Presidente Certeza | Página|12

Presidente Certeza | Página|12

Cuando un sujeto como el presidente de Argentina, está habitado de un modo absoluto por certezas, se puede tener la falsa impresión de que se trata de alguien muy decidido, con un carácter resolutivo e impetuoso.

Sin embargo una certeza es fecunda cuando es imprevisible y necesaria a la vez, lo que evidentemente constituye una paradoja.

Es esa paradoja, la que sitúa al sujeto en una posición transformadora y dialéctica con la realidad.

Solo tiene una relación dialéctica quien sabe distinguir lo que de un modo singular está en juego en cada coyuntura.

En cambio las certezas permanentes, constituidas en una cadena de razonamientos aparentes, bloquean la relación dialéctica con los hechos.

No existe ninguna posibilidad de que el sujeto presidente pueda modificar su perspectiva y cambiar de posición.

Realizan un puro acto de cortesía, quizá simulada, aquellos que le solicitan un cambio. Que escuche al pueblo que habla con insistencia. Esa escucha no puede tener lugar.

Para el que está en una posición donde siempre se sostiene con certezas, en el fondo está petrificado, no puede dejar de apelar a las mismas contra incluso cuando las pruebas de la realidad que se le contraponen se vuelven inapelables.

Nada va a cambiar en este sujeto presidente construido exclusivamente con certezas que proceden de algunos autores económicos que no pasaron por ningún examen serio.

Aunque grite, se mueva mucho, viaje una y otra vez, el tiempo está detenido en el sujeto presidente, tarde o temprano las certezas que lo sostienen revelan lo que esconden: el horror al vacio.