Frente a frente. Con la cabeza baja, mirándose los zapatos y dentro del box de vidrio, los acusados del asesinato. Enfrente, la familia Aramburú en pleno, como parte civil, junto a todos sus amigos, en esta nueva audiencia del juicio por la muerte en Paris del rugbier Federico Martín Aramburú en marzo del 2022. Hasta ocupaban los bancos de la sala Voltaire. Se iniciaba la segunda semana de audiencias, en un caso que conmueve al Palacio de Justicia.
Una experta resumió la personalidad de Fede, como todos los llaman, después de docenas de llamados a Buenos Aires, a San Isidro, a una lista de amigos interminable del ex capitán de los Pumas. María, la esposa, la miraba impasible. El juez aclaraba que ella, la esposa, puede declarar cuando ella quiera. Finalmente y tras una larga espera, María no declaró el martes.
La experta, los amigos, Cecilia, la madre, el rugbier Quesada coincidieron ante los jueces y la defensa de los asesinos: Federico era una persona “solar, empático, simpático, alegre, que ejercía su liderazgo con la persuasión, la generosidad, el coraje y la solidaridad con los otros”.
El hombre solar y heráldica de Justicia
Federico Aramburu era “un hombre dinámico, atento, de gran corazón. Abierto y respetuoso”, según la experta que investigó su personalidad. El “ponía el sol en el corazón de la gente” era la descripción que consiguió. Él detestaba los conflictos y delante de las situaciones violentas, buscaba calmar las cosas.
Los jueces comenzaron a entender quién era este rugbier, asesinado de cuatro balazos en su espalda y dos en la pierna, y de donde provenía cuando Cecilia Aramburú, la madre, vestida de negro, enumeró,en su testimonio, la heráldica familiar en la Justicia. Un bisnieto, nieto e hijo de abogados y cuyo abuelo fue presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Buenos Aires.
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El ataque donde murió el rugbier argentino Federico Martín Aramburú.
Un estudiante de derecho, que dejó sus estudios cuando fue contratado por el Biarritz Aripique y dejó el rugby amateur del CASI, su club, Los Pumas por el rugby profesional y una vida en Francia. Su vida y la de su familia, mostrada en fotos. No se necesitaban palabras. Las fotos mostraban una familia de clase media alta de Buenos Aires, profesional, joven, positiva, armoniosa, cuyos padres repudiaron la dictadura militar. Federico recibió en su infancia, los valores de la libertad, la república, la igualdad y el respeto a los otros, que nacieron con la democracia de 1983, como explicó su mamá.
Habla la mamá
La voz de Cecilia Aramburu temblaba : «Sé que este es el lugar para hablar de Federico. Pero es muy difícil no decir en voz alta que el crimen no debería haber ocurrido, que podría haberse evitado. Federico se juntó con gente que albergaba violencia, odio, armas de fuego y una cierta impunidad…» Vuelve a hablar de su estado, de la fiebre que casi le impidió asistir al funeral, del poema elegido de Mandela y leído con Thomas Lièvremont durante la ceremonia. Habla de odio; no lo entiende, no puede explicarlo. Los dos acusados mantienen la cabeza baja .
La sala Voltaire se sumergió en la emoción y en el silencio. Cecilia, la madre, acababa de contar cómo se enteró de la muerte de su hijo. «Fue un momento muy difícil para mi marido…» Los viernes, solía recibir a sus nietos; dormían con ella. Su marido se iba a otra habitación. Esa noche, era su nieta quien estaba en casa.
«Todas las mañanas», explicó, «mi marido enciende la computadora para consultar las noticias, para leer los periódicos». Ese sábado por la mañana no lo hizo. «Pero recibió una llamada de un amigo, que quería saber qué pasaba con Federico… E inmediatamente comprendió que algo grave había ocurrido… Así que llamó a María, quien le dijo que Fede había muerto…»
Entonces su marido entró en la habitación, le tocó suavemente la pierna para despertarla, para no hacer demasiado ruido y molestar a la niña. «Me hizo un gesto para que saliera de la habitación. Me pareció ver una sonrisa en su rostro. Supuse que tenía buenas noticias que darme. Lo seguí hasta el salón. Entonces se dio la vuelta y…» contó. Allí estaba su hermano médico, la familia, para sostenerlos.
Antes de permitirle regresar a su asiento, el juez le preguntó a Cecilia qué esperaba del juicio. Ella se tomó su tiempo para responder: “Creo que estamos tratando con criminales que no saben lo que es la humanidad. Creo que no merecen vivir en sociedad hasta que comprendan lo que significa, porque hoy representan una amenaza para los demás. ¡Cuando nacieron, eran seres humanos, no animales salvajes!”, dijo.
Nunca fue un pendenciero
El encuentro con los ultraderechistas en el bar Le Mobillon del boulevard St Germain, los insultos de ellos a los rugbiers, las provocaciones, comenzaron a tomar contexto. Ni uno solo de los testigos dijo que Federico Aramburú era un pendenciero, o peleara alguna vez o se agarra a las trompadas. Todos los testigos mostraron un líder, sonriente, generoso, que consiguió ser el capitán de todos los equipos que lideró. El modelo a seguir en un equipo.
Los videos muestran que Fede agarra a Loik le Priol de su capucha cuando termina su hamburguesa y el ex comando miliar cae despatarrado, al piso, en la terraza del bar, humillado. Comienza la pelea, que ganan los rugbiers y se van. La madre explica el sentido que tiene para ella, intuitivamente, la actitud de su hijo.
Fede comió una hamburguesa mientras Le Priol y Bouvier insultaban, trataban de “subhumano” a su vecino, los provocaba a él y a Shawn. Cuando se levantó para irse, pensó que debía hacer justicia, según la interpretación de Cecilia Aramburú.
El testimonio de una estrella del rugby
Thomas Lièvremont, estrella de la selección de rugby francesa, ídolo nacional, también ha presentado una demanda civil. Eraíntimoo de Fede. Sucedió a Cecilia, la madre de la víctima, en la listado de declarantes. Este gigante estaba al borde de las lágrimas. Afirmó desde el principio que su vida no ha vuelto a ser la misma desde aquella noche de marzo de 2022. Él y Aramburu jugaron juntos en Biarritz desde 2004.
Lièvremont, enorme, con su nariz de rugbier aplastado, declaró. La sala murmuró. Hasta los jueces y abogados de la defensa escuchaban a este “Maradona del rugby”, de la selección francesa hablar y conmoverse.
«Mi padre falleció tras una larga enfermedad hace 14 años. Mi hermano también murió tras una larga enfermedad. El tiempo ha hecho su trabajo. Pero el vacío que dejó ‘Fede’ es imposible de llenar”, dijo. .
“Él personificaba la bondad pura. Era confiable, tranquilo, generoso y respetuoso. Traía felicidad a la gente, hacia la vida más fácil. Nunca he conocido a nadie como él. Estoy aquí para honrar su memoria, a su familia y para asegurar que se haga justicia. Mi vida ya no es la misma. Echo de menos a Fede, mi compañero, mi amigo, mi hermano. Todavía no entiendo por qué se fue» aseguró.
Pasa algo insólito. La defensa se instaló frente al famoso rugbier francés. Hugues Vigier, abogado de Romain Bouvier, uno de los acusados por tentativa de asesinato, se puso de pie, se acercó al ex jugador del Biarritz y tomó el micrófono. Expresó su admiración por la familia de Lièvremont , por su padre, que trabajaba en los servicios sociales, y por su hermano, Marc Lièvremont, que había sido entrenador de la selección nacional.
«Y creo que no había nadie mejor que usted para describir la personalidad del señor Aramburú. Usted también quiso honrar su memoria, y le aseguro que lo hizo admirablemente», finalizó.
La intervención fue sorprendente, suscitó interrogantes y puso fin a la audiencia matutina. La sesión se reanudó a las dos de la tarde.
Las lágrimas de Gonzalo Quesada
El ex rugbier y hoy entrenador Gonzalo Quesada y Fede se hicieron amigos en el 2017, en Francia, cuando él jugaba en Pau y se volvieron inseparables. Él fue quien organizó esa última comida en el restaurante Volver, la noche en que murió Fede. De ahí salían, cuando llegó al bar donde se inició la pelea que iba a terminar con su muerte. .
Gonzalo Quesada rompió a llorar, diciendo que le resultaba difícil venir a hablar de su amigo, allí, en el estrado, en perfecto francés. A pesar de la emoción, logró describir a Federico Aramburú con muchos adjetivos elogiosos: “Era humano, alegre, generoso, fiel y leal, responsable y valiente, con esa sonrisa, ese entusiasmo por la vida. Uno se sentía bien a su lado. Hemos perdido a un amigo; ¡me permitía ser yo mismo!”, dijo.
El juez presidente intenta determinar si Aramburú alguna vez se enojó, perdió los estribos o se volvió violento. Quesada insistió: no recuerda, durante las muchas noches que pasaron juntos, “haberlo visto perder los estribos ni una sola vez”.
No estuvo presente en el bar cuando Fede empujó la capucha de Le Priol y el ex comando se cayó. Pero interpretó el gesto de su amigo como “una reacción defensiva”. «Yo no estaba allí, repito, pero creo, porque lo conozco bien, que Fede actuó así porque seguramente no le gustó ver a su amigo Shaun Hegarty siendo agredido por la mesa de al lado…», dijo.
La esposa de Shaun Hegarty
Miren Darridol, la esposa de Shaun Hegarty, relató aquella noche de marzo de 2022. Comenzó con la llamada de su esposo, a las 7 de la mañana del sábado, informándole de la muerte de “Fede”. Inmediatamente después de la llamada, ella y su cuñada fueron a la casa de los Aramburú. Saltaron la verja para no despertar a la familia. María las vio y salió, sorprendida y desconcertada.
Continuó recordando aquella mañana infernal. A las niñas y al niño pequeño despertando, la niebla, el torneo de fútbol de la niña…”. Lo entendió. Normalmente, era su padre quien la acompañaba, quien la preparaba, quien la entrenaba. Eso se acabó. Ya no lo haría más”, dijo.
«La vida es mucho menos alegre». Obviamente se refería a su marido, Shaun Hegarty, quien lo ha visto y oído todo. Ya no es el mismo: «Ha perdido su alegría, su optimismo. Sonríe menos… Está más frío, más preocupado, más retraído. Va al psicólogo una o dos veces al mes. Pero antes era más despreocupado. Esto está afectando a su familia. La vida es mucho menos alegre» dijo.
El juez levantó la vista. Shaun Hegarty abrazó a su esposa. La audiencia se detuvo.
Continuó la presentación de testigos de la parte civil. Un ex osteópata del Biarritz Olympique declaró. Estaba en el club cuando Federico Aramburú fichó por el Biarritz. Lo veía a menudo en la enfermería porque el lateral argentino, que no tenía la complexión de los demás, tenía un cuerpo bastante frágil. Se hicieron amigos. Ambos eran apasionados del vino.
Relató una anécdota que, en su opinión, resume a la perfección la personalidad y la generosidad de la víctima. Se encontraban juntos, junto con los jugadores del Biarritz Olympique, en la región de la Camargue, visitando una ganadería de toros. Un toro de lidia se escapó y embistió al osteópata. Nadie se movió, excepto Aramburú: «No sé si me salvó la vida, pero evitó que me ocurriera algo grave…», dijo.
Muy cercano a la familia, habló de los hijos de Federico Aramburú, que aún viven en Biarritz y que, durante mucho tiempo, veían el enorme retrato de “Fede”, colgado en la fachada del ayuntamiento, cada vez que pasaban por la calle. “Es un infierno”, repitió varias veces.
Otra testigo, una ex profesora de francés, fue llamada a declarar. Vive en el País Vasco y fue contactada por el Biarritz Olympique porque Shaun Hegarty y Federico Aramburu querían continuar sus estudios para prepararse para su carrera profesional, tras retirarse como jugadores y desarrollar una doble titulación.
Lo describió como “un estudiante aplicado y excepcional, agradecido por el trabajo de los asistentes que le proporcionaron el material del curso”. Incluso obtuvo su título.
La abogada y madre de Bouvier
Una nueva testigo se presentó. Es abogada, tiene 72 años. Es la madre de Romain Bouvier, acusado de tentativa de asesinato de Federico Aramburu. Al igual que la madre de Fede, vestía de negro.
“Le debía esta declaración al tribunal, a mi hijo. Después de cuatro años de frenesí mediático, lo están retratando como un extremista de ultraderecha, lo han demonizado. Él no es así” dijo. Expresó rápidamente sus condolencias a la familia de la víctima, diciendo que está devastada por el caso. “Soy sincera, soy madre, me compadezco de ellos” dijo.
Luego habló de su hijo, de su infancia, de su padre biológico, que nunca quiso reconocerlo y de su padre adoptivo, que murió de cáncer de páncreas.
Janine Bonaggiunta, madre de Bouvier. Foto Reuters“Esta adopción no fue suficiente para darle estabilidad…”, dijo. La madre habló de un segundo matrimonio, con un hombre violento, que la maltrataba. Su hijo presenció escenas intolerables. “No le gustaba” dijo.
Romain Bouvier escuchaba a su madre, manteniendo la misma postura desde el inicio del proceso. Miraba sus zapatos. El juez continuó interrogándola sobre su relación con Loïk Le Priol.
Ella dice que sufrió mucho por no tener hermanos… Necesitaba apoyo. “Loïk se lo dio…” Incluso si eso significaba violar la libertad condicional impuesta por el tribunal, que le prohibía contactar a Le Priol.
El juez insistió, preguntándole a la abogada qué opina sobre este asunto de la libertad condicional. Ella tiene dificultades para responder. Pero le aseguró que Romain le prometió que nunca volvería a ver a su amigo. “Somos muy unidos, compartimos muchas cosas: viajes, literatura”.
La madre de Romain Bouvier describió “a un hijo amable, tranquilo y con sentido del humor. Un joven lleno de humanidad, que disfruta compartiendo, ayudando y acogiendo a los más necesitados. Ella relata sus viajes a los suburbios para ayudar a quienes no tienen nada”.
¿Era de extrema derecha? Eso es lo que el presidente quiere saber. Ella insiste en que no. ¿Pero qué hay de su relación con miembros de la GUD?, pregunta el juez.
«¿Pero quién no se ha relacionado con un miembro de la GUD? ¡Yo era estudiante en Assas e incluso tomé café con miembros de la GUD!», respondió la madre y abogada.
Su padre adoptivo formó parte de este movimiento. «Romain es un hombre extraordinario. No tiene ideología, ama a la gente». Continuó mencionando a las figuras prominentes que tuvo la oportunidad de conocer durante su adolescencia: Jacques Chirac, Philippe Séguin, Marie-France Garaud…
«Romain no es el hombre que usted describe. Me duele hoy: nunca pensé que lo vería en un tribunal. ¡Esta historia quedará entre nosotros para siempre!», dijo.
La audiencia se reinicia mañana a las 10 de la mañana con la declaración de Shaun Hegarty, el amigo y socio de Federico Martin Aramburu, testigo de su asesinato y co-protagonista de las peleas y la huida hacia el hotel.








