y garajes de los sospechosos y sus familias, efectuado por un centenar de agentes, no ha dado ningún fruto.
Si la banda actuó bajo las órdenes de un líder con vínculos con el crimen organizado, la situación se complica, dicen los especialistas. “El poder del crimen organizado no consiste solo en aportar la experiencia para cometer un delito, sino también en disponer de personas que se lleven los objetos y los vendan”, señaló Corrado Catesi, coordinador de la Unidad de Obras de Arte del organismo policial internacional Interpol.
Christophe Leribault, nuevo director del Louvre. Foto: (Dmitry Kostyukov/The New York Times) –Dos de los principales sospechosos detenidos confesaron que el grupo actuaba para un cabecilla quien, según ellos, habría conducido el montacargas. Pese a estas declaraciones, los investigadores no creen realmente que exista este organizador, todavía no identificado, porque normalmente estos coordinadores no suelen estar en el terreno.
En la peor de las hipótesis, los ladrones consiguieron entregar las joyas para su despiece y pasaron a formar parte del lucrativo mercado clandestino de piedras preciosas. “Una vez retallados, volver a entrar en el circuito legal de suministro para ser comprados por mayoristas o minoristas es bastante sencillo”, admitió Tobias Kormind, director general de 77 Diamonds, la mayor joyería de diamantes en línea de Europa.
“A menos que una piedra tenga inclusiones internas muy singulares, incluso los mejores laboratorios gemológicos, como el GIA, tendrían problemas para identificar como robado un diamante recién pulido”, afirmó.
El robo del Louvre, del que ya se anunció una película, es sin duda el más sonado de una serie de hurtos similares recientes en Francia, que han puesto de relieve las deficiencias en la seguridad de los museos galos.
A principios de octubre, la policía recuperó dos cuadros de Renoir que habían sido robados semanas antes en Cagnes-sur-Mer, en el sureste del país. Y en julio, unos ladrones sustrajeron varias piezas de joyería valoradas en más de 4,5 millones de euros (5,2 millones de dólares) en un museo del noreste.
Con información de EFE y AFP.









