Polvo de verano: ‘Amor eléctrico’, por Gioconda Belli

Polvo de verano: ‘Amor eléctrico’, por Gioconda Belli



No soportaba el calor. Cada año, no más anunciarse mayo le empezaba el temor de la llegada de junio, el miedo a julio y el pánico de agosto. Estaba convencida de que su cuerpo era alérgico a las altas temperaturas del verano. El sudor le producía picazón; la piel se le irritaba; enrojecía y la mortificaba hasta quitarle el sueño. Desde que se mudó a Madrid y vivió el primer verano, decidió que no le volvería a suceder. Había conocido otros calores, calores húmedos, de piel mojada, hasta sensuales, pero el de Madrid era odioso, implacable, violento. No solo la envolvía con su aliento de horno, sino que la resecaba toda; la piel se le ponía arenosa, como papel cebolla, arrugada, vieja.

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